Nata Moreno: "Ara Malikian inspira y regala alas y libertad"

La actriz y directora nos habla de 'Ara Malikian: una vida entre las cuerdas' una mirada a la vida de su marido

22.04.2020 | 16:16
Nata Moreno es cineasta y esposa de Ara Malikian.

Nata Moreno significa mucho en la vida de Ara Malikian, el violinista que ha cautivado al mundo. Es su pareja y madre de su hijo, y también quien dirige todos sus espectáculos. Sonríe cuando recuerda cómo se conocieron y cómo han permanecido juntos desde entonces. Actriz, guionista y realizadora, en 2018 rodó su primer largo documental, Ara Malikian: una vida entre las cuerdas, trabajo en el que deja al descubierto cómo fue la infancia nómada este artista libanés de origen armenio que se ha convertido en uno de los músicos más carismáticos del siglo XXI.

Hemos leído que recibió de su suegro 25 cajas llenas de recuerdos de Ara Malikian desde que tenía cuatro años. ¿Fue lo que determinó que quisiera contar su historia?
Tengo que aclarar que el padre de Ara no me envió a mí las cajas. Cuando murió, yo ya vivía con él en su casa, y fue allá a donde se enviaron esas 25 cajas llenas de recuerdos de mi marido. En esas cajas encontré un material muy valioso. Había Super8, cintas grabadas, entradas, todos los programas de los recitales y conciertos que su hijo había dado... Sus padres habían sido muy meticulosos.

Y le sirvió para conocer mejor a su pareja, ¿no? ¿Descubrió algo de él que no supiera ya?
Por supuesto, para mí fue todo un descubrimiento. Descubrí muchísimas cosas que hasta entonces me eran desconocidas, pero también he visto miradas nuevas de mi marido a lo largo de los cinco años que tardé en hacer este documental. La vida la vivimos, no la contamos a no ser que sea en un ambiente terapéutico o de psicoanálisis. En pareja te cuentas las cosas, pero no recorres todos los capítulos de tu vida.

¿Qué es lo que más le ha impresionado de Ara y de su vida?
Haciendo el documental conocí mejor el alcance del genocidio armenio. Preparándolo me fui a Líbano, porque quería ver dónde había vivido exactamente Ara cuando era niño. También viajé a Ereván (la capital de Armenia) para saber más sobre ese genocidio y sobre los antepasados de mi marido.

Ara Malikian es un hombre parco en palabras, ¿cómo se tomó que usted quisiera hacer un documental sobre su vida?
A priori no le gustó mucho. Le pareció que era un ejercicio de ego exagerado y el colmo era que lo hiciera yo, su mujer.

¿Y cómo consiguió convencerle?
Fue él mismo el que fue viendo con el tiempo que su historia podría servir para otras personas. Se convenció de que podía inspirar. Ese punto fue en el que ambos encontramos el sentido para hacer el documental.
Escuchamos su música y la pasión que pone en ella, pero, ¿qué es para usted?
Muchas cosas, muchas emociones. Para mí no solo es música interpretada en un escenario, es un artista, un creador, es la persona que está a mi lado todos los días; es alguien que inspira y regala alas y libertad.

"Entre la música y sus silencios está todo contado"


¿Cómo se planteó el documental?
Fue surgiendo. Date cuenta de que es el trabajo de cinco años. Parte de esos recuerdos que sus padres fueron atesorando a lo largo de los años y de dos largas entrevistas con él. De él es la banda sonora, menos el tema final, que lo interpreta Enrique Bunbury.

¿Es Ara un hombre tímido?
Mucho. Es un hombre, tú lo has dicho antes, parco en palabras, un enamorado de la música, y pienso que si un día deja de tocar sería su fin, se moriría. Cuando se ve este documental se comprende que no hacen falta palabras. Entre la música y sus silencios está todo contado.

¿Se puede ser objetiva cuando lo que está narrando tiene una implicación tan personal?
Yo lo he intentado, pero es cierto que soy una persona que está a su lado todos los días, vivimos juntos y trabajamos juntos, aunque cada uno en lo suyo. El documental significaba que él abriera su corazón y pusiera nombre al dolor, a la vida. Ha sido enriquecedor, pero también duro. Hemos tenido entrevistas que han sido muy largas e íntimas en las que hemos hablado de temas que no habíamos tocado nunca en los años que vivimos juntos.

¿Cómo le conoció?
En un concierto. Yo no conocía su música, ni tampoco a él. La primera vez que le vi fue sobre el escenario. Ese fue el punto de partida, y ya después€

¿Le sedujo esa música que interpreta con tanta vehemencia?
Digamos que me dejé arrastrar por la persona, por su música y por todo su universo.

Ahora hablemos de usted y de sus proyectos.
Estoy preparando un largometraje de ficción, en estos momentos estoy en el proceso de escritura. Después de haber terminado el documental, al que he dedicado mucha vida y pasión, me apetece seguir un camino creativo que me llene. Estoy muy satisfecha de lo que he conseguido con la historia de Ara, pero la vida tiene que continuar, él con su música y yo con mi trabajo.

