EN 1932 el frente meridional de la plaza del Castillo, allí donde arranca la avenida de Carlos III, presentaba una abertura provisional que daba salida hacia el Segundo Ensanche. Se había obtenido tras la demolición del Teatro Gayarre (antiguo Teatro Principal), derribo cuyas obras habían terminado justamente un mes antes, en febrero de 1932.
La fotografía nos muestra la mitad sur de la plaza. Para obtenerla, el fotógrafo se ha situado mirando hacia el lugar en el que había estado la flamante fachada del teatro, dando la espalda a la calle Chapitela. Un pamplonés de la época, vestido con blusón y txapela, acarrea dos pesados cubos de madera en dirección a la calle San Nicolás. Detrás se ven dos automóviles aparcados, así como una suerte de autobús de aquellos que llevaban portamaletas sobre el techo del propio vehículo. En la avenida, alcanzamos a ver que aún no ha sido construida la fachada que el palacio de Diputación tiene hacia Carlos III, y que otros edificios situados más al fondo tienen aún sus muros exteriores de ladrillo, sin revestir, y grúas sobre el tejado. Los árboles que dificultan la visión de la avenida son sin duda las acacias que habían sido plantadas en 1890, en sustitución de los antiguos plátanos que habían sido colocados en 1881. Antes, para que vean lo que son las cosas, había habido otras acacias, que fueron plantadas nada menos que en 1858, formando un gran círculo en torno a la Mariblanca. Plátanos, acacias, nuevamente plátanos... vaya vueltas que da la vida.
HOY EN DÍA la comparación entre ambas imágenes nos revela, para empezar, que aquella primera abertura practicada en 1931-1932 fue posteriormente ensanchada, para adecuarla a las dimensiones de la nueva gran vía pamplonesa. Además, podemos ver que el edificio de la izquierda fue ennoblecido con la erección de una torrecilla, y que el frente que da a la avenida de Carlos III fue enteramente reconstruido, dotándolo de arquerías y elegantes ventanas. También es fácil observar que el arranque de la nueva calle va presidido por la fachada clasicista del Palacio de Navarra, levantada por el arquitecto José Yárnoz en 1934.
Ah, en cuanto al arbolado que hubo en la plaza al menos desde el siglo XIX, acacias desde 1858, plátanos desde 1881, otra vez acacias desde 1890 y posteriormente plátanos de nuevo, hoy no queda sino un pálido recuerdo de lo que en su día hubo. La mayor aportación hecha en tiempos recientes al arbolado de la plaza es ese pino de plástico, con regalitos y paquetitos de coña, que suelen colocar por Navidad. Casi todos los árboles que había en la plaza fueron arteramente talados el 23 de julio de 2001, en plena resaca sanferminera. Acudieron a cortarlos de madrugada, aún a oscuras, como si de delincuentes se tratara, enviados por un nefasto concejal llamado José Ignacio Labiano. Y obedecía órdenes de la peor alcaldesa que ha tenido Pamplona, Yolanda Barcina, que en la actualidad se encamina, con paso firme, a poder ser considerada la peor presidenta que Navarra haya tenido. Aunque la competencia es dura.