Expertos advierten del consumo de bebidas energéticas entre adolescentes navarros: "La cafeína es una droga que engancha"
Uno de cada tres menores de entre 14 y 18 años ha consumido estos refrescos en el último mes y el 14% los ha mezclado con alcohol | Los expertos ven con buenos ojos el anuncio del Estado de prohibir su venta a menores de 16 años
El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 anunció este pasado miércoles que va a prohibir la venta de todas las bebidas energéticas a menores de 16 años y a menores de 18 aquellas que tengan una alta dosis de cafeína. La noticia ha sido bien recibida por nutricionistas y pediatras que ya están constatando las consecuencias negativas de estos refrescos, cuya ingesta se ha incrementado en los últimos años.
En el caso de Navarra, uno de cada tres menores de entre 14 y 18 años (34,5%) ha consumido bebidas energéticas en el último mes, según recoge la encuesta Estudes que analiza a nivel estatal los consumos de sustancias. Especialmente preocupante es el consumo de los varones: el 44,1% de los adolescentes ha bebido estos refrescos en los últimos 30 días, frente al 22,8% de las chicas.
La tendencia ha ido en aumento en los últimos años hasta llegar al pico de consumo en 2023, cuando el 42,8% de los chicos y chicas de entre 14 y 18 años reconocían haber consumido bebidas energéticas en el último mes, pero en 2025 se registró un descenso de los consumos en Navarra y también estatal, cuya media de consumo se fija en el 38,4%, algo superior a la de la Comunidad Foral (34,5%).
Aunque las cifras probablemente sean inferiores al consumo real, lo que sí evidencian es que el boom de las bebidas energéticas se ha registrado sobre todo entre jóvenes y adolescentes. La encuesta Edades –que analiza los consumos de la población entre 15 y 64 años– recoge que solo el 14,4% de los navarros entre esas edades ha ingerido estos refrescos en el último mes, un porcentaje muy por debajo que el de los jóvenes. En varones asciende al 19,1% y en mujeres cae al 9,6%.
Además, a los riesgos de su consumo en solitario se añaden los de mezclarlos con otras sustancias, como puede ser el alcohol. El nutricionista navarro Javier Fernández Ligero subraya que combinar ambas “es una práctica peligrosa” ya que ambas generan adicción y “efectos placenteros a nivel cerebral al liberar dopamina”, lo que hace que haya casos de adicción difíciles de tratar.
Lidia Martínez, de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría, indica que en los servicios de Urgencias “vemos con preocupación este patrón de consumo porque, además de facilitar el desarrollo de intoxicaciones etílicas graves, al potenciar el efecto desinhibidor del alcohol aumenta el riesgo de realizar conductas peligrosas”.
En Navarra, según el Estudes, el 14,2% de los adolescentes reconoce haber mezclado bebidas energéticas con alcohol en el último mes, el 16,7% de los chicos y el 11,1% de las chicas. En el caso de la población de 15-64 años, el consumo mezclado con alcohol se reduce drásticamente al 1,5%. En el Estado, esta práctica es algo mayor: en adolescentes es del 15,2% y en la población general del 3,8%.
“Amenaza” para la juventud
Con estos patrones de consumo, el Ministerio va a poner en marcha una normativa para prohibir la venta de todas las bebidas energéticas a menores de 16 años, ante la evidencia científica de que las bebidas energéticas se han convertido en una “amenaza” para la salud de los jóvenes. Además, la cartera dirigida por el ministro Pablo Bustinduy plantea extender la prohibición a los menores de 18 años en el caso de las bebidas con más de 32 mg de cafeína por cada 100 ml.
“El Ministerio de Consumo lo que anuncia es la firme voluntad de sacar esta regulación adelante. Lo haremos con el instrumento jurídico más eficaz, y que pueda ver la luz en el menor plazo posible”, detalló Bustinduy, que aseguró también que existe un amplio consenso social sobre la cuestión.
En este sentido, buscará garantizar “que se proteja y se anteponga la protección de la salud de los niños, niñas y adolescentes sobre los intereses económicos de una industria muy poderosa, pero que no debe primar sobre la protección del bienestar y la salud de los niños”.
“La cafeína es legal pero no deja de ser una droga”
Las bebidas energéticas comenzaron a comercializarse en el Estado e introducirse masivamente en el mercado a principios de los años 2000. Desde entonces, la proliferación de marcas y el consumo ha ido en aumento, especialmente entre la población joven, tal y como reflejan las estadísticas. Ahora, el Gobierno central quiere prohibir su venta a menores de 16 años, pero, ¿por qué son tan perjudiciales?
Fernández Ligero explica que estos refrescos contienen una alta concentración de azúcar o edulcorantes y de cafeína, cuyo abuso puede provocar perjuicios para la salud.
“La cafeína, aunque es legal, no deja de ser una droga que está incluida en muchos alimentos. Es una sustancia que engancha porque libera dopamina, un neurotransmisor que genera motivación y placer, por eso puede llegar a provocar adicción”, expone Fernández.
Además, indica que un consumo excesivo de cafeína pueda generar “problemas cardiacos y arritmias, además de afectar al sistema nervioso central”. La cuestión, prosigue el nutricionista, es que en general como sociedad “cada vez dormimos peor y llevamos vidas más sedentarias”, por lo que muchas personas lo suplen con el consumo de estas bebidas: “Hay personas que se han acostumbrado a tomar bebidas con cafeína a diario y, si hay un día que no la consumen, presentan síndrome de abstinencia, con una mayor irritabilidad y cansancio”.
Esto, según apunta, les ocurre a personas con el café o la Coca-Cola, pero el problema es que estas bebidas energéticas “contienen 6 o 7 veces más cafeína”, por lo que su efecto es mayor.
Por otra parte, Fernández señala que estos refrescos energéticos también llevan altas dosis de azúcar o de edulcorantes. “Al consumir estas bebidas, producimos picos de glucosa que generan inflamación y a la larga contribuyen a una mayor tasa de sobrepeso, sobre todo entre la población adolescente”, indica.
En este sentido, advierte de que tampoco hay que fiarse de las bebidas que se supone que no llevan azúcar: “Como el azúcar se ha demonizado bastante, las empresas lo suelen enmascarar con edulcorantes, pero la realidad es que sus efectos negativos son los mismos e incluso peores”.