¿Cómo llegó al mundo de la interpretación y la creación?
Me fui a Madrid a estudiar Arte Dramático e Interpretación. Tengo a mis espaldas 28 cortos, he dirigido teatro, fui ayudante de dirección con Sanchís Sinisterra, escribí dramaturgia con Juan Mayorga€ Creo que he hecho un largo recorrido que me ha traído hasta este momento en el que estamos hablando. Es verdad que cuando comencé no tenía ni idea de hasta dónde me iba a llevar aquel viaje que hice de Zaragoza a Madrid, pero tuve la suerte de rodearme de gente muy bonita y profesional que me ha traído hasta aquí. Con ellos he aprendido lo que me faltaba, pero aún no lo sé todo. Sigo aprendiendo y esto es una escuela que continúa de por vida.

¿Se siente más a gusto detrás de la cámara que frente a ella?
Muchísimo más. Me gusta la intimidad de la escritura, me gusta muchísimo mirar y saber qué partes de la realidad quiero contar, para poner en ellas mi mirada. Actuar es algo a lo que le tengo mucho respeto. Es un lugar complejísimo para mí y dejo libre ese lugar para todas esas actrices que saben hacerlo muy bien.

¿Puede adelantar de qué va ir ese largometraje en el que ya trabaja?
Es un secreto mientras esté en proceso de creación. No adelanto nada para no cerrarme puertas.

"Vivir con alguien tan bonito y tan creativo es un lujo"


¿Resulta difícil vivir con un genio?
No, en absoluto. La palabra genio es muy grande. Pienso que la genialidad de Ara está en ser muy trabajador. Es muy persistente y se escucha mucho, escucha mucho su música. Vivir con alguien tan bonito y tan creativo es un lujo. Además, es un hombre muy generoso.

¿Sufre usted muchas ausencias?
Algunas, pero siempre que puedo voy con él a sus giras. Una elige la vida que quiere vivir y yo he elegido mi vida con él.

Tienen un hijo.
Sí, tengo dos amores, Ara y mi hijo Kairo, que tiene cinco años. Es un ser muy espacial para los dos, pero esto no es nuevo, lo dirán todos los padres. Es muy activo; no toca el violín, sí otros instrumentos, y está aprendiendo. Ama la música.

Viven ustedes del mundo artístico, especialmente del relacionado con la música. ¿Resulta difícil?
No. El mundo de la música es amplio, diverso, y de lo que se trata es de construir dentro de ese mundo. Nos sentimos bendecidos porque estamos viviendo un momento dorado.

¿Dónde está su casa?
En Madrid y en todos los lugares del mundo a donde vamos. Nos encanta viajar, nos alucina, es bellísimo ir por el mundo y descubrir esas costumbres y sentimientos que nos unen a todos, y también lo que nos diferencia.

¿Qué opinión tiene de Líbano, el país en el que nació su marido?
La primera vez que fui allí lo hice con una ONG para un spot en un campo de refugiados, y ya te puedes imaginar el impacto tan grande que tuve. Después fui con Ara y pude visitar los sitios donde él había vivido, vi su casa, y estoy muy enamorada de esa tierra. Beirut es una ciudad bellísima, aunque muy vapuleada. Cada uno de los agujeros producidos por una bomba esconde dentro una historia maravillosa. Es un país que tiene gente con mucha cultura. Tengo mucho respeto al Líbano.

¿Cree que la sociedad occidental se está cerrando de una forma injusta a los refugiados?
No todos nos cerramos, ese cierre es una cuestión política. Además, estoy convencida de que no nos cerramos al inmigrante, nos cerramos al pobre, no a los que vienen con pasta. Pienso que no es tanto una cuestión de racismo como de miedo a la pobreza.

Hacer cine está muy difícil, ¿está segura de que ha elegido bien?
Ja, ja, ja€ Creo que sí. Me gusta arriesgar. Hacer cine en general es difícil, y para las mujeres lo es más. Es una carretera muy compleja que tiene muchos baches y curvas. Hay poco dinero, pocas subvenciones, pocas ayudas€

Usted, aunque luego lo dejó, comenzó como actriz, ¿por qué?
Desde pequeña siempre me he expresado en muchas áreas que tienen que ver con lo artístico. Fui bailarina, tuve la suerte de conectarme con el teatro, me fui a Madrid, probé el mundo de la performance€ Debo decir que he tenido unos padres que me han apoyado mucho. No tengo una respuesta clara de por qué surgió, creo que manifestarme bailando, actuando, escribiendo o dirigiendo ha estado siempre dentro de mí. 


PERSONAL
Edad: 41 años (24 de marzo de 1979).
Lugar de nacimiento: Zaragoza.
Familia: Está casada con el violinista libanés de origen armenio Ara Malikian. Tienen un hijo de cinco años, Kairo.
Formación: Estudió Arte Dramático e Interpretación en Madrid.
Trayectoria: Aunque fue a Madrid para convertirse en actriz, esa idea pronto quedó aparcada en el sumario de intenciones por cumplir, o no. Enfocó su carrera hacía el mundo del teatro y del audiovisual. Ha realizado campañas publicitarias, cortos y el largometraje documental Ara MalIkian: la vida entre las cuerdas. Con este trabajo ganó un premio Goya en la última edición. Es también la directora de todos los montajes para los conciertos que da su marido. Actualmente, está escribiendo un largometraje de ficción en el que tiene puestas todas sus ilusiones y del que no cuenta nada. Es una realizadora comprometida y se nota en sus cortos: All'amar, una historia sobre atravesar un mar o un océano en una patera con un hijo en brazos; o Le chat doré, otro de sus trabajos, protagonizado por Javier Cámara, en el que reivindica la creatividad artística y hace una crítica a ese 21% de IVA con el que se castigó en su día a las actividades culturales.