Calidad educativa y condiciones laborales
La narrativa política suele situar la calidad educativa en el centro de sus promesas electorales. Se habla de innovación, de digitalización y de itinerarios de aprendizaje personalizados como si fueran productos de un software que se actualiza solo. Sin embargo, se olvida sistemáticamente que la calidad educativa tiene rostro, nombre y, actualmente, un nivel de agotamiento insostenible.
Para que un/a docente pueda ofrecer una atención personalizada y guiar con éxito el proceso educativo de su alumnado, necesita tiempo, recursos y salud mental. Sin ese bienestar, el sistema educativo se vuelve deficiente.
La realidad de quienes nos enfrentamos día sí y día también a la complejidad del aula, dista mucho de ese ideal. Estamos cansadas, agotadas, exhaustas… Nos encontramos ante un escenario de saturación que ya no se puede ocultar bajo el manto de la vocación. Los y las profesionales de la educación somos de los trabajadores y trabajadoras que más horas extra no remuneradas realizamos, sacrificando sistemáticamente la conciliación personal por sostener un sistema educativo totalmente falto de recursos.
El deterioro de la calidad educativa no es casual, es la consecuencia directa de un entorno laboral hostil. Resulta imposible llevar a cabo una enseñanza individualizada cuando se gestionan aulas masificadas. Con unas ratios desbordadas la atención a la diversidad se convierte en un ejercicio de triaje en lugar de un proceso pedagógico.
Sumado a lo anterior, la burocracia nos está asfixiando. Nuestra labor pedagógica ha sido desplazada por la gestión de informes y plataformas; el tiempo que deberíamos dedicar a enseñar o preparar clases se nos escapa en labores administrativas. Hoy en día, parece más importante tener los informes impecables, aunque nadie se los vaya a leer, que atender la clase como es debido.
Por si todo lo anterior fuera poco, sufrimos un estancamiento salarial de dos décadas frente a un coste de la vida que no deja de subir; el mensaje institucional es claro: la educación no es una prioridad. Este abandono se traduce también en un creciente desprestigio social.
Este escenario está provocando un fenómeno hasta ahora desconocido: el abandono de la profesión. La escasez de docentes es consecuencia del evidente maltrato institucional. Cada vez son más quienes, por agotamiento, salud mental, o ante la imposibilidad de ejercer su labor con dignidad, deciden dejar las aulas. La escasez de profesorado no es un problema de falta de vocación, sino una respuesta lógica a unas condiciones laborales que están quemando al personal.
No se puede exigir excelencia educativa a un colectivo exhausto, ninguneado y empobrecido. Si la sociedad y las administraciones desean realmente itinerarios de aprendizaje modernos y efectivos, deben entender que las condiciones laborales del personal docente son la infraestructura invisible que sostiene todo el sistema educativo. Invertir en la salud y el tiempo del profesorado es la única garantía de que la educación navarra no colapse. Sin cuidar a quien enseña, es imposible que alguien aprenda.
La gestión del consejero Carlos Gimeno está marcada por el ninguneo a las reivindicaciones del profesorado. Su incapacidad para dialogar y alcanzar acuerdos con la mayoría del colectivo demuestra una desconexión alarmante con el día a día de los centros. Un consejero que no cuida a su plantilla es un consejero que no cree en la educación pública. La saturación docente que vivimos en Navarra no es un fenómeno meteorológico inevitable; es el resultado de decisiones políticas concretas.
Por tanto, este escenario tiene solución; la educación navarra necesita un nuevo rumbo, alguien que entienda que las condiciones laborales son la base de la calidad educativa. Por su incapacidad para dialogar de forma efectiva, por su desprecio a la realidad del aula y por el deterioro evidente de nuestra enseñanza pública, es hora de exigir el cese de Carlos Gimeno. Ni el alumnado, ni el profesorado, ni las familias, ni la sociedad en su conjunto se merecen un consejero que ha demostrado no estar a la altura ni tener el nivel suficiente para ocupar el cargo.
Gimeno kanpora!
Firman esta carta: Dani Otxoa Gartzia, Maitane Vallejo Alonso, Eneko Garcia Uriz, Irati Lareki Larrainzar, Asier Garcia Uribarri y Amaia Gómez Pastor Docentes de la enseñanza pública y afiliados/as a LAB