Superhéroes, aguerridos aztecas, inocentes pitufos, moteros sin moto, deshollinadoras, un elenco de actores y actrices recién llegado de Bollywood, elfos, romanos, trogloditas y muchos más personajes, conviviendo en perfecta armonía, llenaron ayer de color y alegría las calles de Lekunberri en una mañana radiante. Y es que era carnaval, un día intenso en el que casi todo era posible. Incluso unos amish, poco dados a celebraciones paganas, dejaron a un lado sus costumbres para sumarse a la fiesta.

Anunciada por cohete, al mediodía hubo una ronda por la calle Aralar, que partió desde el bar Euskalduna animada por la txaranga Iraunkorrak. Sin prisas y con el buen humor como consigna, hubo paradas en los bares del recorrido. El destino final era la plaza, donde fue el concurso de carrozas y disfraces ante numeroso público que no quiso perderse uno de los momentos más esperados.

Se presentaron doce coreografías, cinco de txikis y siete de adultos, con propuestas tan variadas como imaginativas. Desde un grupo de marchosas y reivindicativas clarisas, pendientes de una orden desahucio, hasta una cuadrilla defensora de los productos kilómetro 0 que, no sin esfuerzo, plantó un campo de nabos en plena plaza. Otra había saltado de la gran pantalla, de una película de Astérix, con el guerrero galo junto a su inseparable Obélix y un Panorámix bien provisto de su poción mágica, sin faltar soldados romanos y otros personajes.

Por otro lado, Adarbakarrak, un grupo de natación sincronizada, mostró su apurada técnica en una exhibición en una piscina. Al respecto, agradecían a su patrocinadores, Uhaldea Landetxea y Depilaciones Andrés, un antes y un después; su ayuda para llegar a tan alto nivel. Para esta cuadrilla fue el premio a la mejor actuación y para Lekun-aztekak el de mejor disfraz. Los y las txikis tampoco se quedaron atrás. Esquiadoras, vaqueras o pasteleras bailaron coreografías que habían preparado con mucha ilusión.

Lo cierto es que un año más, los y las lekunberriarras se volcaron en su carnaval, un derroche de imaginación, participación y ganas de disfrutar de la magia de esta fiesta que permite saltar en el tiempo y en el espacio una semana antes de que se extienda por todo el territorio y poder continuar en otras localidades.

Tras una comida popular, que reunió a unos 300 comensales en el frontón, caída la noche, hubo una kalejira con Iskidi Elkartea sonando los cencerros para despertar la naturaleza de su letargo antes de la quema de Attezarko, bandido de Arruitz que encarna todo lo negativo y que fue capturado el día anterior, cuando esta fiesta mostró su cara rural. El viernes también fue el carnaval escolar, con un desfile desde el colegio Ibarberri hasta la plaza.