Mesa de Redacción

Los derechos humanos, bajo amenaza

09.02.2020 | 23:33

El barco de rescate Open Arms cumple ya ocho noches con 121 personas migrantes abordo -rescatadas en el Mediterráneo cuando estaban a punto de naufragar y engrosar la lista de miles de ahogados en esa inmensa alta mar- sin que haya obtenido respuesta alguna a su solicitud de ayuda para atracar en un puerto seguro de la UE. El Estado español mira para otro lado eludiendo cualquier decisión humanitaria. Y ello pese a que Barcelona y Valencia -también la CAV- ofrecieron sus puertos para la llegada del Open Arms. Sánchez ni siquiera ha lanzado una ofensiva diplomática ante la UE para forzar una respuesta rápida y efectiva de las instituciones europeas. Prefiere, siguiendo la tradición de su actitud política, ponerse de perfil y escaquearse de sus responsabilidades pese a que lo que están en juego son vidas humanas de los más débiles. Y la Comisión Europea se escuda en que no tiene competencias para decidir en qué puerto deben desembarcar. No es nuevo. Es un capítulo más de una larga listas de hechos similares en que la arrogancia institucional, los intereses políticos y los discursos más ultras y racistas juegan al gato y al ratón con la vida de seres humanos que huyen de la guerra, la explotación sexual, la esclavitud, el hambre y la persecución. Las historias de cada una de esas 121 personas son escalofriantes, pero a nadie con capacidad y poder de decisión parece importarle. O si les importa es para impedir su salvamento. Los discursos se endurecen y llegan las amenazas de multas millonarias, incluso de cárcel, para las tripulaciones de los barcos de salvamento que aún operan en el Mediterráneo. Es el mundo al revés: se criminaliza y se multa la solidaridad. El barco y las lanchas de salvamento de Open Arms han salvado a más 10.000 personas de morir ahogadas en el Mediterráneo. Malos tiempos para el compromiso histórico con la defensa de los derechos humanos. Un discurso involucionista y reaccionario muy peligroso se ha instalado en Europa y lo recorre de norte a sur y de este a oeste. Un discurso que persigue la solidaridad y ensalza a los fantoches.

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