Tenemos todavía cercana la crisis financiera que comenzó en 2008, y que produjo una contracción de la economía mundial, y foral. En la multinacional donde yo trabajaba el clima cambió. La conservación del puesto de trabajo se convirtió en la máxima prioridad, más allá del posible desarrollo personal y profesional. Con ajustes en plantilla, era duro volver a casa todos los días, mirar la cara a mis tres hijos, que no llegaban a los 10 años de edad, y pensar si sería capaz de sacarlos adelante. Miles y miles de trabajadores pasamos por ello. Entonces no sabíamos que superaríamos aquella crisis, y menos aún, que posteriormente vendría una pandemia, guerras, la IA, crisis energética, cambios en el orden internacional y un largo etcétera que supondrían un cambio sustancial en nuestra economía y nuestros desafíos.

Me gusta la política y creo en ella. No obstante, lo más duro de esta experiencia como consejero es estar sentado delante de un comité de empresa al que han comunicado el cierre de su centro de trabajo. En este sentido, afrontamos las reuniones con las direcciones de las empresas o de las multinacionales con el mismo mensaje firme y positivo, defenderemos hasta el último puesto de trabajo porque Navarra ofrece mucho a las empresas, todo un ecosistema de apoyo, tecnológico, de innovación, emprendimiento, servicios de ingeniería avanzada, formación y capacitación, suelo industrial y apoyo institucional.

Lo cierto es que Navarra encadena una década de dinamismo empresarial. La última década registra un crecimiento sostenido y continuo (con la excepción de 2020) en el que acumulamos un crecimiento del 21,6%. Para hacerse una idea, después del varapalo de 2020 (decrecimiento del PIB del -8,3%), el crecimiento fue del +5,9% (2021), +4,3% (2022), +1,9% (2023) y +2,7% (2024). Este crecimiento es de los mayores de entre los países de la OCDE, y, por ejemplo, equivalente al crecimiento de los Estados Unidos, y por encima de países como Japón o Corea. Además, en esta década hemos normalizado la Hacienda Foral. En el informe de cuentas generales de 2015, la Cámara de Comptos solicitaba una “revisión sistemática de los gastos e ingresos y una redefinición de objetivos que permita equilibrar las cuentas y, de ese modo, poder comenzar a disminuir la deuda”. En 2024, según la AIReF somos la CCAA con menor deuda, y la única que baja del 12% y obtenemos la máxima calificación de solvencia económica por S&Ps. En cuanto a sociedades mercantiles, en el periodo noviembre 2023-2024, se han creado 1.065 sociedades mercantiles, y se han disuelto 84 (saldo positivo de +981 empresas). A su vez somos la CCAA más exportadora (cada ciudadano foral exporta un 60% más que la media del Estado), y con casi total seguridad superaremos de nuevo el umbral de los 10.000 millones de euros, con la mejor balanza comercial de todo el Estado (unos +3.400 millones de euros, en contraste con el déficit en saldo comercial de Madrid, que supera los -40.000 millones de euros). Con un PIB industrial del 31% (uno de los mayores de toda la UE) y sobre todo lo anterior, hemos cerrado 2024 con el mejor índice histórico de ocupación en la industria, es decir, 88.700 personas (en 2015 eran 65.000 personas trabajando en el sector industrial).

La economía, así como sus empresas (mayormente pymes) y todas las personas que trabajan en ella ofrecen un alto grado de capacitación (según COTEC). Somos una Región Innovadora Fuerte según la Unión Europea, y por ejemplo, el informe sobre expectativas 2025 de Caixa Bank Research destaca “unos servicios de mercado competitivos, en especial los servicios profesionales a empresas un sector industrial diversificado y una población altamente cualificada”.

Por supuesto, el tener una economía a todas luces dinámica no implica que no tengamos problemas graves presentes y muchos desafíos por delante. Las dos economías más próximas, Francia y Alemania (el destino de un 35% de nuestras exportaciones) se hallan en un momento de ralentización económica (el crecimiento de Francia en 2025 se espera de tan solo un 0,7%) por no decir recesión (en 2024 cierre con crecimiento negativo). Hay que sumar factores externos, no solo el cambio de presidencia en EEUU. Otros factores como la debilidad del mercado europeo, unida a la irrupción de en nuestro continente de competencia mayormente de operadores de Asia y una tendencia industrial en Asia a la configuración de macro factorías, son entre muchos factores a tener en cuenta. La autocomplacencia es mala pero el derrotismo es pésimo compañero.

Estamos trabajando en una ley foral de industrias que nos dote al Gobierno de una mejor gobernanza, dote de robustez y estabilidad al ecosistema necesario para el desarrollo de la industria, acelere una más que necesaria simplificación y agilización administrativa, de un marco que pueda acelerar la doble transición (descarbonización y economía circular), especialmente a las pymes, que representan más de un 95% de nuestras empresas. La mejora continua de nuestras infraestructuras, conectividad, suelo industrial, desarrollo de medidas contra la deslocalización, una fiscalidad enfocada a la doble transición o desarrollo de nuevos sectores (aeroespacial, construcción industrializada, bilogía sintética…) son también líneas de trabajo en este 2025.

En Navarra tenemos potencial, capacidad y tesón para afrontar todos estos retos y muchos más. Todo ello desde la definición de unos valores, porque todo lo hacemos por y para las personas. Seguiremos en esta senda de crecimiento, y seremos firmes ante cada anuncio de cierre: defenderemos hasta el último puesto de trabajo, porque Navarra ofrece mucho a las empresas.

El autor es consejero de Industria y de Transición Ecológica y Digital Empresarial