El emblemático actor navarro Javier Ibáñez Huici ha fallecido a los 72 años. Vecino de Pamplona, donde nació el 29 de junio de 1953, estuvo ligado a las tablas desde muy joven, cuando militó en las filas del Teatro Estable de Navarra (TEN), llegando a interpretar a caracteres icónicos como Don Quijote o Max Estrella (Luces de bohemia). Precisamente, en junio del año pasado participó en la gala de los Premios Max, que toman su nombre del personaje creado por Valle-Inclán, y que dirigió Ana Maestrojuán en el Teatro Gayarre.
Durante su intervención en la fiesta de la creación escénica, la danza y la música, Javier Ibáñez, vestido de rojo como el resto de intérpretes navarras/os que tomaron parte en la ceremonia, recitó el poema A los hombres futuros, de Bertolt Brecht. Un texto tremendamente actual que comienza así: "Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos. Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa revela insensibilidad. El que ríe es que no ha oído aún la noticia terrible, aún no le ha llegado".
Una presencia imponente
Con la misma maestría con la que declamó los versos del autor alemán, Ibáñez dio vida a lo largo de su trayectoria a numerosos personajes a los que aportaba su presencia solemne y su voz profunda. Tras dar sus primeros pasos en el Centro Auzotegi de la Txantrea junto a otros históricos del teatro foral como Ángel Sagüés o Ramón Marco, pronto se integró en el Taller de Actores del Teatro Estable de Navarra junto a otros emblemas como Miguel Munárriz, Grego Navarro, Aurora Moneo y Ana Goya, entre otros.
A lo largo de su carrera, Ibáñez participó en numerosos montajes teatrales y también ofreció infinidad de recitales de música de los años 70 y 80.
Así, entre lo más reciente, cabe destacar su papel protagonista (Max Estrella) en la adaptación de Luces de bohemia que La Ortiga TDS estrenó en el Gayarre en 2008. Posteriormente, y de nuevo bajo la batuta de Ángel Sagüés, encabezó obras como El pobre de mi Tío Vania, de Átikus Teatro, en 2013; o ¿Qué fue de Mr. Lennon?, que también vio la luz en el teatro pamplonés, en este caso en 2016, y en la que volvió a encarnar a un personaje solitario, en los márgenes, profundamente humano.
No en vano, Javier Ibáñez siempre estuvo comprometido con el teatro social, político, de agitación, y defendió firmemente el papel de las artes escénicas en la comunidad.