Navarra tiene, nada más y nada menos que, 272 municipios. Más de dos centenares de localidades y todas y cada una de ellas con su encanto. Porque la Comunidad Foral es naturaleza pero también es cultura e historia.
Navarra, a donde siempre se quiere volver
"Desde sus hayedos hasta sus foces, atravesados por rutas mágicas que hablan de seres mitológicos, pasando por sus cuevas y sus leyendas de brujería, Navarra es una caja de la que parece que nunca dejan de salir sorpresas. Castillos y monasterios donde la realeza y la religión tejen los hilos del pasado, importantes paradas jacobeas en el Camino de Santiago, arquitectura única, pueblos que se bañan en ríos y ciudades con mucho que contar. Caseríos y valles donde desconectar del mundo y un sinfín de tradiciones", así es como desde le prestigiosa revista de viajes, National Geographic, invitan a sus lectores a visitar Navarra.
Pero no solo Navarra tiene un encanto especial. A 15 minutos del territorio navarro está "El pueblo del País Vasco con un túnel natural de montaña que conecta dos provincias y es Patrimonio de la Humanidad".
El pueblo a 15 minutos de Navarra "con un túnel natural de montaña que conecta dos provincias"
El lugar al que se hace referencia no es otro que el Túnel de San Adrián, "una cavidad natural de unos 55 metros que agujerea la cresta de los Montes Vascos como si la montaña fuera de mantequilla, abriendo un corredor imposible entre Gipuzkoa y Álava. Hoy ese paso forma parte del Camino Vasco del Interior, la ruta jacobea que desde la Edad Media unía la costa cantábrica con el Camino Francés, y, por tanto, este túnel de piedra está reconocido desde 2015 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO", tal y como así relatan desde la prestigiosa revista National Geographic.
En la línea con lo que relatan, "Zegama es el punto de partida para quienes quieran conocer el túnel. El pueblo es un remanso de caseríos encajados en el valle del Oria, a los pies del Parque Natural de Aizkorri y rodeado de bosques de hayas. Guarda en su iglesia de San Martín de Tours una de las cruces más antiguas de Gipuzkoa. Pero además de sus monumentos y de su espíritu montañero y peregrino, aquí está el Centro de Interpretación Aizkorriko Ataria, donde, antes de ir a ver el túnel con nuestros propios ojos, dar con algunas de las claves de cómo el pastoreo y el paso han moldeado la identidad vasca. Al cruzar el túnel de norte a sur, la luz cambia, el paisaje cambia, el clima puede cambiar. Y el tiempo, en el sentido cronológico, parece plegarse sobre sí mismo, como si más que un túnel fuera un agujero de gusano. El túnel de San Adrián fue durante siglos una alternativa para quienes querían evitar pasos más peligrosos. Hoy esa función ha quedado como anécdota. Pero el agujero sigue ahí. Y, al salir por la boca sur y ver abrirse de pronto el cielo de la Llanada Alavesa, queda la sensación de que se ha atravesado algo más que una montaña. Un agujero de gusano geográfico. Una puerta que lleva siglos abierta y que parece eterna!".