Dietas epigenéticas: ¿que son y para que sirven?
La ciencia ha confirmado que nuestro ADN no determina de forma absoluta el desarrollo de enfermedades
La dieta epigenética es un enfoque nutricional que se centra en consumir compuestos químicos naturales que modifican el funcionamiento de los genes. Este proceso se basa en la incorporación de nutrientes bioactivos que tienen la capacidad de "activar o desactivar procesos celulares específicos". Al ingerir determinados alimentos, estamos "aportando moléculas que se adhieren a regiones del ADN para impedir que se manifiesten problemas de salud que podríamos haber heredado de nuestros padres".
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Existen alimentos específicos, como las legumbres, los huevos y las verduras de hoja verde, que son ricos en ácido fólico y vitamina B12. Estos nutrientes "aportan compuestos que ayudan al organismo a mantener el control sobre la reproducción de las células".
Compuestos importantes
Por otro lado, compuestos como el sulforafano, presente en el brócoli y la coliflor, o los polifenoles del té verde, actúan directamente sobre las enzimas de nuestras células. Estas sustancias ayudan a que "el cuerpo mantenga activos los procesos de desintoxicación y reparación de tejidos, evitando que se inicien procesos de inflamación crónica".
La utilidad principal de este modelo alimenticio es la prevención y el mantenimiento de la salud. Al mantener una dieta rica en estos componentes, el cuerpo logra "frenar el deterioro celular y reducir el riesgo de desarrollar patologías complejas como la obesidad o ciertos tipos de tumores". Además de prevenir enfermedades, la alimentación epigenética mejora el rendimiento del metabolismo y fortalece nuestro sistema inmunológico.
Los alimentos
La dieta epigenética apuesta por productos frescos y naturales como verduras, frutas, pescado azul, frutos secos, aceite de oliva virgen extra o alimentos ricos en antioxidantes, mientras reduce el consumo de ultraprocesados, azúcares refinados y grasas trans. Su objetivo es crear un entorno interno más saludable para el cuerpo a través de hábitos sostenidos en el tiempo.
Este tipo de alimentación puede ser adecuada para personas con antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad o problemas inflamatorios, así como para quienes buscan mejorar su bienestar mediante una nutrición preventiva. También suele recomendarse a personas interesadas en el envejecimiento saludable, el cuidado metabólico o la mejora del rendimiento físico y mental, siempre bajo supervisión profesional cuando existen patologías previas o necesidades específicas y concretas.
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