La psicóloga navarra Sofía Remón: "Un agresor puede ser cualquiera, no hay un perfil, lo que comparten son factores de riesgo”
La especialista aborda en esta entrevista claves sobre los agresores sexuales en Navarra y muestra la tendencia a que cada vez haya más infractores jóvenes
Experta en psicología jurídica y penitenciaria y en psicopatología criminal, Sofía Remón ha trabajado años de la mano de Psimae en el programa de agresores sexuales.
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¿Un agresor sexual se puede curar y es más reincidente que otro tipo de delincuentes?
–Nosotros no nos movemos en términos de curación, sino en si hay una reincidencia o no. Distinguimos si esa reincidencia se produce en un delito de naturaleza similar, sexual en este caso, o en otro tipo de delito. En esta tesis se evalúa la eficacia del programa, no la reincidencia, que seria la línea futura, ver si reinciden o no después de haberles impartido el programa. Al final nos guiamos por datos y estos demuestran que el programa es eficaz en una gran mayoría de casos. En cuanto a la reincidencia de agresores sexuales frente a otros delincuentes, lo que dicen los datos es contrario seguramente a lo que la gente cree. La tasa de reincidencia de los agresores es menor frente a otro tipo de delitos, incluso cuando luego hay una reincidencia delictiva tiene más posibilidades de que reincida en otro tipo de delitos que en uno sexual.
En ese tránsito de años que aborda el trabajo, ¿se aprecia alguna diferencia entre agresores más jóvenes y los más adultos?
–Los agresores sexuales adultos tienen características más específicas y diferentes a otro tipo de delincuentes. Cuando se analizan infractores sexuales juveniles se aprecia que comparten características con otros delincuentes menores de edad que cometen otro tipo de delitos. Eso no se ve en adultos. Los primeros años del estudio no se veían agresores sexuales tan jóvenes, pero el 10% de la muestra de la tesis se corresponde con infractores menores de 18 años, mientras que el 6% son mayores de 65 años y la edad media del conjunto es de 37 años. En la muestra son todo hombres, pero en los primeros meses de 2025 entraron al programa las primeras mujeres condenadas por delitos sexuales.
¿Hay un perfil de agresor?
–No hay un agresor sexual perfilado, no se le puede predecir antes de que actúe, no se le conoce antes de que cometa el delito antes y por eso no se puede intervenir antes. Lo que hay son factores de riesgo. Además, hay un grupo dentro de los agresores sexuales a los que se denomina ocasionales. Es decir, un joven que sale de fiesta con los amigos una noche, que no tiene antecedentes de este tipo ni de ningún otro, y que en un momento dado puede tener un comportamiento sexual delictivo, un tocamiento a una mujer o aprovecharse de alguien en estado inconsciente cuando la ve por la calle. Son ocasionales, no son reincidentes, no es un depredador sexual al uso, pero sí que es verdad que es una persona que se ha convertido en agresor al responder así a una situación concreta a la que se enfrenta. A veces en el imaginario colectivo tenemos como muy focalizada esa parte, pero es que cualquiera puede ser un agresor.
No se puede predecir una agresión, pero ¿no habían tenido comportamientos anteriores similares?
–A veces se nota mucha falta de trabajo en la parte sexual o que igual hayan cometido antes delitos más leves como tocamientos, que no se les denunció. Y luego sale lo gordo.
“No se puede predecir ni actuar antes con un agresor. Un 10% de los que tratamos son menores de edad”
Esos agresores ocasionales generan una gran alarma social, pero la mayoría de este tipo de delitos se producen en un ámbito más íntimo e incluso dentro del hogar.
–Hay muchos que se dan en el ámbito intrafamiliar, en relaciones de pareja jóvenes, donde el consentimiento es básico. Luego están los abusos intrafamiliares que no es lo mismo que se cometa una vez a que se cometa durante mucho tiempo. Se trata de un delito muy variado, con una tipología muy diversa.
Josean Echauri, que ha sido codirector de la tesis y lidera el gabinete Psimae, está presente en la entrevista. A su juicio, la delincuencia sexual “es variadísima. La ley anterior distinguía entre abuso y agresión, aunque yo no compartía que ciertas co-sas estuvieran tipificadas como abuso y tuvieran menos carga de condena, como por el hecho de que una víctima estuviera inconsciente se le llamara abuso, cuando yo creo que sería incluso una agravante. Ahora, pasar a llamarlo todo del mismo modo me parece un error incluso para las propias víctimas, porque muchas veces no se sienten identificadas. Hay mujeres que son tocadas y manoseadas que no se sienten víctimas de una agresión sexual. A veces esa terminología o colgar esas etiquetas no ayuda a solucionar el problema”, recuerda Echauri.
“La etiqueta de agresor sexual pesa tanto en la cárcel, como en la familia o en el vecindario”
¿Hay alguna sensación de arrepentimiento, son conscientes de ello?
–Es un objetivo pilar del programa. El reconocimiento del delito y la asunción de la responsabilidad pasan por ser cruciales. Es cierto que todas las personas cuando llegan al programa no hablan de un reconocimiento expreso, es una condición para realizar el programa en prisión que haya ese reconocimiento. Cuando se van trabajando los diferentes módulos, porque hay alguno que te lo puede decir, pero ves que no hay una conciencia real, si van avanzando el programa donde se trabaja la parte emocional, diría que sí hay un arrepentimiento o al menos una conciencia del daño que han hecho.
¿Piensa que al terminar ese programa les pesa ese etiqueta?
–Completamente sí. En prisión es el delito que mayor peso tiene entre internos, incluso en la parte social. Se lleva mejor a la hora de estar encarcelado ser asesino que ser agresor sexual. Incluso en un vecindario o en una familia. Y en ese sentido tienes el registro de agresores sexuales que durante años te va a seguir recordando tu delito, cosa que otros delitos terminas de cumplir pena y hasta ahí hemos llegado. Para trabajar no piden antecedentes de robos, drogas o violencia machista.
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