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El 61% de agresores sexuales en Navarra presenta algún trastorno, la mayoría por adicciones

Una tesis de la psicóloga navarra Sofía Remón estudia el programa para tratar a agresores de 2011 a 2024 y resalta los antecedentes por maltrato, en un 32% de casos

El 61% de agresores sexuales en Navarra presenta algún trastorno, la mayoría por adicciones

Una tesis doctoral elaborada por la psicóloga Sofía Remón Chozas (Pamplona, 19-4-1994) en el departamento de Psicología Social de la Universidad del País Vasco (EHU) ha analizado a un centenar de agresores sexuales que han realizado en Navarra entre 2011 y 2024 el Programa de Tratamiento para el Control de la Agresión Sexual (PCAS). Impartido tanto en prisión como en medio ambulatorio en esas fechas por el gabinete de psicología jurídica y forense Psimae, con el que la autora de la tesis colabora desde hace siete años, el programa ha servido de base para una investigación que “busca verificar si dicho programa produce una disminución estadísticamente significativa de la sintomatología y una mejora en el índice global de expresión de la ira en el total de la muestra de participantes”.

Entre las principales conclusiones que destacan en el trabajo se alude al éxito o mejoría del programa si este concluye y “a la idea de que los perfiles de los agresores sexuales en Navarra son completamente heterogéneos, con características compartidas entre estos individuos”. Según los resultados, un 32% de la muestra (agresores que participan en el programa) reporta antecedentes de maltrato infantil, de los cuales un 27% lo ha sufrido directamente y un 5% lo ha presenciado. La psicóloga jurídica y penitenciaria añade que seguramente estas cifras son aún más altas puesto que “cuando haces la historia de vida o los modelos de crianza que han tenido en casa estas personas, hay muchos que no son ni conscientes que han tenido un modelo de crianza con el castigo físico, que ellos no lo valoran como maltrato, y que han sido modelos muy autoritarios y violentos".

En cuanto a los antecedentes psiquiátricos, más de la mitad de los sujetos (61%) presentan algún trastorno previo, siendo el más común el diagnostico de adicciones en un 38% de los sujetos, seguidos de los trastornos de personalidad (14%) y los trastornos emocionales (9%). “Llegan muchas personas que no han sido diagnosticadas. Ese trastorno les permite vivir de algún modo en la estabilidad, con su trabajo, familia, pareja, no les despunta tanto y por tanto llegan al programa sin diagnosticar”, concreta la experta.

Factores de riesgo entre los agresores

Al ser cuestionada por si cualquier persona puede convertirse en un agresor sexual, Remón indica que “sí, puesto que no hay indicadores que te hagan ser caballito blanco en cuanto a cometer este tipo de delitos. Pero es evidente que hay unos factores de riesgo que condicionan”. Y, por tanto, ¿cuáles son esos factores de riesgo? “No todas las personas que consumen alcohol y drogas o que han sufrido maltrato infantil son potencialmente agresores sexuales, pero sí que vemos que los agresores comparten una serie de características como esas. Ahí entra también la falta de habilidades en el campo emocional, la baja tolerancia a la frustración. Entre el 80-90% de los casos los agresores son varones y las víctimas son mujeres o menores de edad. Nos encontramos con personas que sienten la ira pero que no son capaces de expresarla. Cuando hay una emoción como la ira, que se reprime, se junta con otros factores como los consumos tóxicos o situaciones estresantes, se dan una serie de variables que pueden explotar de una manera muy inadecuada”.

Éxito, mejoría y fracaso en los programas de intervención

En la muestra analizada en la tesis, al finalizar el programa se observa éxito en 25 participantes (39,1%), mejoría en 36 de ellos (56,2%) y fracaso en otros tres (4,7%), sumadas las intervenciones tanto en reclusos que cumplen condena en prisión como a aquellos que están en la calle porque su condena no es tan grave. El porcentaje de fracasos responde a un criterio de evaluación final “donde valoramos la sintomatología (antes y después del programa, como la ira, los síntomas ansiosos y depresivos...), el control de la impulsividad, o los pensamientos distorsionados. “Suelen ser personas impulsivas y nos encontramos mucho con personas obsesivas, con tendencia al aislamiento social, con baja tolerancia a la frustración. Pueden gestionarlo bien si no ocurre nada, pero en el momento en el que entra en juego un factor crítico pueden explotar de una manera más inadecuada”, certifica la experta.

“El porno y las redes están muy presentes en agresores juveniles”

¿Hay algún factor de riesgo entre los agresores?

–Cuando hablamos de violencia sexual, el espectro es muy amplio. Ya nuestra ley es muy amplia. A veces hablamos de agresores sexuales que asimilamos al violador clásico. Pero el Código Penal refleja que desde un tocamiento o compartir imágenes íntimas y no consentidas forman parte del tipo de delitos de agresión sexual. En los jóvenes el factor de las redes sociales y la pornografía a través de internet es un factor súperpresente. Muchas veces porque creo que no han asumido que eso es un delito, les hace gracia incluso compartir una mujer desnuda u otro tipo de fotos. No tienen ni conciencia pese a que se hace un esfuerzo grande en formarles en colegios y en informarles de lo que supone. Cuando te llega un chaval de 14 años, ponerle la etiqueta de agresor sexual es duro. De hecho no se les llama agresores, sino infractores, pero habrá que ver qué tipo de delito ha cometido. Todos vienen con escasa o nula formación sexual, tanto los jóvenes como los adultos.

Sofía Remón Chozas, autora de una tesis sobre los agresores sexuales en Navarra en los últimos 15 años.

¿Hay grandes diferencias en el programa entre quienes están en prisión y los que están en libertad?

–Sí, sin duda. Una de las hipótesis era que hubiera una mayor mejoría en los participantes en la muestra que proceden de fuera de prisión, teniendo en cuenta que están en un entorno más amable y estable, y la realidad es que los datos nos han dicho que no, que en los participantes de prisión la tasa de mejoría o de éxito es mayor que en las intervenciones en medio abierto. Realizar el programa en prisión tiene una gran importancia, sobre todo si lo finalizan. También hay reclusos que pasan a otro recurso, o cambian de cárcel, y si se quedan a medias y no llegas a terminar la intervención, ésta no puede terminar de modo satisfactorio. Pero si lo terminan, será un gran éxito. Otra cosa será la transición a que salgan de la cárcel, puesto que no es lo mismo estar varios años en prisión, sin trabajo, sin familia, quizás con una orden de alejamiento de tu lugar de residencia. Así, empiezas por ejemplo a compartir un piso porque no puedes vivir de otra forma y no tienes ayuda”.

El codirector de la tesis, Josean Echauri, añade que “esa transición es un gran factor de riesgo. En Catalunya han impulsado un programa que aborda esta situación y que está muy bien. Se llama Círculos y consiste en que un grupo de personas ayuda a la transición postpenitenciaria, para ayudarles en tecnologías o a tramitar papeles. Esa transición cuesta mucho. La sociedad es en gran parte hipócrita, se nos llena la boca de hablar de reinserción, pero nadie quiere tener de vecino a un agresor”.