Los aitas y amas de la gela de mi hijo nos hemos organizado y agrupamos los cumpleaños de los txikis por trimestres. Creo que es una idea buena y simpática que ayuda a coger con ganas esas tardes de viernes que se barruntan desde días atrás: “Cuánto queda para el viernes”, “Voy a hacerles un dibujo chulo”, “Aita! Date prisa, vamos a llegar tarde!”.
Mi mujer y yo estamos procurando alejar a nuestro hijo de 7 años lo máximo posible del móvil y las pantallas. En esta lucha se presentan verdaderas batallas cada dos o tres nano-segundos, tal es la transversal y omnipresente penetración de este dispositivo en nuestras vidas. El otro día, por ejemplo, no les di permiso a un amigo mío y a mi hijo para que hicieran sumas y restas en el móvil, les invité a que cogieran papel y boli. Aparentemente es inocente el hacer cuentas en el móvil, pero no queremos normalizar o minimizar los riesgos del uso de las pantallas, que suficientes pantallas se tragan sin querer.
Y en uno de esos viernes de cada tres meses una madre dejó el móvil a su hijo tras la insistencia constante y perturbadora del niño, estos jóvenes bandidos saben perfectamente cómo conseguir su tesoro.
Por arte de magia y con el magnetismo de las cosas que acaban en ina, se arremolinaron alrededor del niño triunfador y su jeringuilla en forma de móvil la mitad de los peques del cumple para obtener su pico de dopamina, adrenalina y endorfina. Me llevaban los demonios al ver cómo se había transformado un hermoso, caótico y ruidoso cumpleaños en una piña de niños y niñas ojipláticos y ausentes con la cara iluminada de la luz azulina que proyectaba la pantalla del móvil.
Ya hay ciencia que afirma y confirma que los móviles y las RRSS están destruyendo el cerebro de los niños y adolescentes. Cuando digo destruir es destruir, no es una metáfora, es una destrucción consciente, activa y rentable.
Cualquier profesor de Secundaria o universidad nos puede dar mil ejemplos de qué está pasando en la inteligencia, capacidad de atención y retentiva de las nuevas generaciones. Cualquier psicólogo infantil o cualquier pediatra podrían escribir enciclopedias de lo que están viviendo en consulta.
Australia ya ha prohibido las RRSS a menores de 16 años, Francia sigue sus pasos, China también restringe los videojuegos a las noches para menores (sí, sí, China sabe perfectamente de qué va ésta movida y corta de raíz el problema…). Yo deseo que el Estado o la Unión Europea no cedan a las presiones de Trump, de los lobbies digitales o de los influencers y legisle desde la ciencia para proteger el cerebro de nuestros hijos.
¿Es una hipérbole o una exageración el título de esta carta? Puede, pero las dos pandemias (heroína y pantallas) tienen varias similitudes, repasemos: mismo público objetivo (adolescentes y jóvenes), mismo mecanismo de dependencia (alteración del sistema de recompensa con la liberación de dopamina), misma fractura social y familiar (aislamiento, soledad, broncas), mismos síntomas psicológicos (incapacidad de sentir placer sin la sustancia o el estímulo, conductas compulsivas), mismo síndrome de abstinencia (ansiedad, irritabilidad, vacío), misma respuesta institucional (llegaron tarde y están llegando tarde), mismos intereses económicos (se mueven ingentes cantidades de dinero, quien crea que las pantallas no tienen coste es un profundo iluso), misma salida al problema (desintoxicación, educación, límites), misma generación afectada (generación perdida entonces, generación en vías de perderse ahora), misma minimización inicial del daño (se miraba a otro lado y ahora se mira a otro lado).
¿Soy un exagerado? Ojalá, ¿puede que me esté quedando corto en la comparativa? Quizá. Os invito a informaros, yo me he quedado asustado al buscar datos y referencias para escribir esta carta.