Hagamos una breve secuencia de acontecimientos desde que el pasado domingo Osasuna sellara el descenso a Segunda. Domingo, Archanco declara que él no es responsable del fracaso y que tiene fuerzas para seguir. Lunes, el presidente insiste en su ilusión renovada para continuar en el cargo. Martes, el dirigente rojillo se retracta de sus declaraciones del domingo. Miércoles, Archanco da un nuevo giro y ahora pone su cargo a disposición de la asamblea de compromisarios. Jueves, el osasunismo se despierta con la sentencia del presidente: si Hacienda me lo pide, me voy. ¿Qué pasará hoy: anunciará esta mañana su dimisión? Sería lo correcto, pero parece improbable porque ya está moviendo hilos para recabar apoyos para la asamblea extraordinaria.
La secuencia anterior expone los cambios de opinión de Archanco pero desvela también su estrategia de ganar tiempo. ¿Para qué; lo hace en beneficio propio o del club? La maniobra de convocar a los compromisarios para dentro de tres semanas no hace sino demorar las soluciones (las suyas no dan dado resultado, por desgracia para todos, en dos años) que nuevas alternativas puedan trazar para encarrilar a Osasuna en esta crisis. Lo que reclama el momento es la dimisión inmediata del presidente y sus directivos, alguno de los cuales, como el dimisionario Manolo Ganuza, está jugando al gato y al ratón con sus compañeros de junta con un propósito fácil de interpretar pero difícil de entender cuando lo que importa es el club y no los tejemanejes personales. Y si Ganuza tiene algo que denunciar, que lo haga ya.
Osasuna está perdiendo un tiempo precioso y los dirigentes están limitando el campo de actuación de quien pudiera sustituir a Archanco en la presidencia. Porque ni un solo indicio le garantiza al presidente que vaya a salir respaldado de la asamblea. El estado de opinión del osasunismo parece unánime en cuanto a su salida del club: solo él no lo escucha. Después de ganar por la mínima la anterior asamblea extraordinaria -la de modificación de los estatutos-, no parece que ahora tenga todas las bazas en su mano. Además, hay un serio riesgo de que, como entonces, la cita derive en indeseados enfrentamientos personales. Pero bueno, cosas más raras se han visto en este club.
Volviendo al principio: hemos pasado en cinco días del no me voy al haré lo que me diga Hacienda. La consejera del ramo, Lourdes Goicoechea, que amaneció con esas declaraciones, si algo tenía claro era que no iba a suplantar a los socios. Aunque tiene mucho que decir -y de qué preocuparse- porque el Gobierno es el principal acreedor. La crisis de Osasuna fue tema de conversación en la sesión de Gobierno del pasado miércoles. Algunos consejeros no esconden su preocupación por el devenir del club, aunque ¡a buenas horas! Consideran que deben ayudar a la entidad, pero tampoco tienen resuelto cómo deben actuar y menos dar la impresión de que se inmiscuyen en los asuntos del club. Hay quien, off the record, no entiende la demora de Archanco en dimitir. Pero, como dijo Barcina, primero que se aclaren ellos (los directivos de Osasuna). De momento, la Administración le ha dado un plazo y algo de aire, pero también un ultimátum: el plan "se tiene que soportar, no ser un plan para el papel" en palabras de la consejera.
Archanco tiene un problema de credibilidad expresado no solo por su gestión sino en sus cambios de opinión y en sus golpes de rumbo en cuestión de horas, como ha quedado registrado esta semana. Si el domingo quiere seguir y en la madrugada del jueves deja su continuidad en manos de Hacienda, lo más sensato es irse ya, convocar elecciones con urgencia y que quien venga (ya hay hasta tres grupos definiendo candidaturas, alguna con nombres conocidos en anteriores convocatorias) tenga tiempo de planificar la temporada deportiva y el ejercicio económico y no encontrarse en septiembre atado de pies y manos y sin ningún margen de maniobra. Sería el mejor servicio que Archanco podría hacer al osasunismo.