Los propietarios de la mansión Lynnewood Hall, valorada en 250 millones de dólares, la ofrecen por 0 dólares pero nadie la adquiere

El inmueble, construido en Filadelfia en 1900, cuenta con 55 habitaciones, salón de baile, una galería de arte y 14 hectáreas de terreno

08.09.2021 | 20:11
Vista aérea de la mansión Lynnewood.

"Lynnewood Hall. Mansión de lujo de comienzos del siglo XX. 14 hectáreas de terreno en las afueras de Filadelfia. 55 habitaciones y 20 baños. Piscina cubierta. Salón con pista de baile para mil personas. Posibilidad de montar su propio museo. Valoración inicial: 250 millones de dólares (211,6 millones de euros). Se ofrece por 0 dólares (0 euros)". Anuncio inmobiliario chollo donde los haya. O eso parece. Y por lo visto no lo es, ya que desde que se puso a la venta nadie se ha interesado por esta propiedad estadounidense al norte de la ciudad de Filadelfia. El agente inmobiliario Harry Cherry, de la empresa Main Line Luxury, sostiene en una primera explicación que la ubicación de uno de los principales ejemplos de la llamada Edad Dorada de las Mansiones en el estado de Pensilvania "no es lo que buscan las familias adineradas de hoy en día". Después, en un inesperado arranque de sinceridad rendida a la realidad, reconoce que su estado decadente resulta determinante para su valor. Pero pronto vuelve el vendedor entusiasta cuando afirma que "muchas de las creaciones de Horace Trumbauer han resistido el paso del tiempo".

Horace Trumbauer fue el arquitecto que diseñó la mansión Lynnewood Hall para su propietario original, Peter Widener, en 1900. Era uno de los profesionales más destacados entre los siglos XIX y XX, especializado en residencias para los megarricos de la época. Y lo que levantó para familia Widener se conoció durante casi un siglo como "el último Versalles americano". En la actualidad, y desde 1992, el inmueble es propiedad de la Primera Iglesia Coreana de Nueva York, que después de varios proyectos fallidos de rehabilitación para convertirla en una residencia de lujo, en 2007 desistió y desde entonces no se han realizado ni las tareas mínimas de mantenimiento.


Se hundió con el 'Titanic'

Pero la decandencia de Lynnewood Hall empezó mucho antes y marchó paralela a la ruina de la familia propietaria. Y la culpa fue del 'Titanic'. El patriarca de la familia, el que pagó el proyecto y la construcción de la espectacular residencia, Peter Widener, era uno de los hombres de negocios más ricos de la época. Ganó su fama y fortuna gracias a sus empresas de transporte público a finales del siglo XIX. Hizo construir su nueva residencia en lo más alto de su poderío económico y en 1990 abria sus puertas tras tres años de obras. Retirado de sus negocios, el magnate Widener se retiró a su nueva residencia, repleta de arte, lujo y espació para fiestas y recepciones que hacían envidiar a otros protagoinistas de la vida social de la vida social de Filadelfia y de todo Estados Unidos.

Pero quizá por aquello de que "no hay dicha que 100 años dure" y lo de que "los ricos también lloran", el retiro de oro se convirtió en un mar de lágrimas. El hundimiento en 1912 del trasatlántico 'Titanic' en su viaje inaugural supuso también el drama de familia propietaria. Aunque retirado de los negocios, Peter Widener había aportado el 20% de la inversión necesaria para sacar adelante el proyecto del "barco insumergible". El iceberg que colisionó contra el buque de pasajeros se llevó al fondo del Atlántico ese dinero, pero no fue lo único. El hijo mayor del empresario, George, la esposa de este, Eleanor, y el hijo de ambos, Harry, viajaban en la nave. Solo sobrevivió la mujer. El patriarca acusó el golpe y tres años más tarde falleció en la mansión. Le sucedió su hijo menor, Joseph. Pero el golpe económico a la fortuna familiar había sido de tal calibre que solo el mantenimiento necesario de Lynnewood se volvió demasiado oneroso. La venta de parte de la colección de arte y de parte de los terrenos permitió sacar adelante la propiedad, pero la situación era agónica.

Agónico cambio de manos

Tras la muerte de Joseph Widener en 1943, la familia se deshizo de la propiedad en 1952 al venderla a una asociación religiosa llamada Faith Theologicla Seminary, una organización evangelista dirigida por una estrella de la radio llamada Carl McIntire. A esta organización se achaca el declive definitivo del edificio, ya que al parecer fueron ellos los que vendieron la mayoría de los elementos de la casa. Además, apenas dedicó tiempo a su mantenimiento. También McIntire acabó teniendo problemas financieros y en 1992 vendió el inmueble a la actual propietaria, la Primera Iglesia Coreana de Nueva York. Se dice que la adquirió a coste 0, el mismo por el que ahora la ofrece.

Para los interesados: es un inmueble a reformar, pero según a qué experto se pregunte, los presupuestos varían entre los 8 millones de dólares (6,7 millones de euros) para una apaño básico y los 50 (42) necesarios para devolverles su esplendor original.

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