Más de la mitad del colectivo LGTBI+ sufre odio, con el trabajo como nuevo foco de riesgo
La reiteración de episodios de odio apunta a una problemática que deja de ser puntual para consolidarse
La violencia y el rechazo hacia las personas LGTBI+ no solo persisten, sino que se intensifican. Más de la mitad de las personas del colectivo LGTBI+, un 54%, se ha visto envuelta en alguna situación de odio o discriminación en el último año, ya sea en espacios físicos como en el entorno digital.
Así lo recoge el informe Estado del Odio 2026, que sitúa este aumento entre los 8 y los 13 puntos, especialmente en lo relativo al acoso en espacios públicos y a la proliferación de discursos hostiles.
El estudio refleja tanto la magnitud del problema como su evolución al alza. Los datos confirman la tendencia: el acoso ha pasado del 20% al 36%, la discriminación del 23% al 29%, y las agresiones físicas se han triplicado, del 7% al 22% en apenas dos años.
Un fenómeno que se repite
El informe subraya el carácter reiterado de estas situaciones. Lejos de tratarse de episodios aislados, más de la mitad de las personas que han sufrido odio assegura haberlo vivido en más de tres ocasiones en los últimos cinco años, lo que, sin duda, apunta a una dinámica que se hace cada vez más patente.
Este patrón evidencia la normalización de una violencia que impacta de forma continuada en la vida de las personas afectadas. Dentro del propio colectivo LGTBI+, los diferentes perfiles presentan diversos niveles de exposición a este tipo de agresiones. Las personas trans, las más jóvenes o aquellas en contextos de mayor vulnerabilidad económica registran mayores niveles de victimización. Además, los factores como el origen racial o la discapacidad incrementan el riesgo.
El foco se traslada al ámbito laboral
A pesar de que la vía pública sigue siendo el principal escenario en donde se registran los episodios más graves de odio -un 32% de los incidentes-, el informe introduce un cambio significativo: el ámbito laboral se sitúa como el segundo entorno con mayor incidencia, concentrando hasta un 13% de las agresiones.
Este ascenso se ha producido en apenas un año, situando el entorno profesional como uno de los principales focos de trato desigual, donde se manifiestan desde insultos hasta vulneraciones de derechos fundamentales.
Tras estos ámbitos se encuentran otros como el entorno familiar (11%), los transportes (9%), los espacios de ocio (9%) o el sistema educativo (6%), mientras que el ámbito sanitario presenta una incidencia menor, aunque también relevante (4%).
Las redes sociales como amplificador
Cuatro de cada diez personas afirman haber sufrido ataques en plataformas digitales, donde la forma más habitual de agresión son los insultos o las amenazas. Sobre todo, las redes sociales se consolidan como un canal relevante de odio, actuando como altavoz de los discursos hostiles, ampliando su alcance y prolongando la exposición de las víctimas más allá de los espacios físicos.
A pesar del aumento de las denuncias, que alcanzan un 35% en 2026, casi el doble que en 2024, persiste un elevado número de víctimas que no denuncian estas agresiones. Cerca de la mitad de perjudicados no acude a las autoridades.
Entre los motivos expuestos, destacan la desconfianza en la eficacia institucional y la falta de formación percibida en los cuerpos encargados de gestionar estos casos. Entre las personas que sí denuncian, destacan más las experiencias negativas (74%) que positivas (57%) durante el proceso.
Muchas de las víctimas optan por recurrir a asociaciones antes que a organismos públicos. "El colectivo busca ayuda, pero no la encuentra en los organismos públicos, sino en las entidades sociales", denuncia la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+, Paula Iglesias.
Más allá de los datos
El impacto no se limita a las cifras, el informe recoge un deterioro significativo del bienestar emocional de las personas afectadas. Laura Morales, profesora de investigación del IPP (CSIC) y coautora del informe destaca que los resultados del estudio indican que el odio tiene efectos tanto individuales como sociales considerables, "ya que experimentan mayores niveles de sintomatología depresiva, ansiedad, estrés, apatía, soledad, rabia, enfado y miedo. Además, es un factor relevante que conduce a las personas LGTBI+ al sexilio, independientemente del tamaño del municipio de residencia".
En este sentido, apunta que "es preocupante que la experiencia de situaciones de odio se mantenga en niveles tan elevados en los últimos dos años, lo que puede apuntar a la existencia de un clima social y político que permite y legitima la violencia contra las personas LGTBI+. El riesgo es que estos niveles de odio puedan convertirse en estructurales si la acción pública de los poderes públicos no se dirige de manera eficaz a combatirlo".
Necesidad de medidas estructurales
Ante este escenario, la presidenta de la Federación ha incidido en la necesidad de la aprobación urgente de un Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos en situación de vulnerabilidad. "Nuestras vidas están en juego y solo un consenso democrático, como el Pacto de Estado, podrá garantizar una protección estable y duradera contra los discursos de odio que son la antesala de la violencia", defiende.
El objetivo es evitar que los niveles actuales de violencia se consoliden como estructurales. La evolución registrada en los últimos años apunta a una tendencia sostenida que, de no abordarse con medidas eficaces, podría afianzarse y dificultar su reversión.
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