Mesa de Redacción

El concepto político patrimonial y exclusivo de ser víctimas

22.11.2020 | 01:20

La salida de la asociación Anvite y de la Fundación Tomás Caballero –vinculadas políticamente a UPN y PP– de la ponencia que debate el Plan de Convivencia de Navarra era un paso anunciado desde que el representante de Navarra Suma en ese foro, el parlamentario Iñaki Iriarte, dio la espantada hace unas semanas. Iriarte se largó con unas peregrinas excusas, porque le fue imposible enlazar unos argumentos mínimante serios que pudiesen desmontar el trabajo de diálogo constructivo y honesto que ha desarrollado esta Ponencia hasta ahora. En todo caso, en la Ponencia de Convivencia continúan participando colectivos de víctimas del terrorismo como Covite, la Asociación 11-M y la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), de la que Anvite se marchó también porque sus posiciones de diálogo con el anterior Gobierno de Navarra presidido por Uxue Barkos no coincidían con los intereses partidistas de confrontación política permanente que defendían los principales dirigentes de ese colectivo en Navarra. Y que ahora defienden también contra el Gobierno de Chivite. No se puede olvidar que muchas de las víctimas de ETA no forman parte de asociaciones. Ni tampoco que las opiniones y posiciones sobre la memoria y la convivencia de muchas víctimas difieren, en algunos casos frontalmente, de las que expresan grupos como Anvite. Las víctimas tienen opiniones diversas, unas pueden gustar más y otras menos, pero son opiniones, no verdades infalibles, respetables como cualquiera otra. Por eso no hay un genérico de las víctimas que pueda arrogarse ser depositario de ninguna memoria común irrefutable. Ni en el caso de ETA ni tampoco en el de otros terrorismos o violencias. Otra cosa es la instrumentalización política y partidista de las víctimas. Esta misma semana, víctimas de ETA que participaron en un encuentro del Foro Social han sido insultadas y amenazadas en las redes sociales. La misma presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez, exigió a Casado que "dejen de manosearnos", en referencia a las víctimas del terrorismo. Y el representante de AVT en Navarra, Miguel Folguera, fue igualmente contundente ante la salida de Anvite: "Veo que hay detrás un partido político y que solo les importan las víctimas de su partido". En realidad, lo único relevante de la salida de Anvite es la renuncia a exponer sus ideas y a buscar puntos de encuentro y consenso que sirvan para asentar la convivencia, sin renunciar a la memoria, para las nuevas generaciones. Es un error abandonar la defensa de sus argumentos relegando a las víctimas a las que representan a un aislamiento cada vez más alejado de la sociedad. Pero se resisten a dar importancia a todo ello, aferrados a su sentido patrimonial y exclusivo de ser víctimas. Patrimonial, porque no aceptan siquiera a las víctimas del terrorismo que no piensan como ellos o que trabajan en un sentido muy diferente al suyo en la defensa de la memoria y la verdad como víctimas. Y exclusivo, porque tampoco aceptan que hay víctimas de otras violencias injustas más allá de ETA. En unos días se cumplen 35 años de la detención, secuestro, tortura y desaparición, hasta que fue encontrado su cadáver en el río Bidasoa, del joven navarro Mikel Zabalza. Una persona inocente en toda la dimensión de la palabra. Negar esa verdad, ese reconocimiento y esa memoria es simplemente una deshonrosa falta de empatía con una víctima como ellos.