En relación con el reciente artículo publicado sobre el cierre de los aseos en los patios de los colegios en Zizur Mayor por un supuesto episodio puntual de vandalismo, conviene aportar una visión más completa de la situación.

La realidad es que estos baños no han sufrido un deterioro aislado, sino que llevan meses en un estado continuado de abandono, suciedad y falta de mantenimiento. No se trata de un problema de vandalismo puntual vinculado al entorno escolar, sino de un vandalismo continuado generado en un contexto no escolar, especialmente ligado al uso de estas instalaciones durante fines de semana, eventos y actividades organizadas fuera del horario lectivo. Durante todo este tiempo, el Ayuntamiento no ha intervenido de forma efectiva. La única medida adoptada finalmente ha sido cerrarlos, trasladando el problema en lugar de resolverlo.

Esta decisión tiene consecuencias directas y graves: los/las escolares que permanecen en el patio por las tardes se han quedado sin un lugar donde atender sus necesidades básicas. El resultado es evidente y preocupante: la aparición de orines y heces en el propio patio del colegio, con el consiguiente problema de salubridad.

Estos aseos no solo son utilizados por niños/as tras finalizar el horario escolar. También se emplean durante fines de semana, conciertos y diversos actos organizados por el propio Ayuntamiento. Tras estos eventos, y dado que se trata de un espacio que es ante todo un patio escolar, el estado en el que amanece el recinto en general al inicio de la jornada lectiva suele ser claramente deplorable: cristales esparcidos, vómitos en accesos y zonas de paso, botellas en el césped y suciedad generalizada en un entorno destinado a menores. Los baños, en este contexto, terminan igualmente en condiciones lamentables sin que exista una limpieza o mantenimiento posterior adecuados antes de la actividad escolar.

Este problema no es aislado ni puntual, sino que refleja una falta de planificación y de gestión en materia de limpieza urbana en Zizur Mayor. Existen otros ejemplos que lo evidencian: aceras con excrementos de perro que no se recogen durante 10 días pese a avisos vecinales, parques infantiles inutilizables durante días tras eventos municipales, o instalaciones deportivas que han sufrido actos vandálicos sin que se adopten medidas preventivas o correctoras eficaces.

Especialmente llamativo resulta el enfoque de las respuestas institucionales. En lugar de aplicar medidas proporcionadas –como exigir responsabilidades a quienes hacen uso de espacios públicos reservados, reforzar la limpieza tras eventos o sancionar conductas incívicas concretas– se opta por decisiones generalistas que afectan a todos/as los/las vecinos/as. Un ejemplo reciente es la amenaza de retirar el uso de merenderos en futuras fiestas, penalizando indiscriminadamente a vecinos/as que no han tenido responsabilidad alguna.

Todo ello sucede pese a que muchas de estas situaciones son conocidas por la Policía Local y han sido comunicadas mediante instancias formales. Sin embargo, la percepción vecinal es que estas problemáticas se minimizan o directamente se ignoran, mientras se priorizan actuaciones de escaso impacto social, como sancionar a padres y madres que, sin generar molestias relevantes, se ven obligados/as a detener su vehículo durante apenas unos minutos por llegar con retraso al colegio.

Cerrar unos baños no soluciona el problema de fondo. La solución pasa por una gestión responsable del espacio público: mantenimiento continuo, limpieza adecuada, planificación de eventos con recursos suficientes y aplicación de medidas proporcionadas frente a conductas incívicas.

Los/las vecinos/as no reclaman medidas excepcionales, sino algo mucho más básico: un mínimo de cuidado y responsabilidad en la gestión de lo que es de todos/as.