En 1946 toda la atención mundial tenía sus ojos puestos en Nuremberg. El Tribunal Militar Internacional juzgó a los más altos jerarcas nazis en la Sala 600 del Palacio de Justicia de la ciudad bávara. Se cumplía así la resolución adoptada poco antes por los aliados en la Conferencia de Londres de que los primeros procesos se celebraran en esta ciudad, principalmente por su especial simbolismo y motivos de infraestructura.

El juez federal Robert H. Jackson, acusador principal durante el juicio por parte de los Estados Unidos, sugirió este edificio de la Fürtherstrasse porque disponía de unas instalaciones con la amplitud precisa para albergar todo el entramado de un proceso de semejante importancia: 22.000 metros cuadrados y más de cinco mil oficinas en buen estado, ya que apenas si había sufrido el efecto de los bombardeos. Estas ventajas se veían complementadas con la existencia de una prisión adosada al edificio. La palabra de Jackson debió tener peso. De hecho su nombramiento había llegado de la mismísima presidencia norteamericana. Su opinión prevaleció sobre la de las autoridades rusas que querían celebrarlo en Berlín.

Foto nocturna de Nuremberg. Begoña E. Ocerin

El juicio de Nuremberg se inició el 20 de noviembre de 1945 bajo la presidencia de Lord Geoffrey Lawrence. La acusación estuvo a cargo de abogados americanos, rusos, ingleses y franceses. Fueron interrogadas 236 personas, lo que exigió la labor de un millar de personas que trabajaron denodadamente siguiendo la jurisprudencia anglosajona. El 31 de agosto de 1946 el proceso quedó listo para sentencia.

Orgullosa y romántica

Nuremberg pasa por ser una de las ciudades más románticas de Alemania, no en vano, tras su destrucción casi total durante la II Guerra Mundial, fue reconstruida con sumo mimo para que quedara como antes. El sano orgullo del que hacen gala sus habitantes está justificado por su destacada importancia en el Medievo. Fue lugar de acción de los Maestros Cantores evocados por Wagner; de Alberto Durero, el pintor más famoso del Renacimiento alemán, y del poeta y dramaturgo Hans Sachs. Sus casas de muros entramados, sus murallas con sus imponentes torres, y los tesoros de las obras de arte en las iglesias de San Lorenzo y San Sebaldo, en el altivo Kaiserberg y en el Museo Nacional Germánico le proporcionan un aspecto encantador. Nuremberg es además conocido en todo el mundo por sus salchichas, sus angelitos de oropel y sobre todo por sus juguetes.

Edificio donde tuvieron lugar los juicios. B.E.O.

Cuando se recorren sus calles da la impresión de estar haciéndolo por un inmenso museo. Las obras de arte asoman por doquier: la filigrana de una fuente gótica, el globo lunar de un reloj astronómico y las figuras mecánicas de la Frauenkirche, la casa de arenisca rojiza y madera donde Durero vivió sus veinte últimos años de vida, la Schöner Brunnen o fuente bonita de la plaza del mercado con sus cuarenta figuras doradas arracimadas en forma de pirámide que representan papas, reyes, héroes clásicos y profetas bíblicos…   

Fanatismo nazi

Aseguran los viejos legajos que los orígenes de la segunda ciudad del Land de Baviera se remontan al año 1040 jugando a partir de entonces un papel clave en la historia de Europa. Fue sede de aquellas dietas o asambleas del Sacro Imperio Románico Germánico en las que la burguesía y el clero marcaban las leyes. De ahí la riqueza arquitectónica de sus construcciones. Hitler la eligió como lugar de reunión de multitudes, tal vez por intentar estar a esa altura histórica, y le concedió la denominación de “ciudad de los congresos nacionales del Reich”. El romanticismo de Nuremberg declinó a favor de las concentraciones militares para las que Albert Speer, arquitecto oficial del Reich, adaptó la vieja explanada utilizada por Ferdinan von Zeppelin en sus pruebas con los globos aerostáticos. Construyó allí la famosa tribuna desde la que el dictador nazi proclamaba sus leyes raciales ante sus fanáticos seguidores.

El resultado final fue el desastre que todos conocemos. Tras Dresde fue Nuremberg la ciudad alemana más destruida por los bombardeos de la II Guerra Mundial. Su reconstrucción se llevó a cabo con sumo cuidado, siguiendo los planos y estructuras anteriores por lo que ha vuelto a adquirir el aspecto medieval y renacentista primitivo.

