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Ana Ollo: "Vamos a seguir trabajando para que los derechos lingüísticos sean reconocidos en toda Navarra"

La consejera de Relaciones Ciudadanas considera que está siendo una legislatura "anómala", pero hace un balance "satisfactorio" de la coalición con el PSN. "Este Gobierno debe durar", afirma

18.09.2021 | 21:52
Ana Ollo, consejera de Relaciones Ciudadanas.

El paso por la UCI del Hospital de Navarra ha marcado a Ana Ollo. "Para mí supuso un antes y un después", recuerda la consejera de Relaciones Ciudadanas del Gobierno de Navarra, que durante tres días estuvo sedada con una neumonía bilateral. "Entiendo que la ciudadanía esté cansada porque el virus ha roto con nuestra forma de vida, pero no podemos comportarnos como una sociedad adolescente", señala Ollo, la única consejera del Gobierno de Uxue Barkos que continúa en el Gabinete de María Chivite. Y aunque admite que está siendo una "legislatura anómala", hace un "balance satisfactorio" de la gestión del Ejecutivo foral, que ha sabido "resolver una situación ante la que ninguno estábamos preparados". "Tenemos ahora dos años para poner en valor todo el trabajo que se ha hecho estos dos años, y completar todo el que queda por hacer", apunta.

Usted ha sufrido la pandemia en primera persona. ¿Cómo recuerda aquella experiencia?

–Para mí hay un antes y un después en noviembre de 2020. Hasta entonces veía la Covid como cualquier ciudadano, adaptándome a la nueva situación. Pero estuve tres días sedada en la UCI, y eso te cambia la perspectiva. Allí te das cuenta de que hay que vivir el día a día, de que somos muy vulnerables. La vida nos demuestra que tenemos que tener más humildad. A nivel personal, pero también como sociedad. No podemos agotar los recursos naturales pensando que no va a pasar nada.

¿Llegó a pasar miedo?

–Durante poco tiempo, pero pasé muchísimo miedo. Tienes la confianza de que estás en buenas manos, de que van a hacer todo por ti.Pero tienes miedo porque muchas personas como yo no han salido. Ves que pasan las horas, que el tratamiento no funciona y que te tienen que llevar a la UCI con un respirador. Es un momento terrible. Te indignas contigo misma, con el bicho, y piensas, ¿por qué yo, si no soy de ningún colectivo vulnerable, ni tengo patologías previas? Recuerdo que le dije al médico: "me viene fatal morirme ahora, que no tengo nada organizado".

¿Qué piensa cuando ve a la gente incumplir la normativa?

–Comprendo que la ciudadanía esté cansada. Lo entiendo perfectamente porque creo que todos estamos cansados. El virus ha roto con nuestra forma de vida, con nuestra forma de relacionarnos. Pero no podemos ser una sociedad tan adolescente.

¿Lo dice por la juventud?

–Lo digo por la sociedad en su conjunto. No estoy de acuerdo en esa culpabilización de la juventud, que es tan irresponsable como lo podemos ser los demás. El otro día escuchaba a una persona que no se había querido vacunar por miedo a las agujas. Es de una frivolidad absoluta teniendo en cuenta a lo que nos enfrentamos. Puedo entender algunos discursos, pero debemos madurar.

¿Ve al Gobierno de Navarra lo suficientemente maduro?

–Yo creo que sí. El Gobierno del cambio del año 2015 suplió su falta de experiencia con ilusión y con una dedicación total al proyecto al que nos impulsaba la ciudadanía. Ahora este Gobierno ha entrado en una fase más madura. En el 2015 innovamos y rompimos con muchas inercias que ahora están ya más asentadas.

¿Se puede decir que Geroa Bai ha sustituido la utopía de la juventud por el pragmatismo de la madurez?

–Las utopías siempre están ahí, y me niego a creer que la utopía sea solo propiedad de la juventud. Otra cosa es que la experiencia te haga ser consciente de que el pragmatismo y el realismo son necesarios, y de que para hacer realidad la utopía hace falta tiempo.

¿Cómo es la relación con el PSN?

–Somos dos formaciones políticas diferentes con culturas políticas diferentes, y eso a veces nos hace observar con cierta perplejidad algunas actitudes del PSN. Pero este es el Gobierno que la ciudadanía dijo que necesitaba Navarra para continuar con las políticas de progreso y de cambio iniciadas en 2015. El balance en general es satisfactorio.

¿Le augura entonces un largo recorrido a este Gobierno?

–Es que tiene que ser un Gobierno de largo recorrido. Los cambios no se hacen ni en ocho años, mucho menos en un departamento como el mío. Por supuesto, tenemos discrepancias. Es normal, porque si no seríamos el mismo partido. Nuestro reto es lograr consensos y acuerdos desde la diversidad, no en la uniformidad. Y creo que estos dos años hemos demostrado que somos lo suficientemente responsables y dialogantes para gestionar las políticas públicas en un escenario muy complejo. Desde luego por nuestra parte tenemos el compromiso de seguir avanzando en ese camino.

