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Juez de línea

Mallorca-Osasuna, el análisis | 'Lisci tiene la palabra'

El lenguaje de los entrenadores es digno de un estudio más sesudo. Sus palabras les delatan; desvelan la fortaleza o no de su personalidad, el empaque en situaciones complicados, la experiencia a la hora de manejar a la plantilla

Lance del partido entre Mallorca y Osasuna.AGENCIA LOF

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El lenguaje de los entrenadores es digno de un estudio más sesudo. Sus palabras les delatan; desvelan la fortaleza o no de su personalidad, el empaque en situaciones complicados, la experiencia a la hora de manejar a la plantilla. El repaso de la hemeroteca también colabora a completar esa radiografía. En lo que nos ocupa, Alessio Lisci es un buen ejemplo. Me refiere al contraste entre sus comentarios de pretemporada e inicio de campeonato y los mensajes de las últimas semanas.

De aquella exposición de principios y libertades a la hora de atacar el campo del adversario, de la defensa de un planteamiento atrevido, de fundamentos balompédicos que parecían inmutables; después de que el juego y los resultados deOsasuna pongan todo ese discurso en tela de juicio, el técnico se abraza ahora a los tópicos del fútbol, al vamos a trabajar sin descanso, podemos sacar esto adelante, estamos todos a muerte, hay que seguir en esta línea o no estamos teniendo suerte, como expuso ayer tras el partido. Muy apurado se tiene que ver el italiano para arrinconar su catecismo y colocarse a la altura de los entrenadores de buzo.

La sombra de la destitución le acecha y va a tener que tirar de argumentos prácticos. La reacción ayer del equipo en los diez últimos minutos le ha dado un poco de oxígeno y quizá un clavo al que agarrarse. De todas formas, fue un cambio de actitud fruto de la improvisación, de intentar aplacar una situación dramática más que de aplicación de un método, de encomendarse como último recurso a esa anarquía que el equipo ha desplegado como norma en alguno de sus mejores fragmentos de este curso, que han sido pocos.

Porque los cambios, más que ordenar lo que estaba fuera de control, incrementaron la sensación de que Osasuna jugaba sin pauta establecida: desaparecieron tres de los cinco defensas y dos de los atacantes, el equipo atacaba en un arrebato de vergüenza torera que era, al mismo tiempo, la asunción de los jugadores de su parte de responsabilidad en esta crisis. Así las cosas, la forma como llegó el empate bebe en ese gusto de Osasuna por la épica, por el juego rudimentario, por la lluvia de balones al área.

De la aparición de un central en la posición de delantero centro. No sé cómo, pero en su obligado proceso de revisión, Lisci debería tratar de acoplar sus gustos con esa otra parte menos cerebral del juego, de menos toques de balón y más dinamismo. Y no tiene mucho tiempo por delante, porque está bajo sospecha y solo los resultados le van a devolver un crédito que tenía prácticamente consumido a la hora de partido en Palma.

El osasunismo recordará que no es la primera vez que estas (semi)remontadas ejercen un efecto de revulsivo en momentos en los que un entrenador casi tiene firmada la carta de despido y el equipo se hunde en la tabla de forma que parecía irremediable. Lisci debe agarrarse a ese salvavidas y para ello tendrá que decidir si cambia la defensa de tres centrales para ganar un jugador más en el medio campo y liberar el talento creativo de Aimar Oroz. Pero creo que la decisión más complicada tiene que ver con Budimir; el croata no está cómodo en el sistema de Lisci, aislado en muchas ocasiones, alejado de la portería en otras y sin que le lleguen balones al área para rematar. Al estilo del entrenador le va más un jugador con la movilidad de Raúl García de Haro. Se abre un tiempo de reflexión que debe marcar el devenir de la temporada, del equipo y del entrenador. Lisci tiene la palabra.