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La carta del día

¡No se le ha ido el ‘oremus’. Al consejero de Educación

¡No se le ha ido el ‘oremus’. Al consejero de EducaciónJavier Bergasa

Resulta indignante el contenido de la nueva ordenanza que regulará la jornada escolar en los centros de educación infantil y primaria para el curso que viene. No hay justificación ni desde el punto de vista pedagógico ni laboral ni social para que todos los centros escolares públicos partan de la jornada partida para determinar la jornada del próximo curso, incluidos aquellos cuya jornada escolar es continua en la actualidad.

El departamento de Educación justifica la nueva normativa, por un lado, por la necesidad de una regulación que supere la experimentación de la jornada continua y, por otro lado, para priorizar los intereses, necesidades y características del alumnado y de sus familias.

Hasta aquí tendría un pase si la reflexión y la decisión de la comunidad educativa de cada escuela partiera del modelo de jornada escolar actual, para considerar si fuere conveniente su modificación o no. Sin embargo, no es así. Todos los centros partirán del modelo de jornada partida. ¿Por qué? Lo tendrá que responder el consejero de Educación. ¿Para qué? ¿Para priorizar los intereses, características y necesidades del alumnado y sus familias? Desde luego que no. Es un clara evidencia de una velada imposición de la jornada partida para muchos centros escolares.

Las familias ya decidieron en su día, es posible que las circunstancias y necesidades hayan cambiado. En ese caso se cambia, pero no vía decreto foral.

Ya de por sí, conseguir una jornada continua suponía y supone nuevas y mayores cargas para el profesorado de educación infantil y primaria, que se han de hacer cargo de las actividades después de la comida. Asumen la jornada docente continua y parte de la partida. ¿Alguna compensación? No. Además de convertir el horario escolar en sesiones, de forma que cada 3 horas lectivas se convierten en 4 sesiones de clase con todo lo que supone de sobreesfuerzo, también han de ocuparse de las actividades extraescolares de la tardes (una tarde a la semana). Encima, las compensaciones horarias no son suficientes, complican el funcionamiento del centro y no se acompañan de más recursos humanos por lo que son inviables. Desde el punto de vista laboral, es un claro abuso.

El procedimiento para aspirar a una jornada continua o flexible deja mucho que desear desde el punto de vista democrático. Tras la oportuna y necesaria reflexión de las familias en todo lo que se refiere a la educación de sus hijos e hijas, cada familia vota. Para cambiar la jornada partida que el departamento de Educación ha considerado inicialmente para todos los centros, se necesitan 3/5 de votos. No respecto a los votos emitidos como sucede, por ejemplo, en las elecciones generales o en una votación en el Congreso de los Diputados. Se necesitan las tres quintas partes del censo. Ejemplo: Escuela de 300 alumnos y alumnas, necesita 180 votos (3/5) para aspirar a una jornada continua o flexible. Si en ese centro votasen 240 familias, el 80% (porcentaje muy alto teniendo en cuenta la abstención en las elecciones generales), necesitarían 180 de los 240 votos emitidos, o sea el 75% de los votos o, dicho de otra forma, las 3/4 partes. Muy democrático no es.

Tal despropósito, que supone un ataque más a la enseñanza pública y a la comunidad educativa, no se debe a que al consejero de Educación se le haya ido el oremus, no cabe duda de que intereses ocultos avalan esta rocambolesca decisión que, sin duda, tiene como objetivo potenciar, primar e imponer la jornada partida en los centros escolares. ¿Para qué? ¿Por qué?… Se nos ocurre alguno que otro motivo.

Si en el departamento de Educación, si en el Gobierno de Navarra consideran que la jornada partida es su opción deberían justificarlo y dejar de tomar el pelo a las familias y al profesorado de la enseñanza pública, en particular en las mencionadas etapas educativas que llevan años sufriendo requerimientos de todo tipo y faltas de respeto.

Familias, compañeros y compañeras de la enseñanza pública, no nos dejemos ningunear.

*Los autores son: Fernando Azcona De Simón (maestro en activo); Marisa De Simón Caballero (maestra jubilada); Cristina Lainez Gavari (maestra jubilada)