Daniel Innerarity Grau: “Europa ha gestionado la crisis creando grandes desigualdades”

Pese a su condición de europeísta convencido, Innerarity no escatima las críticas hacia la UE, si bien asegura que fuera de esta institución “hace mucho frío”

09.02.2020 | 09:52
Daniel Innerarity, ayer.

pamplona - Daniel Innerarity (Bilbao, 1959, y residente en Navarra) es el candidato de Geroa Bai en las elecciones europeas en la Coalición por una Europa Solidaria (CEUS) que lidera el PNV. Catedrático de Filosofía Política en la UPV/EHU y profesor en el Instituto Europeo de Florencia, ha vivido en seis estados de la Unión, debido a su actividad como profesor e investigador en distintos centros universitarios, como la London School of Economics, la Universidad de Munich o La Sorbona de París. Entre sus libros destaca La democracia en Europa, resultado de sus investigaciones sobre cómo democratizar la Unión Europea. Fue Premio Príncipe de Viana de la Cultura en el año 2013.

Geroa Bai se estrena en las europeas. ¿Con qué expectativa lo hacen?

-Estamos muy ilusionados con el hecho de presentarnos con este grado de autonomía, con una lista propia, y estamos muy satisfechos del modo como nos ha representado Izaskun Bilbao, haciendo presentes allí muchos temas que nos afectan, como el programa de educación en la igualdad, la memoria histórica, el juicio a La Manada? Ha sido declarada como una de las europarlamentarias más influyentes y estamos encantados de contar con una aliada así.

La presencia de Izaskun Bilbao en la Eurocámara no está tan asegurada con en comicios anteriores. Por primera vez no van en la misma candidatura con los catalanes de la antigua Convergencia. ¿Resultaba controvertido ir en la misma lista del partido de Carles Puigdemont?

-Las encuestas dicen que el escaño está prácticamente asegurado. Hemos dicho una y otra vez que estamos por una solución pactada del conflicto catalán y que nos indigna que se haya judicializado. A petición de algunos de los políticos encarcelados, yo mismo les visité en la prisión hace unos meses. Es evidente, sin embargo, que en Navarra tenemos una agenda política distinta, lo cual no impide que sigamos reclamando un tratamiento político, dialogado, a un problema de naturaleza política. Lo seguiremos exigiendo desde Bruselas y denunciando la falta de diálogo por parte del Estado español.

¿El proyecto de la UE tiene futuro?

-Es un experimento político difícil, que tendrá avances y retrocesos, pero solo a nivel europeo conseguiremos tener la fuerza suficiente como para embridar a una economía que se ha emancipado del control de los estados. Pensemos en que solo a nivel europeo está siendo posible conseguir una regulación y tributación de las grandes empresas tecnológicas.

Se lo pregunto porque el auge de la ultraderecha y el brexit no parecen buenos aliados?

-Que tras el brexit, algunos que defendían otros exits, de Europa o del euro, hayan desistido de su intento es una señal de que han sentido el frío que hace fuera de Europa. Y que las extremas derechas quieran destruir Europa debería hacernos pensar que su creación no fue una mala idea. Otra cosa es que hoy necesita una transformación muy profunda, de método, institucional y de políticas.

¿Se debe reinventar Europa?

-Por supuesto. En Geroa Bai somos europeístas pero tenemos muchas críticas a esta Europa, en manos de los estados, que no quiere avanzar en la lógica federal, que ha gestionado la crisis creando grandes desigualdades, que cierra sus puertos a los migrantes y refugiados o pone concertinas? Aunque no deberíamos perder de vista que muchas de las críticas hay que dirigirlas más a los estados que a las instituciones comunes.

¿Le preocupa que el euroescepticismo pueda llegar a tener un tercio de la Eurocámara según algunas estimaciones?

-Me preocupa, pero me preocuparía todavía más que el resto no fuéramos capaces de poner a la UE en la dirección correcta: con procedimientos de decisión más democráticos, con un pilar social más ambicioso y una conciencia de lo que tenemos en común, más allá de la actual cacofonía intergubernamental.

¿Hay cabida para una UE con más de 27 miembros o nos tenemos que olvidar de incorporar a estados como Turquía?

-En el plano teórico la incorporación de Turquía hubiera sido interesante desde el punto de vista geoestratégico, pero basta comprobar la situación de la mujer o los derechos humanos en ese país para ver que eso está muy lejos. Tenemos bastante con intentar que países como Hungría o Polonia vuelvan a valores europeos tan centrales como la división de poderes o la independencia del poder judicial. La regla de la unanimidad hace muy difícil la aplicación del artículo 7 del Tratado de Lisboa.

