Un fraude fiscal y otro de confianza

15.09.2020 | 00:46
Editorial de Diario de Noticias

La Fiscalía y los letrados de Osasuna y de los exdirectivos y exempleados de la entidad acusados de delitos contra Hacienda ratificaron ante el juez los acuerdos que evitan el juicio. Un fraude también a la confianza de los socios

aOsasuna le persiguen los pleitos, que no le conceden tregua ni en la celebración de su centenario. Decía ayer el presidente de la entidad, Luis Sabalza, que escucharía con más agrado pronunciar el nombre del club asociado a los resultados deportivos que consigue que a las cuentas que tienen pendientes en los tribunales algunos de sus exdirigentes y que salpican al club. Eso, de momento, no va a poder ser. Quedan para la agenda los juicios de Pachi Izco por presunto delito de apropiación indebida y otro con Hacienda. Así que los partidos tendrán su contrapeso en el juego de fiscal, abogados y acusados en la sala de la Audiencia. Y aunque estas noticias involucran al club por anteriores actuaciones, no es menos cierto que ahora son una seria advertencia, la constatación de que cualquier maniobra que sortee los límites de la legalidad es perseguida y sancionada. Más si cabe cuando los dirigentes defraudan la confianza de quienes con su voto les han avalado para el cargo que ocupan y que son, en el caso de Osasuna, los socios del club. En el caso del juicio celebrado ayer, y para el que ya había un acuerdo previo, hay un doble fraude; por un lado como contribuyentes a la Hacienda Foral; por otro, como administradores de una sociedad deportiva que se deben a su masa social y, por extensión, a todos aquellos que alimentan algún sentimiento de cariño a un equipo que durante años fue puesto a ojos de todo el mundo del fútbol como ejemplo de buena gestión. Quizás los exdirectivos que se sentaron ayer en el banquillo (varios de ellos volvían como acusados al lugar que ocuparon meses atrás) confundieron las exigencias propias de conseguir mejores resultados deportivos (con el consiguiente incremento en el gasto de plantilla) con sus obligaciones como contribuyentes, máxime cuando esos mismos rectores venían recibiendo ayudas públicas (incluso el estadio cambio de nombre como consecuencia de uno de esos acuerdos) para intentar paliar una deuda que crecía por días. Sin olvidar que la Administración miraba en aquellos tiempos para otro lado, Todo esto en el contexto de lo que se trataba ayer, que nada tienen que ver con otro tipo de actuaciones ya juzgadas y sentenciadas, y con las que están por venir. Un aviso a navegantes en ese mundo que ha convertido el fútbol en un negocio en el que circula mucho dinero y los actores son cada vez más complejos.