EL deterioro de derechos y del clima de convivencia en Estados Unidos a raíz de la deriva del control migratorio dibuja un mapa que trasciende este ámbito y eleva a categoría una estrategia de hechos consumados y zonas de impunidad. El infausto cuerpo federal militarizado antiinmigración creado por la Administración Trump -ICE- es de facto un sistema paralelo donde se detiene, se encierra y se expulsa a miles de personas con estándares de legalidad rebajados y sin garantía de derechos, convirtiendo la tutela judicial en una quimera.
Sus procedimientos exprés de expulsión, detenciones sin orden, ‘retenciones’ sin causa y redadas sin control judicial vacían de contenido el Estado de derecho que la Constitución garantiza a cualquier persona en territorio estadounidense. El entramado jurídico de ICE esquiva los controles que sí pesan sobre otros cuerpos, convirtiendo la frontera y los centros de detención en espacios de excepcionalidad permanente, cuando no de impunidad.
Se consolidan así prácticas que vulneran sistemáticamente la Cuarta y la Quinta Enmienda -registros y detenciones irrazonables, falta de garantías mínimas, trato degradante y fuerza excesiva- bajo la coartada de la soberanía migratoria. Frente a ello, la lentitud de los recursos y apelaciones condena al derecho a llegar tarde y no corregir el daño.
El escándalo aflora a raíz del matonismo ejercido que se ha desbordado cuando la violación de derechos civiles ha alcanzado a ciudadanos estadounidenses con resultado de muertes en Minnesota. Esa ha sido la expresión extrema de un ecosistema institucional que normaliza el uso desproporcionado de la fuerza frente a quienes son definidos como amenaza permanente.
La protesta convierte al disidente en enemigo. Si el poder judicial se pierde en diatribas sobre tecnicismos competenciales y doctrinales, corre el riesgo de legitimar por omisión un modelo de gobernanza autoritaria que vacía de contenido el Estado de derecho estadounidense. La pregunta no es solo qué dice la letra del entramado jurídico, sino cuánto tiempo más puede tolerarse que, bajo su sombra, un aparato como ICE funcione como ley propia al margen de los controles democráticos Porque su conclusión será un ejemplo para el ‘modelo de éxito’ de Trump que otros quieren importar en nuestras democracias.