La cuenta atrás para Javier García, el todavía presidente del PP de Navarra, parece acelerarse por su propia mano tras protagonizar este jueves uno de los episodios más bochornosos de la legislatura en el atrio del Parlamento foral. En un momento de extrema debilidad política, con los rumores de su relevo resonando cada vez más fuerte, García ha optado por una huida hacia adelante y atacar de forma directa, personal y sin pruebas a un periodista radiofónico.
La escena ha ocurrido cuando el profesional de la información —de dilatada trayectoria en Navarra— ha preguntado a García por los profesores de religión, el tema por el que comparecía el líder del PP ante los medios. Durante su larga intervención ha sacado los comodines de ETA, la corrupción y los accidentes ferroviarios como argumento para defender a los docentes que contrata a dedo el Arzobispado.
Sin venir a cuento, García —un representante público que quedó en evidencia tras incluir titulaciones falsas en su currículum— ha acusado a un medio de difundir "mentiras". Al ser requerido por el profesional para que especificara qué dato concreto era falso, el líder popular ha querido recoger cable y ha empezado a hablar de que podría haber inexactitudes en ciertos datos que habría ofrecido el periodista, algo muy diferente a mentir, aunque se ha negado a pedir disculpas al profesional atacado: “Yo no tengo que pedir perdón".
El presidente del PP navarro, lejos de calmar las aguas, se ha negado en repetidas ocasiones a rectificar, a pesar de ser incapaz de identificar la “mentira” que, según él, dijo el periodista, en una utilización partidista del Legislativo foral para señalar a un profesional por ejercer su labor de fiscalización e intentar amedrentar a la prensa que cuenta lo que a él le incomoda: que su liderazgo está herido de muerte.
Este episodio, lejos de ser un exabrupto aislado, evidencia una deriva que empieza a normalizarse en ciertos sectores de la política navarra. Se está volviendo una costumbre tan peligrosa como habitual el señalamiento público y el ataque frontal hacia los profesionales de la información que no hacen más que ejercer su labor fiscalizadora, ya sea en ruedas de prensa como la de este jueves, o en sus redes sociales, como el ataque del consejero de Educación, Carlos Gimeno, contra este periódico de la semana pasada.