¿Está el Gobierno políticamente bien compensado?

–El peso de Geroa Bai en el Gobierno es cualitativo, no cuantitativo. Nunca hemos buscado un equilibrio en cuanto número de consejerías. Queremos gestionar las áreas que creemos que mejor responden a los retos que tiene la sociedad navarra, porque creemos que tenemos mucho que aportar a un desarrollo económico vinculado a la sostenibilidad, a las políticas de cambio climático, de economía circular, de vivienda, de Europa o de convivencia. Son políticas que forman parte del ADN de Geroa Bai, y que ahora queremos reforzar con Geroa Socialverdes

También gestionan la política lingüística, que se ha convertido en un tema de fricción con el PSN.

–Sí, pero tampoco lo hemos escondido. No podemos compartir que otros idiomas se valoren en la Función Pública y el euskera no. Es algo que además me duele personalmente.No puedo entender que lo que se valore sea el no conocimiento de una lengua, mucho más siendo una lengua navarra, como lo es el euskera. Es algo que emocionalmente me perturba.

¿Por qué no ha sido posible llegar a un acuerdo?

–Eso es algo que tendría que explicar el PSN. Pero creo que tiene mucho que ver con la oposición muy agria que mantuvo en este tema la legislatura pasada. Y supongo que también con un determinado cálculo electoral.

Pero al final han tenido que ceder.

–Hemos estamos buscando un acuerdo durante más de un año, pero no podíamos seguir así, porque la situación actual es insostenible. Hay que sacar el decreto ya, aunque sea sin la zona no vascófona, porque ahora mismo no hay regulación. Eso, por supuesto, no significa que renunciemos a convencer a nuestro socio de que el euskera forma parte de la identidad de Navarra, y de que esta situación es injusta.

¿Cuándo se aprobará el decreto?

–El decreto depende del vicepresidente Remírez, a quien estamos instando para que se apruebe ya. Es verdad que el verano siempre ralentiza todo, pero confío en que se pueda aprobar cuanto antes.

¿En qué situación cree que queda Geroa Bai?

–Hemos optado por una posición pragmática y realista, porque eso es mucho más útil que el todo o nada. Desde luego, como consejera no estoy satisfecha, pero creo que debemos reconocer que las políticas públicas en relación con el euskera no tienen nada que ver con lo que nos encontramos en 2015. Se han hecho muchísimas cosas, y se han hecho porque Geroa Bai está en el Gobierno.

¿Qué recorrido queda a partir de ahora en materia lingüística?

–Queda mucho por hacer, por supuesto. Hay un avance socio-lingüístico importante, sobre todo en las nuevas generaciones, que no tiene su reflejo en la normativa del euskera. Uno de cada cuatro jóvenes es euskaldun. Y como Geroa Bai vamos a seguir trabajando desde nuestra capacidad de acción política para que los derecho lingüísticos sean reconocidos en toda Navarra. Pero para poder avanzar debemos también hacer mucha pedagogía.

¿Se debe avanzar más lento, como dice el PSN?

–Los tiempos los marcan las mayorías parlamentarias. Debemos ser conscientes de eso. Cuando hablamos de cambiar la Ley del Euskera o de eliminar la zonificación lingüística no podemos ser maximalistas, porque no tenemos mayoría. Y deberíamos también reflexionar sobre por qué una parte de la sociedad navarra tiene miedo al desarrollo del euskera. Por qué la euskarafobia se ha convertido en un argumento político.

Acaban de presentar el borrador del Plan de Convivencia. ¿Con qué objetivo?

–Creo que el principal mérito del plan es haberlo hecho. Para algunos quedará corto y para otros será excesivo.Pero por primera vez se hace un planteamiento integral enNavarra de lo que entendemos por convivencia, por memoria y por derechos humanos para, a partir de ahí, abordar políticas concretas. El borrador es solo un primer paso, tal vez mejorable, pero es un paso muy importante.

El plan se ha elaborado sin la participación de Navarra Suma y de algunas organizaciones afines. ¿No queda cojo?

–Ha sido una decepción que desde el principio hayan rechazado participar. Pero me parece también un gravísimo error por su parte. Porque aunque ellos no hayan participado, sí lo ha hecho mucha otra gente. Entidades diversa que sí han querido aportar. Darles la espalda, como ha hecho Navarra Suma, me parece irresponsable. Sé que es imposible contentar a todo el mundo, pero el Plan de Convivencia se merece al menos una oportunidad.

El plan incluye en un mismo eje estratégico a todas las víctimas. ¿Se corre el riesgo de equipararlas?

–Yo creo que no. Las víctimas de la violencia no son equiparables, ni se puede compensar una violencia con otra. Pero evidentemente las víctimas, cada una en su contexto victimológico, tienen el derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación. Todas. Es lo que intentamos abordar. Algo que por cierto ningún gobierno de UPN había hecho.

