Existe una teoría en geopolítica llamada la teoría del plato de espaguetis. El plato de espaguetis no es sino la metáfora de la interconexión de distintos aspectos y áreas, para lo bueno y para lo no tan bueno. De esta simple, pero a la vez certera dimensión, ha hecho esta teoría su fuerte: sirve para explicar relaciones económicas, geopolíticas, sociales, personales, e incluso el sistema de producción de McDonald’s. Las mejores teorías vienen de simples relaciones con la realidad. ¿Por qué el plato de espaguetis? Porque todos habremos sufrido, lamparón en camisa mediante, la dificultad de coger un solo fideo sin acabar con una gran amalgama enrollada en el tenedor. Mover un fideo mueve todo el plato. Retirar una variable hace que el castillo de naipes se tambalee.
La interdependencia que ejemplifica la teoría del plato de espaguetis tiene efectos muy positivos, la globalización los ha tenido y tiene. Sin embargo, cuando las tensiones aumentan, esta interdependencia puede ser utilizada como arma para ejercer presión. Las redes globales no son uniformes, contienen lo que se llaman chokepoints, puntos de control donde se concentran capacidades. La capacidad es fuerza, la fuerza puede ser presión. Estos chokepoints pueden ser espacios geográficos: Canal de Suez, Canal de Panamá, Los estrechos de Malaca, Dinamarca o el más famoso en los últimos meses: Ormuz. Pero también pueden ser espacios de concentración tecnológica, financiera, energética… Esta interdependencia y desigual concentración se utiliza en relaciones internacionales como arma de negociación y coacción.
Ejemplos de esto tenemos actualmente, desgraciadamente no buenos. Desde el ya mencionado bloqueo del estrecho de Ormuz, a las amenazas que día si día también se lanzan desde la Casa Blanca hacia la Unión Europea. Las consecuencias de nuevo, las sufrimos todos.
Frente a ello surge un nuevo concepto al que los europeos debemos apostar todas nuestras energías, el de la autonomía estratégica. En todos los órdenes. Durante años hemos entregado nuestros intereses como continente a potencias que defienden otros, no los nuestros. En este escenario, el defender nuestros objetivos se hace una herramienta imprescindible. No encerrarnos al mundo, al contrario, abrirnos más, pero con nuestra visión, futuro y valores.
Esto hará que tengamos herramientas suficientes para solventar futuras problemas y que seamos más resilientes en futuros escenarios amenazantes.
Hacemos mal pensando que todos estos conceptos geopolíticos escapan a nuestra decisión y capacidad de influencia. Como si estas cuestiones que se hablan en foros ajenos no nos afectasen en el día a día. Un diplomático me dijo el otro día en un foro: en el gran tablero mundial se puede ser jugador o tapete. Y solamente si actuamos en consecuencia seremos jugadores, y jugadores de primer orden. Pero debemos actuar.
A todo esto, la teoría del plato de espaguetis tiene una vertiente social que no puedo dejar de mencionar. A nivel local, la interdependencia e interrelación social y económica se hace ver con mayor profusión por lo personal de las relaciones. En el conjunto de la sociedad los roles se mezclan. Todos somos a la vez clientes, proveedores, compañeros de trabajo, compañeros de clase o familiares. Los intereses se entremezclan en una compleja madeja de relaciones que, paradójicamente, hacen al mundo local más bonito si cabe.
Paradójicamente es en el mundo local donde todos los aspectos negativos que tiene esta teoría a nivel internacional encuentran su antítesis. El entramado de relaciones e intereses suma en positivo sin ninguna duda.
Y es precisamente en este contexto local, donde encontramos una de las mejores herramientas de resiliencia que tenemos como europeos y que nos diferencian frente al resto: el comercio local.
El comercio local es el nexo de unión que hace que toda esa ingente madeja de intereses pueda desarrollarse en un contexto pequeño. Es cohesión social, pero también territorial. Y sobre todo es factor diferenciador. Al igual que lo es nuestro modelo de sociedad. El comercio tradicional es espejo de sus propias virtudes.
Navarra es comercio, el fuero nació por el comercio, nuestras ciudades nacieron por el comercio y para el comercio, pero es que el comercio local encaja con nuestra concepción del común. El auzolan y los comunales son el máximo exponente de esta concepción que las generaciones anteriores nos han legado. Y es un hecho que nuestra vida en sociedad sería muy diferente sin comercio local, sin esos pequeños comerciantes que día a día nos ayudan como sociedad a prosperar y a mantenernos cohesionados. Frente al individualismo auzolan. Frente a defender otros intereses, defendamos los nuestros.
Como la teoría de los espaguetis nos recuerda, nuestros intereses como pueblo están entrelazados. Así que, si no queremos terminar con una madeja de pasta en el tenedor, y con algún que otro lamparón en el pantalón, más nos vale cuidar de nuestros valores y formas de vida. No se me ocurre forma mejor de comenzar que comprando en los negocios que dieron y dan vida a Navarra.
Y es que, como he dicho en más de una ocasión, no hay nada más sostenible que comprar en tu pueblo. Tampoco nada que defienda mejor nuestro modelo de sociedad.
El autor es Director General de Comercio y Consumo de Gobierno de Navarra