Feijóo ha dado sobradas muestras de no ser un político sagaz. Raro es el mes en el que no incurre en algún posicionamiento muy alejado de la perspicacia y astucia que ha de tener el líder de la oposición. Y no es un recién llegado. En abril cumplirá tres años al frente del PP. Pero se ve que no aprende. Este jueves volvió a meter la pata. Él solito. Sin que nadie le provocara. Solo un día después de devaluar la desclasificación de documentos relativos al Tejerazo, repentinamente vio la utilidad de estos papeles.

Cree que dejan en tan buen lugar al rey emérito que debería volver a España. Vamos a ver Alberto. El Borbón padre se fue por patas en 2020 ante el temor de que las investigaciones sobre la procedencia de su fortuna le crearan algún problema en los juzgados, que terminara salpicando a la discutida Casa Real. Y desde entonces ha regresado cuando le da la gana, pese a que no quiere verlo ni su propio hijo.

Más allá del papel que jugara o dejara de jugar en el 23-F, Juan Carlos es un pieza al que conviene no acercarse y mucho menos respaldar. Hacerlo no es rentable políticamente. Bien lo saben en Vox, que han guardado silencio con este tema. Pero se ve que Feijóo y sus asesores no se enteran.