A medida que la noche del 31 de diciembre avanzaba, las calles del Casco Viejo de Pamplona se llenaban de un desfile espontáneo y colorido. No era Carnaval ni San Fermín, pero se le parecía lo suficiente como para que la ciudad se transformara en un escenario improvisado, donde la imaginación se mezclaba con el frío y cada disfraz contaba su propia historia.
Entre risas y luces parpadeantes se cruzaban procesiones dedicadas a San Jager, abuelos improvisados, balizas homologadas, científicas ridículas y ocas que no habían podido desfilar en Navidad junto al Olentzero.
Algunos de los disfraces más destacados
Uno de los grupos más llamativos avanzaba como una pequeña procesión por la plaza del Castillo. Vestidos de nazarenos y costaleros, cargaban un paso dedicado a San Jager.
Enrique Vallo, arquitecto improvisado de la cuadrilla, contaba que la idea había nacido “hace muchos años, en una noche loca de festival en Almería”, inspirados por un grupo musical andaluz. La estructura, hecha con persianas, plástico, tornillos y “muchas botellas de Jagermeister”, había sido probada desde la mañana para resistir hasta el amanecer. Cada paso que recorrían levantaba miradas y sonrisas entre la gente que caminaba bajo farolas y luces navideñas.
A pocos metros, otro grupo optaba por la sencillez y la calidez. Disfrazados de abuelos, improvisaron con boinas y ropa ancha que encontraron en las tiendas con apenas dos días de antelación. “Somos un desastre de grupo”, explicaba Pablo Gota, mientras su risa se mezclaba con la de sus amigos. La rapidez no restaba comodidad, ya que su vestimenta permitía llevar muchas capas térmicas para luchar contra la madrugada del primer día del año.
La actualidad también se coló entre los jóvenes. Una cuadrilla salió caracterizada como balizas homologadas, siguiendo la nueva normativa de tráfico. Compradas el mismo día 30 en el bazar y pegadas con “silicona de la buena”, las luces prometían iluminar la noche. “Esto aguanta toda la fiesta, aseguraba Asier Goñi.
Más elaborada, aunque igualmente improvisada, fue la propuesta de un grupo de amigas disfrazadas de cadenas de televisión. Cada una eligió su canal y representó sus elementos más reconocibles. El Hormiguero, Clan y Boing tuvieron su lugar a través de pedidos online y manualidades rápidas. El grupo de amigas de Amaia Aguinaga explicaba que querían ser originales y separarse de las ideas más típicas que salen en las redes sociales.
La nostalgia también encontró su espacio. Raquel López, Pablo Sala y María del Villar decidieron disfrazarse de ocas, después de que no pudieran salir en el desfile del Olentzero por la gripe aviar. “Si no salen el 24, que salgan el 31”, resumía Raquel mientras las aves de peluche se manifestaban a favor de las ocas.
Entre capas, luces parpadeantes, risas y disfraces de todo tipo, Pamplona volvió a dar la bienvenida al año fiel a una tradición no escrita: salir a la calle, encontrarse con amigos, dejar que la creatividad guiara cada disfraz y celebrar juntos, incluso a varios grados bajo cero, la llegada del nuevo año.