¿Y qué valores europeos están en riesgo?

-La UE se definió como un proyecto para proporcionar a la ciudadanía ciertos bienes comunes (la paz, tras la segunda Guerra Mundial, primero, el desarrollo económico y el asentamiento de la democracia en los países del sur y del este, después), para lo que había que poner en común las soberanías de los estados. Todo lo que sea erigir a los estados en protagonistas del proceso de integración es un retroceso. Tenemos que ir a una Europa verdaderamente común, y eso quiere decir de la gente, de las ciudades y regiones, que están de hecho construyendo comunidad mientras que los estados la fragmentan. Pensemos en el drama de los refugiados, que es una verdadera tragedia para esas personas, pero también supone una crisis constitucional europea: mientras en Navarra o en Iruña se llevaron a cabo planes de acogida, los refugiados no llegaron porque el Estado español no lo permitió.

¿Existe un sentimiento identitario de los cuidadanos con Europa? ¿Se debería potenciar más esa vinculación idiosincrática con el europeísmo en nuestras sociedades?

-Los estudios que conozco dicen que esa vinculación existe, pero se han europeizado muy poco nuestros discursos. Hay que pensar y hablar en clave europea porque es en esta escala donde se realizarán los grandes avances que deberían interesarnos: desde la lucha contra el cambio climático, la regulación de la nueva revolución digital y de la inteligencia artificial hasta nuestros conflictos territoriales, que pueden encontrar un acomodo mucho mejor en espacios de soberanía compartida.

¿Es el Legislativo europeo, único organismo de la UE que eligen los ciudadanos, el que toma las decisiones importantes?

-El Parlamento Europeo es un organismo que ha avanzado mucho en cuanto a capacidad representativa, especialmente desde que comenzó a configurarse como una cámara de elección directa, pero al carecer de iniciativa legislativa tiene todavía mucho desarrollo por delante. Uno de los principales, en mi opinión, es que se introduzcan listas transnacionales, una oportunidad que se perdió por la oposición del Partido Popular Europeo y de otros grupos, pero que no creo que tarde mucho en volver a plantearse.

¿Con qué objetivos trabajará su candidatura, CEUS, en el Parlamento Europeo?

-Proponemos tres grandes líneas de actuación para conseguir una Europa más social, más común y más diversa. Para que Europa sea más social hay que construir con ambición el pilar social, la Europa común es la que se articula en torno a procedimientos de decisión más federales y democráticos. Con diversidad me refiero tanto al combate por el feminismo, también a nivel europeo, como a construir una Europa que gire menos en torno a sus estados miembros y más a partir de las comunidades subestatales y las ciudades. Un capítulo especial de esta diversidad es la política de acogida de las personas migrantes. El cementerio del Mediterráneo es la imagen más horrorosa que hemos dado en estos años.

¿Se pueden defender los intereses de Navarra en la Eurocámara o para ello es mejor un foro más cercano como puede ser la Eurorregión?

-Son dos planos diversos y compatibles. Lo principal es que el próximo Gobierno de Navarra siga mirando al norte, poniéndonos en la vanguardia de las políticas en materia medioambiental, fiscal o de especializacion territorial inteligente. Y Navarra no debería únicamente defender lo propio, sino contribuir a la configuración de la nueva Europa. De hecho, me consta que algunas iniciativas del actual Gobierno liderado por Uxue Barkos están siendo consideradas como ejemplares. Lo más reciente, el premio Life 2019 que se otorgó la semana pasada.

El sueldo de los europarlamentarios supera los 8.000 euros al mes. ¿Le parece excesivo?

-Según tengo entendido, la cantidad es un poco menor, sometida a doble tributación, doce pagas y teniéndose que pagar la Seguridad Social, en una ciudad que es un 20% más cara que Pamplona. De todas maneras, el debate sobre si es una cantidad adecuada o no ha de situarse en otro contexto. Yo quedaría mejor si dijera que me parece excesivo, pero conviene tener en cuenta que el sueldo para los políticos lo inventaron los revolucionarios franceses de manera que no hicieran política solo los ricos. Ocurre lo mismo con las incompatibilidades: hay que pensarlas bien, porque si no podemos estar generando parlamentos llenos de funcionarios, que son los que no tienen dificultades de volver a su anterior puesto de trabajo.