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Kike Barja: “Sería anticompetitivo que me conforme con ser un revulsivo; pero todos queremos jugar y entiendo la realidad”

Kike Barja recupera el protagonismo en el esquema de Lisci. El canterano analiza su actual rol, la importancia del aspecto mental y su futuro en Osasuna, con un contrato que expira este año

Kike Barja: “Sería anticompetitivo que me conforme con ser un revulsivo; pero todos queremos jugar y entiendo la realidad”Oskar Montero

Tras meses de sombra y trabajo en silencio, Kike Barja (28 años) vuelve a sonreír sobre el césped. El extremo canterano, uno de los pilares emocionales del vestuario de Osasuna, atraviesa un momento de plenitud donde los resultados individuales empiezan a acompañar su innegable esfuerzo diario. En esta charla, Barja reflexiona sobre cómo las lesiones le han moldeado como un jugador más paciente , la importancia de la salud mental para gestionar la presión y su situación contractual a pocos meses de finalizar su vínculo con el club.

¿Cómo se encuentra? 

–Bien, contento por haber tenido presencia en los últimos tres partidos y también por la marcha del grupo. Al final, esto es un deporte de equipo y lo importante es que el equipo gane, pero cuando sientes que tu trabajo tiene recompensa y resultado, uno se siente satisfecho.

Un gol y dos asistencias en los últimos partidos...

–Me pone contento poder ayudar al equipo. Lo que digo, lo importante es que el equipo gane. 

En el vídeo del propio club se ven a sus compañeros corriendo a celebrarlo con usted al acabar el partido.

–Sí, desde que llegué al primer equipo me he sentido querido. La gente también me ha visto sufrir y por eso cuando tengo momentos buenos casi sienten felicidad propia. En esas imágenes creo que viene Juan Cruz corriendo, que no había jugado nunca, y luego también Aitor. Me siento muy querido en el vestuario y estoy muy agradecido por ello.

‘Kikebarjismo’ o barbarie, ya sabe...

–(Se ríe). Algo me ha llegado sí. Te reconforta. Te llega todo, lo bueno y lo malo, y soy consciente de que tengo que devolver ese cariño de alguna manera. Mi forma de hacerlo es trabajar al máximo cada día para estar preparado. Ojalá se den más partidos como estos últimos, aunque sé que es imposible mantener ese nivel siempre; ya hemos pasado por otros tramos más difíciles. La afición me ha visto sufrir y por eso también se alegra.

Ha sufrido mucho con las lesiones. ¿Le han cambiado esos periodos de inactividad?

–Evidentemente. En esta rueda en la que estamos, que no para semana a semana, a veces te falta perspectiva. El haber estado muchos meses fuera me ha hecho ser un jugador más paciente. Creo que estoy demostrando que siempre trabajo para estar preparado por si llega mi oportunidad y ser perseverante.

¿Ha trabajado también el aspecto mental para afrontar esos momentos?

–Sí, hoy en día el tema mental es fundamental y yo lo trabajo. Vivimos muy expuestos a todo: prensa, redes sociales, la presión que te metes tú mismo o la que sientes del entorno. Salir a un estadio ante 20.000 personas te puede jugar una mala pasada si no estás bien. Creo que ahora lo gestiono mejor que hace un tiempo.

A diferencia de otros jugadores que huyen de su toxicidad, tú eres activo en redes. ¿Cómo lo lleva?

–No te creas, intento evadirme. Entiendo cómo funciona el fútbol y que la gente se deja llevar por las emociones y el sentimiento hacia el club. Nosotros tenemos que estar por encima de eso, independientemente de cómo haya ido cada partido.

Su contrato termina este año. ¿Qué le gustaría que ocurriera?

– No es tan sencillo de contestar, aunque lo parezca. Evidentemente quiero seguir e intentar dar a Osasuna más partidos como estos últimos; creo que puedo aportar muchas cosas, se ha visto en las últimas semanas. El club me ha hecho saber que quieren que continúe, pero no se ha formalizado nada todavía. Habrá que ver qué es lo mejor para todos, pero sobre todo para Osasuna, que es lo que más importa. Estoy tranquilo.

Últimamente está ejerciendo un rol de revulsivo. ¿Se sientes cómodo ahí?

– Sería anticompetitivo decir que me conformo con este rol. Todos aspiramos a ser titulares y jugar todos los minutos. Pero hay que entender la realidad. Me siento preparado para jugar de inicio, pero ahora me toca este papel y lo acepto con naturalidad. A veces he pecado de autoexigirme demasiado y querer hacer más de la cuenta en poco tiempo; ahora las cosas están saliendo de cara y hay que aprovechar esa inercia.

¿Se ve como un líder dentro del vestuario?

– Tengo 28 años y soy joven, aunque lleve mucho tiempo en el equipo. Tenemos la suerte de repartir ese liderazgo con gente como Sergio Herrera, Rubén García o Aitor Fernández, que son personas maduras que han vivido muchas cosas. Cuando me toca ejercer de capitán lo hago y siento el respaldo y el respeto de mis compañeros. El concepto de “jefe de vestuario” de hace años ha evolucionado hacia algo más profesional y fácil de llevar

Budimir lanzó un mensaje ambicioso esta semana. ¿Lo comparte?

– Sí, lo comparto. El equipo tiene la ambición de volver a jugar en Europa. Son dos objetivos que casi se solapan. Si ganas, se acerca la salvación y, a la vez, aumentas tus opciones de Europa. Nosotros hemos ido creciendo durante la temporada a veces parece que se acaba el mundo cuando las cosas no salen, pero el tiempo y el trabajo han hecho que los jugadores y el míster evolucionemos. Creo que la afición cada vez se identifica más con nuestro juego y que Lisci está consiguiendo un grupo cada vez más reconocible.

¿Qué tal con Alessio?

– Bien. Es un entrenador con mucho nivel táctico. Cuida muchísimo los pequeños detalles que parecen tonterías pero que nos están haciendo mejorar a todos.

¿Cómo vivieron los meses más complicados de la temporada donde hubo muchas dudas?

–El mes de diciembre fue clave. Entramos en un ciclo de “tener que ganar” y era difícil jugar sueltos. Decidimos volver a lo básico, a hacer las pequeñas cosas bien. Hubo un compromiso absoluto con el entrenador y esos resultados, como los empates ante Levante o Alavés y la victoria en Copa, marcaron un clic que nos ha permitido llegar a donde estamos hoy.