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Concha Cilveti y Celia Eslava, inspiración y latido en Artea Oinez

Concha Cilveti y Celia Eslava, inspiración y latido en Artea OinezIBAN AGUINAGA

Nadie duda de la capacidad del arte para trascender el tiempo y reflejar la creatividad, la cultura y las emociones humanas. Las bellas artes (escultura, pintura, música, danza, literatura, fotografía, y cine) se unen y comparten espacio en Artea Oinez, una de las citas culturales ligadas a la gran fiesta de las ikastolas navarras.

Este encuentro reúne en una misma sala a decenas de creadoras y creadores en un relato plural del arte navarro y vasco de nuestros días.

Esta edición de 2026 adquiere un significado especial, al rendir homenaje a dos mujeres artistas navarras: Concha Cilveti y Celia Eslava, ambas en activo. La solidez de sus trayectorias, y el reconocimiento que han alcanzado, les hace herederas de todas aquellas mujeres que, desafiando estereotipos, lograron sobreponerse a las limitaciones impuestas, gracias a una voluntad férrea, a una técnica depurada, a su sensibilidad, laboriosidad y compromiso con la profesión de artistas.

Su sobresaliente presencia, su técnica magistral y la fuerza y honestidad de sus propuestas artísticas, tan ligadas a la tierra, y al periodo de tiempo que les ha tocado vivir, un tiempo bien complicado para las mujeres, les aportan méritos sobrados.

El primer tercio del siglo XX comenzó con avances y retrocesos: la invisibilización, las barreras educativas, el terrible machismo de la dictadura (no del todo extinguido) que asoló el país y redujo a la mayor parte de las mujeres al papel de esposas y madres, explica aquel panorama excluyente. Resultaba casi imposible tener una carrera, y solamente unas pocas lo lograron. Con la transición a la democracia comienza a ser bien visto que las mujeres alcancen la formación superior y que dejen de depender de padres y esposos para todo. Esto hay que recordarlo, porque este relato se va diluyendo; muchos jóvenes y no tan jóvenes no valoran el mérito y el recorrido de las mujeres que han desarrollado sólidas carreras apoyadas en su laboriosidad e inspiración. Este es el principal motivo para el homenaje del Artea Oinez a Celia y Concha.

La exposición reúne además a 75 artistas más que abordan cuestiones clave de la sociedad contemporánea: el feminismo, la guerra, la sostenibilidad, la inmigración, la arquitectura o la defensa de las lenguas minoritarias, como el euskera. Temas que no solo atraviesan el arte actual, sino que también forman parte de la reflexión educativa que promueven las ikastolas de Navarra. Porque además de la transmisión de conocimientos, el alumnado ha de comprender el mundo que habita, y transformarlo con espíritu crítico y sensibilidad.

En este contexto, el homenaje a las dos artistas citadas resulta inspirador, ambas con trayectorias diferentes, muy personales. La obra de Concha Cilveti se caracteriza por una intensa exploración de la materia y el gesto. A lo largo de su trayectoria ha desarrollado un lenguaje propio donde la cerámica se hace escultura, la porcelana habla, y la música y la danza dominan el espacio. Creando movimientos casi coreográficos, en una danza que emana de lo cotidiano, saltando de sus procesos meditativos de ritmo lento, a paisajes habitados por la forma y la emoción.

El trabajo de Celia Eslava está marcado por una particular mirada poética, tremendamente sensible hacia los materiales. Se mueve con naturalidad entre la escultura, la instalación y otros lenguajes contemporáneos; siempre con una atención especial a la relación entre el objeto, el espacio y la memoria. En sus piezas conviven la delicadeza, la reflexión, lo íntimo y lo colectivo, construyendo obras en que lo cotidiano adquiere dimensiones simbólicas que invitan a detenerse, a observar, a descubrir mediante preguntas abiertas las inquietudes de nuestro tiempo.

Ambas artistas representan, además, el papel fundamental de cuantas han transformado el panorama contemporáneo en el que la mujer ya no se siente limitada en su participación y reconocimiento como artista profesional. Lejos del estereotipo de “mater familias” de otros tiempos, en el que solamente unas pocas lograron trabajar de forma coherente con sus vocaciones.

El verdadero sentido de Artea Oinez es recordar que el arte sigue siendo un poderoso vehículo de comunicación que facilita el encuentro, el reconocimiento, la capacidad humana para trascender e imaginar un mundo más justo, más humano y respetuoso; con la mirada abierta a lo nuevo, sin olvidar lo vivido. Es una invitación a mirar sin prejuicios, a imaginar sin miedo, y a agradecer de corazón tanta inspiración profunda y creativa.

Artea Oinez ofrece una aproximación al arte contemporáneo en un momento de extrema emocionalidad, exhibicionismo en las redes, debilitamiento de las fronteras entre realidad y ficción, y tensiones políticas sin precedentes en la historia reciente. Por eso, las ikastolas de Navarra agradecen la entusiasta participación de los y las artistas y al Ayuntamiento de Iruña por la generosa colaboración para hacer realidad esta muestra en las hermosas salas del Palacio del Condestable.

El lema del Oinez de este año Bidean bat gara (En el camino somos uno) nos recuerda que los caminos pueden ser variados, pero que al compartir dirección y objetivos llegaremos a un mismo destino. El polvo del camino, la tierra que pisamos, se convierte en la arcilla que modelan Celia Eslava y Concha Cilveti en sus obras: en el viaje, en la tierra, y somos uno.

El reconocimiento que se les dedica nace de una profunda admiración, y de la afinidad de valores: el amor a la tierra, la humildad del trabajo paciente, el respeto a los procesos dilatados en el tiempo, y la fidelidad a lo cercano. Valores que jalonan el camino de las Ikastolas, comprometidas desde sus orígenes con la educación, el euskera, la cultura y la comunidad.

El autor es director de las ikastolas de Navarra