Entre los pocos edificios que se salvaron de la demolición estaba el Palacio de Justicia. En la sala elegida para el proceso se introdujeron algunas variaciones, como la construcción de tribunas para el público ocupadas hoy por cuatro ventanas desde las que se puede ver el escenario real del acontecimiento y una exposición que rememora el histórico Juicio de Nuremberg.

Sala donde se celebró el juicio en detalle. B.E.O.

Un proceso memorable

Hoy el Memorial Nürnberger Prozesse, inaugurado en 2010, ofrece una amplia visión documental de lo que fue el encausamiento de la injusticia y el mayor avance que hasta entonces se había hecho hacia una jurisdicción penal internacional. Por primera vez en la historia los responsables de un Estado respondían ante la justicia por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Aún parecen resonar en la sala las palabras que pronunció Jackson en su alocución final: “Tenemos que reunir tal objetividad e integridad intelectual en nuestra tarea que este juicio pase a la posteridad como uno que colmó las aspiraciones de justicia de la Humanidad”.

En el juicio, que duró 218 días, declararon algunos supervivientes de los campos de concentración, de los que, además, se ofrecieron imágenes documentales. Finalmente, el 31 de agosto de 1946 el jurado se retiró a deliberar. Un mes más tarde se expusieron las pruebas contra los procesados y contra las organizaciones criminales Cuerpo del Mando Político del Partido Nacionalsocialista Alemán (NSDAP), Servicio Secreto de Seguridad, Gestapo y SS. El 1 de octubre los jueces se turnaron para la lectura y el razonamiento del dictamen.

Ese mismo día, el diario Süddeutsche Zeitung publicó una edición especial con las históricas sentencias: tres absoluciones, doce condenas a muerte en la horca, tres cadenas perpetuas, y cuatro largas penas de cárcel.

Los principales cargos que recayeron sobre ellos hacían referencia a una conspiración contra la paz mundial; la planificación, provocación y realización de una guerra ofensiva; crímenes y atentados contra el derecho de Guerra, y crímenes inhumanos.

Edición especial de la prensa de la época sobre el Juicio de Nuremberg. B.E.O.

Memoria histórica

En el Memorial se escenifica este proceso mediante paneles explicativos, si bien también se ocupa de otras causas posteriores que se siguieron contra individuos de menor responsabilidad. Entre 1946 y 1949 se celebraron en Nuremberg ante tribunales militares norteamericanos doce procesos contra 177 destacados médicos, industriales, juristas, mandos policiales y de la SS, diplomáticos, funcionarios y militares. De esta forma se evidenció hasta qué punto las clases dirigentes alemanas habían contribuido a la implantación y funcionamiento del régimen nacionalsocialista.

La llegada de la Guerra Fría atenuó las penas. Estados Unidos veía en la recién fundada República Federal de Alemania un aliado contra el comunismo. De ahí que se indultara a los condenados a muerte y que las penas de prisión se redujeran. También hubo juicios penales contra los nazis ante tribunales alemanes. Posiblemente los más famosos fueran los que tuvieron lugar en Frankfurt del Main entre 1963 y 1965 y en Dusseldorf entre 1975 y 1981 contra los responsables de los campos de concentración de Auschwitz y Majdanek respectivamente.

Campo de Zeppelin, en una concentración nazi. B.E.O.

El gran escritor estadounidense Abby Mann recogió muy bien la esencia de estos procesos cuando escribió primero el guión de una serie para la televisión americana y, dado su éxito, el de la película Vencedores o vencidos en la que se encausa a cuatro juristas que, lejos de enfrentarse al régimen, lo apoyaron dictando leyes injustas. En la ficción, el juez Dan Haywood justifica la acción penal contra los acusados con estas palabras: “Simples crímenes y atrocidades no constituyen el punto más grave de los cargos formulados. Lo grave es el hecho de haber tomado parte conscientemente en un sistema de tremenda crueldad e injusticia impuesto por el gobierno con absoluto desprecio de todos los principios morales y legales reconocidos en las naciones civilizadas”. Los juicios de Nuremberg que tuvieron lugar en la zona norteamericana finalizaron el 14 de julio de 1949. Noventa y nueve personas fueron sentenciadas a penas de prisión.

Hoy soplan otros vientos sobre el Campo de Zeppelin. La enorme esvástica que coronaba la tribuna construida por Albert Speer fue volada. Si por curiosidad te asomas al balcón desde donde Hitler arengaba a sus seguidores no ves ya desfiles militares, sino una gran avenida y jardines con árboles que susurran aires de libertad, tan lejanos de aquellos “Sieg Heil!” con que le obsequiaban al dictador. Los mil años de nazismo prometidos se redujeron a una docena. Jamás en tan poco tiempo se pudo hacer tanto daño.