La amenaza recurrente de Donald Trump de abandonar la OTAN y su desprecio hacia los socios europeos deben servir para asumir nuevas realidades a este lado del Atlántico. El presidente de EE.UU. instrumentaliza el vínculo transatlántico como herramienta de presión unilateral y la seguridad de Europa no es un valor absoluto en Washington, sino un intercambio negociable.
Europa necesita profundizar en una defensa autónoma y coordinada. La suma de los presupuestos de defensa de los socios europeos en la OTAN supera los 563.000 millones de dólares anuales, convirtiendo al continente en la segunda potencia militar global tras Estados Unidos y duplicando el gasto de Rusia, según datos del SIPRI y del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres. Quizá racionalizar el gasto empiece por hacerlo más eficiente con coordinación.
La disuasión nuclear no ha evitado ningún conflicto de los que ha padecido, padece o rodean a Europa ni su área de influencia tras el fin de la Guerra Fría. La invasión de Ucrania y las tensiones regionales demuestran que no ha habido tal disuasión ni ésta sustituye a otras capacidades convencionales sólidas.
La más firme de ellas, la decisión política europea, no depende de la alianza con EE.UU. Ésta sigue siendo importante, pero mientras Trump aspire a supeditar la política europea a intereses estadounidenses que contradicen valores y necesidades continentales, supeditarse a Washington significará renunciar a la soberanía estratégica.
Europa necesita una hoja de ruta propia en defensa y seguridad, con objetivos claros, financiación común y voluntad política para actuar. La autonomía estratégica no es aislamiento ni ruptura, sino la condición para una alianza transatlántica equilibrada. Construirla pasa por integrar capacidades, por la industrialización conjunta del sector de defensa y por un mando operacional europeo que respalde la aún incipiente coordinación en política exterior y de seguridad.
Washington se ha volcado a sus propios intereses y, ante ellos, Europa arriesga perder peso mundial, cohesión interna y capacidad de proteger a sus ciudadanos. Garantizar su seguridad con herramientas propias no es belicismo y la mera voluntad de concordia no la genera.