para todos los que de una forma u otra viven del volante, lo único importante es volver a casa sin sufrir ningún tipo de percance por muchos kilómetros que puedan retrasar el ansiado camino de regreso. A Javier Cobos Subiza le quedan todavía unos cuantos, casi 700, para llegar a la suya. Lleva conduciendo toda su vida, incluso antes de que los hermanos Artieda le encargaran hace 17 años la tarea de pilotar el moderno autobús que habían adquirido para trasladar a los jugadores de Osasuna de ciudad en ciudad.

Y ahí sigue. Lo suyo siempre ha sido la carretera. Por eso, cuando el equipo tiene que trasladarse en avión, él arranca su autobús, que cada día mima con el máximo esmero, para emprender el camino de regreso. Es normal que le dedique tanto tiempo al cuidado de su vehículo. Sabe que su vida y la de sus ocupantes depende de su pericia al volante y de que el autobús se encuentre perfecto.

Es lo que hizo el domingo. Mientras los jugadores se entrenaban, él vigilaba para que todo estuviera en orden en su autobús. Sus manos grasientas demostraban que se había aplicado a fondo. Y es que en su profesión no hay descuidos posibles.

El conductor del autobús de Osasuna llega a Pamplona esta noche después de haber recorrido un total de 1.700 kilómetros de viaje. Mientras, el resto de la expedición rojilla desplazada a Holanda aterrizó en el aeropuerto de Noáin el domingo a las once de la noche, tras un viaje en vuelo chárter de apenas tres horas de duración. Pero a Cobos su vuelta a casa le va a costar más de 48.

El chófer rojillo dejó al equipo tras el último amistoso en Nijmegen y cogió la autopista que conduce hacia el sur de Europa sabiendo que no podrá circular más de ocho horas al día y sin sobrepasar los 90 kilómetros por hora. El domingo durmió cerca de la frontera de Bélgica y ayer lo hizo en Burdeos (Francia). Si todo marcha según lo previsto, hoy por la noche entrará en la cochera del polígono Areta.

Será el último miembro de la expedición rojilla en regresar de Ermelo y también será su último desplazamiento, porque Javier Cobos ha decidido dejar el volante. Se lo ha ganado y el equipo al completo quiso dedicarle un sentido homenaje al que en los últimos años se ha encargado de trasladarle a los estadios. Y Javier se emocionó, como sus ojos se encargaron de delatar.

Pocos han estado más cerca del equipo que él. Ni tanto tiempo, aunque dice con orgullo que en estos 17 años nunca ha tenido un percance. Bueno, una vez recuerda que rompió un piloto trasero en una maniobra, pero como si quisiera excusarse matiza que nadie se enteró. Él sí. Es su autobús.

Ha estado con Osasuna media vida. Conoció el ascenso de Murcia porque trasladó a unos aficionados a presenciar aquel inolvidable partido que llevó al equipo de nuevo a Primera, sin saber que poco después los tres hermanos Artieda (Gil, Víctor y José Mari) iban a poner en sus manos su mejor vehículo. Después, de Segunda a Primera y luego el camino inverso, con todos los entrenadores que se han montado en el autobús durante dos décadas. Ha escuchado de todo pegado a su volante. Broncas de campeonato y alegrías imborrables, pero él prefiere guardárselas.

La experiencia le ha permitido manejarse sin problemas por cualquier carretera, nacional o internacional. Hasta hace tres años no había incorporado el sistema GPS al autobús. Ahora ya lo tiene, pero solo lo utiliza en el extranjero.

Viene desde Holanda con la mayoría del material que el equipo ha utilizado durante la concentración de Ermelo. Cuando llegue, solo entonces, se podrá decir que la expedición rojllla al completo está de vuelta en casa.