Síguenos en redes sociales:

Tribuna

Incontinencia verbal fascista

Incontinencia verbal fascistaCedida

No sabemos qué mosca le ha picado a Palacios Zuasti, prehistórico exconsejero foral de UPN en tiempos de Miguel Sanz y, posteriormente, senador del PP, para que por dos veces consecutivas se haya dedicado a injuriar la memoria de la política navarra, socialista, Julia Álvarez Resano.

El hombre parece tan obsesionado con esta labor que por dos veces consecutivas en este año –en mayo y en diciembre–, ha escrito dos artículos contra su persona y lo ha hecho en dos blogs digitales de gente, más que de derechas, de la ultraderecha.

En ambas ocasiones el pretexto de sus artículos ha sido el Parlamento navarro. En la primera ocasión, arremetió contra este por dedicar una sala del mismo al nombre de Julia. En la segunda, el pretexto ha sido la presentación del libro Biografía de la socialista Julia Álvarez Resano, de Víctor Moreno (Pamiela, 2025), en una sala de dicha institución.

En ambos casos, Palacios ha repetido las mismas falsedades, siguiendo, además, el método CCP, es decir, cortar, copiar y pegar frases de textos que no vienen avalados por ninguna fuente documental y archivística. Y todo para concluir que de tales hechos se deriva una táctica de “blanquear verdugos republicanos”, en este caso, Julia Álvarez, lo que es una infamia.

Se puede criticar la trayectoria de cualquier político, tarea fácil si está muerto, pero basarse en mentiras es una calumnia. Palacios no solo miente por ignorancia, sino por un impulso irrefrenable contra lo que representa las antípodas de su derechismo ideológico.

Veamos.

Primero. Acusar a Julia Álvarez por haber sido “miembro destacado de la Agrupación de Mujeres Antifascistas” es lógico que lo haga, revelando así su ideología cavernaria, pero no lo es decir que fue “miembro destacado” de ella. Para ello Palacios tendría que demostrarlo, y es evidente que no dispone de argumentos para hacerlo, si no, los habría concitado para fundamentar su acusación. Porque recordar cuáles fueron las actividades de dicha agrupación le hubiera supuesto reconocer que Julia fue una adelantada a su tiempo, lo mismo que sus compañeras de AMA: firmar manifiestos contra la guerra y el fascismo, reivindicar la igualdad de salarios por el mismo trabajo realizado por hombres y mujeres; la incorporación de las mujeres a todo tipo de industrias; creación de escuelas para capacitar laboralmente a las mujeres; protección de la mujer trabajadora; incorporación de las mujeres a los concejos municipales…

Segundo. Fue, sí, directora del colegio Rosario de Acuña de Madrid, que la Inspección de la República se vio obligada a cerrar, pero no por lo que dice Palacios, “debido al motín organizado por los niños de la escuela contra sus maestros”. Esa fue la versión infamante que dio “el director de Diario de Navarra (17.6.1934), Raimundo García, y que firmaba como Ameztia. Lo que sucedió fue que un maestro se “pasó” con una niña del centro y los padres y madres del colegio intentaron lincharlo. Julia se enfrentó a ellos para que no se tomaran la justicia por su mano. Inspección abrió una investigación de los hechos, cuyo resultado dio la razón a Julia. Esta permaneció como directora hasta 1936, fecha en que fue nombrada inspectora. Julia lo contó en ¡¡Trabajadores!! (5.7.1934). Y Ameztia calló como tapia de cementerio. Por lo demás, Palacios debería explicar por qué dice que el Rosario Acuña era un “colegio libertario”.

¿También conoce cuál era esa pedagogía que se aplicaba en la enseñanza de dicho colegio? Será el primero en describirla, caso de que lo haga.

Tercero. Con relación a su paso como gobernadora civil de Ciudad Real, Palacios tergiversa, manipula y, finalmente, miente. Sí es cierto que Julia dictó una circular donde sostenía que “si obstinadamente se pretendiese por alguien seguir obstruyendo la labor de depuración de la retaguardia, estoy dispuesta a obrar con toda energía contra los obstruccionistas y recomendantes”. Lo dijo, pero al historiador toca demostrar hasta dónde llegó esa obra depuradora, algo que no hace Palacios. Este político derechón y faltón debería recordar que en Diario de Navarra se escribió: “¡Alcaldes y padres navarros, cooperad en la obra depuradora que hemos emprendido…!” (28.8.1936). Se entiende: la depuración que hemos emprendido los golpistas contra el gobierno legítimo de la República. ¿No lo recuerda? Pues bien sabe que las derechas carlistas y falangistas navarras cumplieron dicho imperativo criminal de forma sobresaliente cum laude.

A ver. ¿Y qué quería que escribiese un gobernador civil en 1937 en plena guerra tras el golpe? Limpiar la retaguardia de facciosos emboscados, ¿era represión? Ya se dirá, entonces, cómo llamar a los 42 asesinados que hubo en el pueblo de Julia, Villafranca, entre ellos Juan Resano, su tío, asesinado en una retaguardia donde no hubo frente de guerra. ¿Cómo llamarlo? ¿Música celestial? ¿Designios de Dios? ¿Gajes de la guerra? Y ya se dirá, entonces, cómo habrá que calificar el bando de Mola: “Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. […] todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”.

Cuarto. Miente Palacios cuando afirma que bajo su responsabilidad se reactivó lo que llama “maquinaria represiva del Frente Popular”. Copia, corta y pega lo que quiere de un texto de un tal Pérez Caballero –El terror frente populista en Ciudad Real, publicado en Libertad digital, donde escribe Palacios–, que recuerda los asesinatos del obispo de Ciudad Real, de los marianistas y del expolio de diversas iglesias, pero Palacios se hace el olvidadizo, obviando que estos actos se cometieron en 1936, y Julia fue gobernadora desde julio de 1937 a marzo de 1938.

Palacios plagia esta “citas”, para concluir que “su legado no es el de una mujer pionera en la política republicana, sino el de una dirigente sectaria que agravó el sufrimiento de miles de manchegos en uno de los periodos más oscuros de la historia contemporánea de España”.

¿En qué se basa Palacios para hacer tales afirmaciones? Ningún historiador, ni siquiera el tal Pérez Caballero le atribuye tales barbaridades. Caso de ser ciertas, la historiografía local de la ciudad manchega las hubiese aireado, como los negacionistas recuerdan una y otra vez los asesinatos de curas y obispos con nombres y apellidos. Sea valiente Palacios y diga un solo nombre de quienes fueron asesinados mientras duró su responsabilidad como gobernadora civil de Ciudad Real.

Por el contrario, sí consta que los historiadores ciudadrealeños que describieron el período en que Julia fue gobernadora, la ciudad vivió el tiempo de guerra menos convulso y, desde luego, sin ningún crimen como los que fueron perpetrados de forma impune en Navarra, a quienes Palacios ni cita ni evoca.

Desengáñese. Julia no fue un verdugo, ni necesita que se la blanquee, como dice de forma ofensiva Palacios. Sí lo precisan quienes asesinaron a miles de navarros. Es a estos a quienes este ignorante, metido ahora a historiador, debería “blanquear”. Si no lo hace, lo entenderemos perfectamente. Se trata de una misión imposible. A fin de cuentas, ¿cómo “resignificar” a una banda de criminales y convertirlos en héroes? Solo tuvieron esa consideración durante el franquismo y la mantienen en la actualidad quienes, en el fondo, siguen mamando dicha ideología. ¿Como Palacios? Tiene todas las trazas. Con el añadido de que miente más de lo que plagia.

Ateneo Basilio Lacort.