Los centros educativos o laborales, los lugares con más discriminación racial en Navarra
Casi el 20% de los jóvenes migrantes de Navarra han sentido un trato desigual, principalmente por su idioma o su religión
La diversidad ha dejado de ser una excepción para convertirse en una norma en la Comunidad Foral de Navarra. En la actualidad, una de cada cuatro personas jóvenes navarras han nacido fuera de España, y un tercio proviene de familias donde ambos progenitores han nacido en el extranjero. Estos datos que expuso la vicepresidenta tercera, Begoña Alfaro, el pasado jueves en una rueda de prensa, forman parte del estudio Juventud y movimientos migratorios, en el que el Instituto Navarro de la Juventud analiza los perfiles ideológicos y la relación entre los jóvenes y la migración.
El informe revela que las interacciones entre personas de difrentes orígenes, culturas y religiones se producen, sobre todo, en los centros educativos o laborales (42,7%). Sin embargo, estos espacios en los que hay mayor concentración de diversidad son, al mismo tiempo, donde más jóvenes dicen haberse sentido discriminados y donde este trato desigual ocurre con mayor frecuencia. Los espacios de ocio constituyen el segundo lugar más intolerante, seguidos de las tiendas y comercios, los grupos de amistades, el acceso a servicios públicos y las actividades deportivas y finalmente, el acceso a la vivienda.
En el análisis se incluyen las respuestas de 701 jóvenes de entre 16 y 30 años, de los cuales un 68% han nacido en Navarra, un 7,8% proceden de otras Comunidades Autónomas, y un 23,9% han nacido en el extranjero. En él se puede comprobar que el 20% de la población joven mirgante ha sentido algún tipo de discriminación, frente al 11% de la población autóctona. Esta desigualdad se concentra, además, en mujeres jóvenes, de más de 25 años, y nacidas fuera del Estado. Entre los orígenes de esta discriminación, las personas migrantes destacan la forma de hablar, la religión o creencias o la forma de vestir, algo que Eva Gurría, Directora General de Políticas Migratorias, explicó que coincide “con los estudios de discriminación que se dan en otros lugares”.
Emigrar tiene impacto positivo
Preguntadas acerca de cómo el proceso migratorio ha afectado a sus vidas, la mayoría de personas que han cambiado de residencia en alguna ocasión dicen que esta alteración no ha tenido impacto alguno en sus vidas. A su vez, el porcentaje de personas para las que la emigración ha supuesto un cambio positivo es mayor que el de aquellas para quienes ha significado algo negativo.
En este sentido, quienes han cambiado de residencia se han sentido beneficiados, sobre todo, en cuanto a oportunidades laborales y expectativas de futuro, trayectoria educativa, bienestar emocional y acceso a servicios. En el caso de las relaciones familiares y las amistades –las categorías que mayor impacto negativo registran– el balance no es tan positivo pues, aunque que se crean nuevos vínculos durante el proceso, el peso de las que se pierden también es importante. Por último, la situación económica es la categoría con menos votos “muy positivos”, debido a que los beneficios que trae el cambio de residencia no siempre compensan los costes a afrontar.
Las personas que se han desplazado, dentro de su municipio, a otro barrio, lo han hecho, principalmente, por decisión familiar, al igual que quienes se han mudado a otro municipio. Mientras, los jóvenes que se han trasladado a una comunidad autónoma distinta lo han hecho por los estudios, y quienes han abandonado su país para emigrar a otro distinto, han tomado la decisión por decisión familiar y en busca de una calidad de vida, una vivienda, un entorno o unos servicios mejores.
¿Cómo son los jóvenes navarros?
De la muestra analizada, la religión católica es la más popular entre los jóvenes, seguida del agnosticismo, la religión musulmana, el evangelismo protestante o los testigos de Jehová, las creencias sin afiliaciones religiosas y otras opciones. Mientras, el 32,8% de ellos, la mayor parte, dice no identificarse con ninguna religión.
La mayoría de los jóvenes encuestados –sobre todo, las mujeres– se consideran personas que promueven la igualdad, pero tan solo el 4,8% de ellos han tomado acción en iniciativas que apoyan la causa. Es más, tan solo el 23,2% de ellos consideran que su activismo puede contribuir “mucho” o “totalmente” al cambio, frente al 37,1% que considera que esto aporta “poco” o “nada”.