Ocurre siempre que se acerca una cita con las urnas y esta vez no va a ser una excepción. A poco más de 15 meses para los comicios forales, podemos decir que queda oficiosamente activado el avispero electoral. Lo acaba de agitar UPN, que ya ha movido ficha para que su presidenta sea elegida candidata al Parlamento. Era algo que estaba cantado. Ibarrola tiene el control de un partido, en el que tradicionalmente –salvo en los tiempos de Aizpún– su líder encabeza la lista electoral.

Sin rivales internos de enjundia, ya que Toquero no goza de apoyos suficientes para aguantarle el pulso, Ibarrola se convertirá el próximo viernes en la primera candidata para las elecciones del 23 de mayo de 2027. Tiempo más que amplio para mostrar sus cartas. Sin embargo, lo que le conviene es no hacer nada y esperar a que una carambola la entronice en el Palacio. Puede tener la tentación de recuperar la alianza con el PP y de seguir atizando estopa al Gobierno de Chivite. Nada de esto le conviene, porque le reducirían las escasas posibilidades de recuperar el entendimiento con los socialistas, que aritméticamente volverán a ser imprescindibles para quien aspire a pisar moqueta. Ese recordatorio que se traslada a los detenidos de que ‘tiene derecho a permanecer en silencio ya que cualquier cosa que diga puede ser utilizado en su contra’ es hoy en día lo más recomendable para ella. Entre tanto, nada indica que Chivite no vaya a repetir como cartel del PSN, y tampoco sería de extrañar que Aznal lo hiciera en EH Bildu.

Más incógnitas hay en torno a Geroa Bai, que todavía no ha iniciado el proceso interno y que mantiene abiertas todas las posibilidades, incluida la de presentar a Uxue Barkos. Por lo demás, el PP sigue sin músculo para ser un actor decisivo en Navarra, y entre los integrantes de Contigo-Zurekin, está la firme voluntad de IU, Batzarre y los independientes de dar continuidad a una coalición en la que Podemos, muy venido a menos, ofrece señales de estar incómodo.