Síguenos en redes sociales:

La carta del día

Trabajo temporal, miseria permanente

Trabajo temporal, miseria permanenteE.P.

Ttres décadas se cumplen desde que entró en vigor la ley que regula las empresas de trabajo temporal (ETT). Su exposición de motivos es una de tantas ironías de las que te ríes por no llorar. Lo que hasta hace poco era tráfico ilegal de mano de obra, ahora se legaliza, se regula y se resaltan sus numerosas virtudes. Ni una mención a los efectos negativos que iba a traer para los trabajadores, efectos que eran fáciles prever.

Desde entonces, se ha sancionado legalmente una vida de miseria para muchos y cada vez más trabajadores. Es cierto que la economía mundial lleva estancada desde los 70 y se resiente aún más desde 2008. Qué mejor en una situación como ésta que flexibilizar el mercado laboral... ¿no? Para los empresarios, desde luego. Les permite gestionar a su antojo y a demanda uno de los gastos más problemáticos del proceso productivo, la fuerza de trabajo. Si les va bien a las empresas, el sentido común de la barra del bar nos dice que habrá empleo, pero la realidad es que no hay una correlación necesaria entre ambos fenómenos. Para los trabajadores, la otra cara de la moneda no ha traído más que inseguridad laboral, incertidumbre vital y una degradada calidad del empleo: alta rotación, turnicidad, bajos salarios, etcétera.

Hasta donde llegan los datos, el Estado español es a nivel mundial uno de los países con más paro (especialmente juvenil), moviéndose entre los primeros tres puestos, compitiendo con Sudáfrica, Brasil y Grecia. En Europa, es directamente el país con más paro. La reforma laboral de 2021 no ha mejorado las cosas, pese a la propaganda y el marketing de la izquierda. Sí, se han reducido (ligeramente) la tasa de desempleo y los contratos temporales. Sí, ha aumentado la proporción de contratos indefinidos. Y, sin embargo, la duración de los contratos en 2023 fue de una media de 46,36 días, la mínima desde 2006, hecho que no se ve reflejado en las tasas de empleo y que además las infla. Los fijos discontinuos son nueve veces más que antes de la reforma y no es secreto para nadie lo mucho que nos perjudica este tipo de contrato. El periodo de prueba es ya el arma predilecta de los empresarios; “no he superado el periodo de prueba” es la frase de moda, sobre todo, entre la juventud trabajadora. En fin, los contratos temporales se han reducido, mientras que la flexibilidad laboral ha seguido intacta. No estamos mejor que antes y vamos a peor.

Una de las peores consecuencias de las ETT y de la flexibilidad en general ha sido la dificultad de desplegar una lucha sindical efectiva en un entorno tan volátil. Aunque tengan por seguro los trabajadores que en la Red de Autodefensa Laboral podrán encontrar una herramienta efectiva para la lucha independiente de los trabajadores en este entorno, al margen de empresarios, políticos profesionales y sindicatos amarillos.