Vecina de Burlada víctima de maltrato

Susana Martínez Sánchez: "No basta con denunciar a tu agresor si la mujer no se siente amparada y protegida, por eso yo no lo hice"

Tiene 46 años y una hija de 23 a la que ha enseñado a "valerse por sí misma" - Hace 20 se vio en la calle y sin ayudas, y en la separación renunció a su vivienda a cambio de su hija

24.11.2020 | 01:26
Susana con su perro 'Boss', un labrador retriever que se ha convertido en su gran aliado. Foto: cedida

burladaSiempre hay un detonante, algo que estalla y que hace que el relato cobre un giro inesperado en esa dura vida. ¿Cómo fue en su caso?

–Pasé un matrimonio bastante malo, tuve una niña y con apenas año y media me tuve que ir de casa. Me quedé un día de Nochebuena a las cuatro de la mañana en la calle, en pijama y zapatillas de casa, y sin hija. Ese fue el regalo que me dio. Conseguí a los días recuperar a mi hija, me quitó todo lo demás a cambio de mi hija porque de lo contrario no me iba a dejar en paz. Hice todo para que me dejase en paz, hasta renunciar a mi vivienda. Lo hice todo para que me dejase vivir tranquila pero no fue así. Estuvo muchísimos años amenazándome aparte de los malos tratos que sufrí durante la convivencia con él hasta que otra se le cruzó en el camino y me fue dejando en paz al cabo de bastantes años Yo empecé de cero, me vi sin dinero, sin casa y sin nada.

¿Sacrificó todos tus bienes para salir de la situación?

–Renunciando a lo que me correspondía. Para mí lo primero era tener a mi hija. Si renunciaba al piso y a los bienes que teníamos accedía. Y así fue. La vivienda entonces estaba a nombre de los dos, y en la separación pude haber intentado mantenerla pero en aquel momento yo solo quería huir.

¿Cuándo se dio cuenta de donde se había metido en esa relación?

–El mismo día del viaje de novios empezó el primer maltrato y de ahí sucesivamente durante los cinco años que estuve con él casada y conviviendo. Yo trabajaba, no dependía económicamente de él pero mi sueldo iba para sus vicios, se lo gastaba en sus cosas. Hasta no separarme no lo tuve claro.

¿Cómo rehizo su vida y dónde se apoyó?

–Cuando pasó todo atravesé una depresión muy grande y me quedé sin trabajo. Me vi sin casa, sin trabajo y con una niña pequeña. Mi familia no estaba muy de acuerdo con que me separase porque yo no había comentado la situación que había vivido con él. La familia no entendió que con una niña pequeña de repente me separase. Las ayudas y recursos que hay ahora no son los de hace veinte años. Primero me fui a casa de una amiga, pedí dinero en la calle. Dos días después conseguí una habitación compartida. Después busqué trabajo como camarera.

¿Qué ocurrió después de que decide separarse?

–Pasé unos años muy malos, no me dejaba en paz, de amenazas, insultos, tenía que esconderme por la calle... Después conoció a otra persona, rehizo su vida y me fue dejando en paz. Cuando bebía o cuando se le cruzaba el cable sí que me buscaba pero era diferente, yo estaba más fuerte y me enfrentaba a él de otra manera.

¿Lo más duro de lo que ha vivido?

–Sinceramente, el daño psicológico es lo peor. En un momento de maltrato con una persona un golpe te dura un rato o dos días o una semana, pero se pasa. Pero las secuelas que te quedan de vivir una experiencia así no se curan nunca en la vida. En aquel momento hice un curso de empoderamiento y un taller de empleo en Burlada, y aquello me salvó, yo estaba entonces completamente hundida. Ahí me dí cuenta del enganche emocional tan brutal que tenía pese a la separación física. También me ayudó mucho tener a Boss. Sería bueno tener a perros de rescate para todas aquellas víctimas de maltrato, para que se sientan más apoyadas y tranquilas. No es lo mismo estar sola que con un perro al lado que sabes que te está protegiendo. Cuando necesité una mano amiga, encontré una pata.

¿Por que razón no denunció?

–No lo hice porque en mi caso iba a ser peor. Parece contradictorio pero tienes que saber cómo te quedas después. Muchas mujeres realizan una denuncia y no tienen el amparo que deberían después. Esas mujeres tienen que sentirse amparadas, acompañadas, protegidas. Y se tienen que agilizar los procesos para poner a estas personas a salvo inmediatamente. No vale que denuncies y luego haya un juicio porque muchos entran por una puerta y salen por otra... La que está desamparada es la víctima. Ese acompañamiento tiene que ser de una persona que te guíe. La mujer está muy perdida, y cuando estás dentro no controlas nada, cadía día, cada noche, cada mañana, es una lotería, no sabes lo que te vas a encontrar.

¿Qué opina de los recursos que hay ahora para situaciones de violencia?

–Cuando yo hice el curso había mujeres que estaban en casas de acogida pero se sentían como en una cárcel. No todo es tan fácil como nos hacen ver. Mujer maltratada llama al 016 y deja a su maltratador, no es tan fácil. Hay que dar muchos pasos y en muchos sitios. El proyecto de acompañamiento que han puesto en marcha en Burlada es fundamental. Estas personas necesitan a alguien que les guíe y les de fuerza. Hoy, recurriría a la técnica de Igualdad Anacar.

¿Y el maltratador es reincidente?

–La persona con la que después se casó le denunció por maltrato y se volvió a separar... Las personas que agreden y maltratan lo hacen siempre.

su hija tiene hoy 23 años y se ha criado con usted. ¿Cómo la ve ahora?

–La hija ha vivido conmigo hasta antes del confinamiento que se independizó. Mi hija ha aprendido a no aguantar lo que aguantó su madre, y ha aprendido a valerse por sí misma, y a hacerse valer.

"Boss', un labrador retriever de nueve años, ha sido mi gran terapia; cuando necesité una mano amiga encontré una pata?

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