En la narrativa del fútbol contemporáneo, la longevidad suele interpretarse como un periodo de resistencia frente al declive. Sin embargo, para Ante Budimir, los 34 años parecen haber actuado como un catalizador de su eficiencia técnica y táctica. Con su gol contra el Betis, el internacional croata ha alcanzado la cifra de 16 goles en LaLiga 2025-2026, una marca que iguala los registros obtenidos hace dos campañas y que lo ratifica como la referencia ofensiva inamovible del esquema rojillo.

El rendimiento del balcánico ha dejado de ser una racha para convertirse en una constante estructural de Osasuna. Tras un ciclo previo (24-25) donde rompió todos los moldes con 21 dianas, Budimir ha sabido gestionar la presión de las expectativas para firmar una tarjeta de servicios que lo sitúa, de nuevo, en la aristocracia de los goleadores del campeonato doméstico.

Desde su llegada en el año de la pandemia, la relación de Budimir con el gol en Navarra ha sido una historia de maduración lenta y explosión tardía. Si bien sus dos primeras temporadas completas como jugador en propiedad (tras su cesión inicial) estuvieron marcadas por la regularidad dentro de la discreción, el salto cualitativo dado a partir de 2023 ha redefinido los límites del club.

La trayectoria de Budimir en el club navarro muestra una tendencia ascendente que rompió su techo histórico el curso pasado, pero que mantiene una base de dobles dígitos muy sólida. Desde su incorporación en la temporada 2020-2021, su aportación ha sido determinante para la estabilidad del equipo rojillo en la máxima categoría.

Este hito no es una cifra aislada, sino el resultado de una evolución en la interpretación del juego. Budimir ha pasado de ser un rematador de área estrictamente dependiente del servicio lateral a convertirse en un futbolista capaz de condicionar sistemas defensivos enteros, permitiendo que la segunda línea de Osasuna encuentre espacios gracias a su capacidad para fijar centrales y descargar balones de espaldas.

Con los 16 tantos actuales, iguala la marca de la temporada 2023-2024, aquel año en el que el croata sostuvo al equipo en la zona media-alta hasta que una inoportuna lesión costal frenó su progresión en el tramo final. Hoy, con un equipo más volcado en surtirle balones y un Budimir más letal en el juego de espaldas, la sensación es que su techo aún podría estirarse en las jornadas restantes.

Con contrato en vigor y un estado físico óptimo, el croata no solo iguala sus marcas pasadas, sino que amenaza con seguir reescribiendo los libros de récords de la institución rojilla.