Jesús Mari Rodríguez Gómez

"Entre los 60 y los 90 existía la visión de que el que triunfaba era el que se iba a Pamplona"

16.02.2020 | 01:12
Jesús Mari Rodríguez Gómez, Director general de Administración local y Despoblación.

Jesús Mari Rodríguez Gómez es optimista y cree que todavía se está a tiempo de revertir la despoblación, que tiene múltiples consecuencias negativas en las zonas rurales

pamplona – Tras una vida ligada a su pueblo, primero como edil y luego como alcalde, Jesús Mari Rodríguez Gómez (Ribaforada, 1976) fue nombrado director general de Administración Local y Despoblación tras la conformación del nuevo Gobierno y ahora está frente a uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta Navarra, el Estado y el mundo: frenar la despoblación de las zonas rurales. Es realista y recuerda que la previsión para el conjunto de Europa es que para 2050 el 80% de la población vivirá en grandes ciudades. No obstante, también es optimista: "aquí se trata de evitar eso y se está a tiempo de revertir la curva demográfica".

La despoblación es un fenómeno que ahora copa portadas y titulares, pero ¿desde cuándo se sufre este problema?

–Últimamente se ha hablado mucho desde que el escritor Sergio del Molino escribió el libro sobre la España vaciada y ahí se empezó a tomar conciencia. Pero el problema viene desde hace décadas. Las zonas rurales de Navarra pierden población desde los 50-60, como el resto del Estado. Pero ya es un problema grave cuando ves que municipios que han tenido población importante están en riesgo de desaparecer, donde la falta de habitantes empieza a ser dramática.

¿Se está peor ahora que hace unas décadas?

–La situación es peor, sí. La pérdida en términos absolutos en aquellos años era mayor, pero es una dinámica que va a peor y, por lo tanto, cada vez la situación es más preocupante.

En líneas generales, ¿cuáles son los motivos que llevan a la gente a abandonar las zonas rurales?

–No hay una causa concreta, es un fenómeno multicausal. Además, creo que también en cada comarca o zona los motivos son diferentes. No obstante, sí que hay factores que se repiten como la falta de empleo, el acceso a servicios o el tema de la vivienda. Pero luego está el componente social porque, por ejemplo, vas a los pueblos de la zona de Sangüesa, donde no hay problemas de empleo con empresas grandes y fuertes, y aún así hay un problema grave de despoblación.

Y ese componente social ¿tiene que ver con una visión de que la vida en la ciudad es 'mejor'?

–Yo soy de pueblo, de Ribaforada, y me ha tocado ir al campo con mi padre. A mí me decían: "estudia para salir de aquí". No me decían: "estudia, fórmate y quédate en el pueblo". Lo bueno era salir. Entre los años 60 y 90 existía esa visión de que el que triunfaba era aquel que se iba a Pamplona. El que se quedaba en su pueblo era el fracasado que no valía más que para estar con el ganado. Hace falta cambiar esa dinámica porque también puede haber un proyecto de vida de éxito en el mundo rural. Es un cambio de mentalidad que hay que hacer.

Pero es verdad que vivir en una ciudad tiene más comodidades, ¿no?

–Claro. Las parejas que tienen hijos tienen que llevarlos al colegio, a extraescolares, etc. y si vives en un pueblo te pegas todo el día en el coche, y desplazarse a Pamplona acaba siendo más cómodo. En este sentido, el que haya buenas comunicaciones también hace que personas que, aunque trabajen en esas zonas, se planteen irse a vivir a una ciudad.

¿Qué consecuencias tiene la despoblación a corto y largo plazo?

–A corto plazo se nota en que los pueblos están menos vivos. Que haya menos gente genera una espiral que te lleva a desaparecer. Además, se habla del cambio climático y de la Agenda 2030, pero luego no somos capaces de fijar población en el territorio, que es la que mantiene los bienes paisajísticos, naturales y culturales de las zonas rurales.

A eso iba, la vida en las ciudades es más nociva para el medio ambiente que la de los pueblos...

–Claro, y la solución pasa por un pacto entre lo urbano y lo rural. La gente que vive en la cuidad genera una huella de carbono más grande y por ello debe ser solidaria con el mundo rural, en base a incentivar ayudas en estas zonas o medidas fiscales para que la gente tenga más fácil quedarse en los pueblos. Al final para reducir el cambio climático hay que disminuir el consumo de carbono y ahora el 55% de los navarros vive en la Comarca de Pamplona.

También se están abandonando la agricultura y la ganadería y la industria alimentaria se va dejando en mano de grandes superficies...

–Ahora están de actualidad las reivindicaciones de los agricultores. Cuando la gente deja de cultivar, las tierras o se abandonan y se pierde patrimonio o bien entre tres o cuatro personas acumulan todo ese patrimonio.

¿Y en el aspecto cultural?

–El patrimonio inmaterial también se perderá... todas esas vivencias de la gente mayor que ha visto la transformación de los pueblos se acabará perdiendo. Y también el patrimonio material de los pueblos corre el riesgo de deteriorarse, porque son sus vecinos los que lo mantienen. Todo el arte románico de la Zona Media, por ejemplo.

¿Qué se está haciendo desde el Gobierno de Navarra?

–De los Presupuestos Generales de Navarra, 5 millones van a ir destinados a localidades con menos de 10.000 habitantes para que lleven a cabo las medidas que consideren para frenar la despoblación. Además, ahora vamos a tener una medida que habrá que ver qué efecto tiene. La Mina Muga de Geoalcali que se va a implantar en Sangüesa va a generar 900 puestos de trabajo y para su construcción hará falta 3.000 empleos. Eso, sí o sí, tiene que tener un efecto directo en esa comarca.

El Plan del Pirineo ya está aprobado y se han anunciado medidas para el resto de zonas en riesgo. ¿Qué línea se va a seguir?

–El Plan del Pirineo se va a gestionar desde Proyectos Estratégicos y luego se ha realizado también un plan de acción para Ega-Montejurra, Zona Media y Sangüesa, que se presentará en breves. Se trata de elaborar unas líneas básicas para luego desarrollar ya medidas concretas.

¿Qué tipo de medidas?

–Por ejemplo, la mejora de la movilidad, establecer un servicio de taxi según la demanda en algunas zonas. Por otra parte, el tema de la vivienda, porque el modelo tradicional a los jóvenes no les llama y tenemos intención de montar proyectos de emprendimiento en zonas rurales, como coworking colaborativos, que ya se ha hecho en sitios como Teruel.

¿Cree que se está a tiempo de revertir la situación?

–Para esto no hay ninguna varita mágica, pero sí, creo que estamos a tiempo de frenar la curva de despoblación. Para ello, desde la Administración tenemos que garantizar que se den las condiciones apropiadas para que no se siga marchando gente y que quien se quiera quedar a vivir en las zonas rurales pueda hacerlo.

"La gente que vive en la ciudad genera una huella de carbono más grande y por ello debe ser solidaria con el mundo rural"

"Vamos a garantizar las condiciones apropiadas en los pueblos para que quien quiera vivir en las zonas rurales pueda hacerlo"