¿Entiende las críticas al Gobierno de algunas víctimas de ETA?

–Creo que hay una doble escenificación. Una pública, en la que muestran su crítica al Gobierno y cuestionan su legitimidad.Y otra privada, en la que participan y colaboran con el Gobierno. Evidentemente, no comparto esa crítica política, pero es legítima y la respeto, por supuesto.

¿Le preocupa que se politice tanto su memoria?

–Resulta inapropiado, desde luego. La actitud del alcalde de Tudela en un acto reciente, por ejemplo, me pareció lamentable. Representa a una ciudad entera, y no puede utilizar su cargo para buscar el enfrentamiento político con algo que, además, no es real. Desde 2015 el Gobierno viene atendiendo a todas las víctimas y por supuesto también a las del terrorismo de ETA. Ha llevado su voz a las aulas y está muy comprometido con su memoria. Flaco favor se les hace cuando se utiliza su dolor, comprensible y legítimo, contra un Gobierno.

¿Los ongi etorri son un acto de libertad de expresión o una humillación para las víctimas?

–Son actos gratuitos que revictimizan a quienes sufrieron una violencia injusta e ilegítima, y que desde luego poco aportan a una convivencia en paz. Estas actuaciones no se pueden compartir, y creo que la izquierda abertzale debería ser autocrítica y avanzar más.

¿Saben ya con qué presupuesto contarán el próximo año?

–Todavía no. Se acaba de aprobar el techo de gasto, y ahora hay que distribuirlo entre los distintos departamentos. Nosotros desde luego aspiramos a mejorar nuestra financiación, pero supongo que el resto de departamentos también. Así que habrá que negociar, como todos los años.

¿Por qué el Gobierno tiene dos oficinas para la gestión de ayudas europeas?

–Porque tienen funciones diferentes. A la de Hacienda le corresponde el control fiscal y económico de los fondos europeos para la recuperación, que llegan desde los distintos ministerios. Yla de Acción Exterior, que corresponde a mi departamento, se centra en el resto de convocatorias, que son muchas, tanto para entidades públicas como privadas. En este ámbito hemos avanzado mucho desde 2015, pero todavía nos queda mucho por hacer, porque la mecánica administrativa de Bruselas siempre es compleja.

¿Qué papel le queda ahora a la Eurorregión?

–Uno muy importante, porque va a pasar a ser también un territorio de gestión de fondos europeos. Europa está potenciando el valor de las eurorregiones, fomentando la colaboración y la cooperación interregional transfronteriza. Así que la Eurorregión va a coger un papel más relevante del que tiene ahora.


EN 2 MINUTOS


¿Qué nota le pone a la gestión del Gobierno de Navarra?
Un notable.

¿Cuál ha sido el mayor acierto del Gobierno foral?
Poner a las personas en el centro de la acción política por encima de otras consideraciones.

¿Y su mayor error?
Que a veces no hemos sido protagonistas de nuestras propias decisiones y se ha mirado demasiado a otros gobiernos.

¿Cuál ha sido la restricción que más le ha condicionado?
Sobre todo romper los vínculos sociales, que son importantes para mí. Pero después de estar en la UCI todo me sabe bueno, la verdad.

¿Hemos aprendido algo con la pandemia?
Espero que sí. Como sociedad creo que hemos aprendido que hay que apostar por los servicios públicos. Y que tenemos que ser más humildes con la naturaleza.

¿Qué lugar de Navarra ha descubierto recientemente?
El valle de Ezkabarte.

¿Cuál es el principal reto de futuro que tiene Navarra?
El equilibrio y la cohesión territorial, desde la sostenibilidad social, económica y medioambiental.

¿Del 1 (izquierda) al 10 (derecha), dónde se sitúa?
Un 3.

Twitter, Facebook o Instagram, ¿qué red social prefiere?
Tengo Facebook e Instagram, pero soy una usuaria pasiva.

Diga una palabra en euskera.
Bihotza. Hay que poner corazón a todo lo que hacemos.

¿Qué es Madrid para usted?
Una ciudad en la que tengo grandes amigos y amigas, y en la que he disfrutado mucho, pero que se ha vuelvo muy áspera para quienes creemos en una sociedad diversa y plural.

¿Y Europa?
Con todas sus luces y sombras, es el único espacio del mundo en el que los derechos humanos siguen siendo la guía de actuación.

¿Necesitamos más autonomía?
Sí. Si la política es trabajar por las personas, las instituciones más cercanas deben tener autonomía y capacidad de gestión.

¿Sobran impuestos?
No, nunca. Eso lo dicen quienes apuestan por el sálvese quien pueda. Los impuestos garantizan una sociedad equilibrada y justa.

¿Qué haría este fin de semana si tuviera 20 años?
Disfrutarlo con responsabilidad.

La convivencia en Navarra pasa por...
Por reconocer que la diversidad y pluralidad es un valor.

¿Dónde se ve en cinco años?
Ni idea. Hay que vivir cada día como si fuera el último.

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