Cada cierto tiempo reaparece el mismo discurso: si aumentan las bajas laborales, la causa debe buscarse en un supuesto abuso de los trabajadores. Y si además se puede señalar a un colectivo concreto, mejor. Esta vez, el foco se ha puesto sobre las personas trabajadoras de más edad, a raíz de un informe de Mutua Navarra que concluye que los trabajadores veteranos acumulan las bajas de mayor duración.
El titular puede resultar llamativo. El problema es que induce a una interpretación profundamente equivocada: que las personas sénior son más absentistas, menos comprometidas o responsables de un problema económico para las empresas. Nada más lejos de la realidad.
Lo primero que conviene aclarar es que una baja laboral no es absentismo. Una incapacidad temporal es una situación médica reconocida por profesionales sanitarios. Cuando una persona está de baja no está ejerciendo un derecho caprichoso ni aprovechándose del sistema; está enferma o lesionada y no puede trabajar en condiciones adecuadas. Confundir enfermedad con absentismo constituye una manipulación interesada que acaba estigmatizando a quienes atraviesan problemas de salud.
Los propios datos publicados muestran algo que cualquier persona con sentido común entiende. Los trabajadores de más edad presentan procesos más largos porque padecen enfermedades más complejas, tienen peores tiempos de recuperación y acumulan un mayor desgaste físico derivado de décadas de actividad laboral. No porque quieran trabajar menos.
¿De verdad alguien se sorprende de que una persona de 60 años tarde más en recuperarse de una intervención quirúrgica que una de 25? ¿O de que un trabajador que lleva cuarenta años realizando esfuerzos físicos tenga más probabilidades de sufrir patologías musculoesqueléticas que quien acaba de incorporarse al mercado laboral?
Lo preocupante es que se presenten estos hechos biológicos y médicos como si fueran un problema de comportamiento individual o una pretensión de abusar del sistema.
Además, el propio informe reconoce un elemento fundamental que desmonta parte de las conclusiones alarmistas: la entrada en vigor del Real Decreto 2/2023 estableció una prórroga automática de seis meses para las bajas que alcanzan los doce meses de duración. Es decir, una parte significativa del incremento de los procesos más largos responde a un cambio normativo y estadístico, no necesariamente a un empeoramiento real de la salud de las personas trabajadoras.
Sin embargo, esta explicación aparece en segundo plano mientras se destacan titulares sobre bajas “desbocadas” o sobre un supuesto “uso inadecuado” de las incapacidades temporales.
Más preocupante aún resulta la insistencia en insinuar fraudes o abusos sin aportar datos que los acrediten. Se habla de “uso inadecuado”, de posibles conductas abusivas e incluso de la necesidad de un mayor control, pero no se presentan evidencias que permitan concluir que existe un fraude generalizado.
La realidad es que el sistema sanitario español ya cuenta con múltiples mecanismos de supervisión. Los médicos de atención primaria, los especialistas, la inspección médica de los servicios públicos de salud, el Instituto Nacional de la Seguridad Social y las propias mutuas intervienen en distintos momentos del proceso. Pensar que cientos de miles de bajas médicas responden a un fraude masivo supone cuestionar el trabajo de todos esos profesionales.
Desde UGT Navarra creemos que este enfoque desvía la atención de los verdaderos problemas. Porque si queremos analizar por qué aumentan las bajas laborales, debemos hablar de las condiciones de trabajo. Debemos hablar de los riesgos ergonómicos, de los ritmos de producción cada vez más intensos, de las plantillas ajustadas al límite, de la falta de medidas preventivas y del envejecimiento de la población trabajadora.
Debemos hablar también del deterioro de la salud mental. El propio informe reconoce el crecimiento de las bajas vinculadas a problemas psicológicos, especialmente entre jóvenes y mujeres. ¿Qué mensaje estamos lanzando cuando convertimos un problema de salud mental en una sospecha de fraude? ¿Cómo vamos a combatir el estrés, la ansiedad o la depresión si quienes las padecen sienten que serán señalados públicamente?
En el caso de los trabajadores sénior, la contradicción es aún más evidente. Durante años se ha insistido en la necesidad de retrasar la edad efectiva de jubilación y prolongar las carreras laborales. Se pide a las personas que trabajen hasta edades más avanzadas para garantizar la sostenibilidad del sistema. Pero cuando aparecen las consecuencias naturales de ese envejecimiento –más patologías crónicas, más procesos de recuperación y más necesidades asistenciales– algunos sectores las presentan como un problema generado por los propios trabajadores.
No se puede pedir a una persona que trabaje hasta los 67 años y, al mismo tiempo, reprocharle que a los 62 tenga más dificultades físicas que a los 30. Por poner un ejemplo gráfico, ¿qué hace un trabajador de más de 60 años subido a un andamio o acarreando sacos de arena en una obra?
La solución tampoco pasa por endurecer el acceso a las bajas ni por aumentar la presión sobre quienes están enfermos. La experiencia demuestra que acudir al trabajo enfermo –un efecto del presentismo– genera más problemas de productividad, más accidentes y mayores costes económicos a medio plazo.
Lo que necesitamos son más políticas de prevención, más inversión en salud laboral, mejores condiciones de trabajo, una adaptación real de los puestos para las personas de mayor edad y un fortalecimiento de la sanidad pública que permita diagnósticos y tratamientos más rápidos.
Los trabajadores sénior no son el problema. Son quienes han construido durante décadas la riqueza de nuestras empresas y de nuestra comunidad. Han contribuido y contribuyen con su esfuerzo al crecimiento económico, han sostenido y sostienen el sistema de protección social con sus cotizaciones y siguen aportando experiencia, conocimiento y estabilidad a los centros de trabajo.
Convertirlos ahora en sospechosos por enfermar más tiempo no solo es injusto. Es profundamente irresponsable.
La sociedad navarra debe decidir si quiere abordar el debate sobre las bajas laborales desde el rigor y la evidencia o desde el prejuicio y la estigmatización. Desde UGT Navarra lo tenemos claro: la enfermedad no puede convertirse en una culpa, y la edad nunca debe ser utilizada para señalar a quienes han dedicado y dedican toda una vida al trabajo. Sólo faltaba que ahora los sénior se conviertan en el objetivo de la campaña de la patronal sobre el absentismo, como si no fuera poco que les hayan convertido en el colectivo donde sigue creciendo el paro, en el que la mitad de los desempleados lo son de larga duración, y en el que las expectativas de volver a trabajar si son despedidos son casi remotas.
El autor es secretario general de UGT de Navarra