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Asociación de Vecinos de San Jorge, la voz de la calle

Han peleado por cada una de las necesidades del barrio, la última es lograr la reforma de la pasarela sobre el río Arga que enlaza San Jorge y San Juan

Asociación de Vecinos de San Jorge, la voz de la calleAguinaga

pamplona - "La protesta vecinal los políticos la viven mal cuando en realidad la deberían entender como una colaboración, incluso agradecer que les digamos lo que hay que mejorar, pero se lo toman como un ataque", asegura Ángel Larrea, presidente de la Asociación de Vecinos de San Jorge y combatiente social. Prueba de ello es el hecho de que la asociación organizara el "paseo de las mejoras", una iniciativa encaminada a que el Ayuntamiento de Pamplona conociera de primera mano las propuestas que están pendientes de resolver, cita a la que acudieron todos los grupos municipales excepto UPN. "Es como si temieran que les vayamos a pegar, como si hubiera temor a un enfrentamiento cuando en realidad la ciudadanía tiene un sentido mucho más práctico, y lo que exige es que le solucionen sus problemas, que los políticos se acerquen a ras de suelo, que salgan del sillón", abundan Carmen Fontana, Angela Martín y Juanjo Aragón, del mismo colectivo.

Una de las últimas batallas de esta asociación, que vio la luz en 1976 y que no ha parado de luchar por dignificar el barrio, es la adecuación de la pasarela peatonal que enlaza San Jorge y San Juan. Sus 16 escaleras en el lado más próximo al patinódromo de la calle Simonena y los 12 en las inmediaciones a la carretera de Mendiluce (la que va a Berichitos) son obstáculos diarios para los 12.000 habitantes de un barrio que vive en continua relación con el resto de la ciudad. Los centros educativos Pío Baroja, Donibane, La Granja, las piscinas de San Juan, Anaitasuna y otros cientos de tránsitos vecinales creados entre dos barrios justifican la necesidad de contar con un paso peatonal en condiciones. De hecho, los vecinos daban por descontado con que la reforma del paso se haría a cargo del plan urbanístico de Trinitarios. El Consistorio, en cambio, planteó una solución diferente que pasaba por construir un ascensor en la margen de Miluce. Sin embargo, la presencia de un colector de aguas pluviales invalidó técnicamente dicha alternativa. Los vecinos insisten en que la solución más sencilla y la más económica es reformar este paso por un sistema de elevación, es decir, construyendo una nueva rampa sobre el paso actual sustentada sobre pilares -apoyados a la actual estructura-, salvando así el desnivel del tramo de San Juan y continuando hasta la otra orilla donde no hay problemas de espacio.

El Consistorio descarta esta solución y barajaría, según los vecinos, una nueva alternativa que pasa por construir una nueva pasarela entre la actual y la presa (final de la calle Sanducelay), lo que tampoco convence a los vecinos que alertan que es "más costosa, y con mayor desnivel", además de quedar peor situada. "Queremos que se sienten a hablar con nosotros, llevamos dos años sin lograrlo", abunda Larrea.

Recuerdan que de los 2,9 millones de ayudas europeas que llegaron al Ayuntamiento, 1,7 millones estaban disponibles para este año, y de esta partida, 1,3 son para construir una nueva pasarela en Aranzadi (la tercera, que va a salir a Monasterio Viejo de San Pedro) por lo que queda 250.000 euros para evitar las riadas Errotazar y otros 150.000 euros que, observan, no llegarían para costear esos macroproyectos que son "pájaros volando". Sospechan además que el Ayuntamiento pretende desviar parte de la financiación de San Jorge para una nueva pasarela en Aranzadi junto a Fundagro.

38 años En la última lista de mejoras que el barrio ha puesto sobre la mesa al Consistorio hay pequeñas actuaciones de "mantenimiento o gestión, como es el cambio de parada de villavesas". Y en materia de espacios, demandan que se cubra la zona cercana al centro de salud que se viene utilizando como espacio lúdico.

Lo cierto es que todas las reivindicaciones que se han conseguido en el barrio, admiten, han sido a base de "protesta" e incluso de "barricadas": los dos pasos subterráneos, la supresión de las bajeras industriales, la eliminación de industrias contaminantes (Penibérica, Ofitas, Campsa, Tabacalera, Carburos...)... "Durante veinte años esperamos a tener las piscinas", recuerdan Carmen y Ángela. Lo cierto es que en este momento San Jorge es "un buen barrio para vivir". "La gente tiene una imagen equivocada del barrio, hemos pasado de ser un barrio obrero con muchas industrias a contar con plazas y zonas verdes, a tener el primer tramo del parque fluvial, y todo tipo de equipamientos. Es un espacio agradable para vivir y, además, hay buena gente, y no es una frase hecha porque el vecindario siente el barrio como propio, hay una identidad muy clara", relatan. Las redes sociales han funcionado y prueba de ello son los 18 colectivos con los que cuenta el barrio.

Un barrio con 36 nacionalidades en sus aulas y "una buena integración", admite el que fuera director del colegio público durante muchos años Juanjo Aragón. Tampoco es casual que en este barrio se ocuparan las dos primeras viviendas propiedad del Gobierno foral para necesidades de familias en situaciones de desahucio. Larrea y Aragón forman parte de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca del barrio, uno de los más activos en esta batalla social desde que se creó a finales de 2012 y que ha atendido a más de 70 casos. Han logrado rehabilitar dos pisos en la calle Nicasio Landa con apoyo de otras PAH y de multitud de solidarios. "Ahora el Gobierno va a rehabilitar otras 15 viviendas en esta calle pero ha sido necesario una denuncia social. Es una vergüenza, absolutamente indignante que habiendo más de 150 viviendas vacías propiedad de Vivienda durante quince años estuvieran cerradas cuando había gente en la calle, y familias enteras viviendo en una habitación", subrayan.