La violencia machista se ha cobrado la vida de dos mujeres en Navarra en apenas tres meses, en un repunte de feminicidios que preocupa a las instituciones y que demuestra que no se puede bajar la guardia ante esta violencia estructural. En los dos últimos asesinatos ocurridos en la Comunidad Foral, el de Tatiana Rodríguez en Sarriguren en febrero, y el pasado domingo el de Saida El Yousif en Arguedas, se da la circunstancia de que eran madres de familia y que no se encontraban en el sistema Viogen, que recoge las denuncias policiales de violencia machista en todo el Estado.
En la estadística que maneja el Ministerio del Interior, se recuerda que en Navarra existen en la actualidad hasta 2.175 casos activos de violencia de género. De los mismos, 1.792 se encuentran en nivel bajo de riesgo de volver a sufrir violencia, 352 están en riesgo medio, 28 mujeres víctimas se tipifican en riesgo alto mientras que existen otros tres casos en riesgo extremo de que puedan ser agredidas de nuevo por sus parejas o exparejas. En ese contexto, 31 de dichas víctimas no han alcanzado siquiera los 18 años y por tanto son menores de edad.
Y también por la situación de vulnerabilidad que se genera a todos los niveles, la estadística oficial se encarga también de reflejar que existen 1.182 casos de mujeres que han denunciado violencia machista y que tienen menores a su cargo. De las denuncias registradas en el sistema estatal con incidencia en Navarra, hasta 20 de ellas se refieren a casos con menores en situación también de riesgo, al igual que sus madres víctimas, y otros 278 son casos de especial relevancia por las circunstancias familiares y en los que se detecta una especial combinación de indicadores que aumentan de manera significativa la probabilidad de que el agresor ejerza sobre la víctima violencia muy grave o letal.
Debido al último asesinato ocurrido en el municipio ribero, la directora gerente del Instituto Navarro para la Igualdad (INAI), Patricia Abad, alertó ayer de “un cierto repunte” de feminicidios, después de que Navarra haya registrado dos casos en un año, tras un periodo en el que la comunidad había permanecido libre de este tipo de violencia, algo que calificó de “lamentable”.
Abad enmarcó esta situación en la tendencia constatada en la última reunión de las comunidades autónomas. “No tiene por qué ser una tendencia, pero nos preocupa, porque tiene que ver con elementos que operan en el entorno social”, advirtió. En este sentido, apuntó a la “banalización de algunos procesos”, la “complejidad social” y las situaciones socioeconómicas como factores que “están en la base de la violencia”.