VICTORIA de enorme prestigio la lograda por Igor Arrieta en el Giro. Chapeau por él, para quitarse el sombrero su exhibición en una etapa que recordaremos durante mucho tiempo por todo lo que ha tenido. El navarro ha demostrado todo lo bueno que se intuía sobre él desde que era juvenil. Alguna vez hemos señalado en esta columna que tenía una victoria de este nivel es sus piernas. Lo ha conseguido siendo aún muy joven. Una gran noticia para el ciclismo vasco, que necesitaba alegrías. Lo ha hecho perfecto Igor Arrieta en un día realmente difícil por las condiciones del tiempo.

Ha podido con todo el navarro. No lo ha tenido fácil, sobre todo en un final repleto de avatares, donde ha pasado de todo. Se ha caído, ha conectado con Eulálio, después de que el portugués se haya ido al suelo, después se ha abierto demasiado y ha equivocado la ruta. A pesar de eso, ha tenido la fuerza, la ambición y la moral para remontar en un final lleno de emoción. Pocas veces hemos visto algo así. Se veía que Arrieta tenía otra velocidad y que iba a pasar al portugués, que ha llegado vacío del todo. Impresionante triunfo el suyo, que le dará más confianza de cara al futuro. Había empezado muy bien la temporada y esto le subraya. Ahora tiene que disfrutarlo.

Más allá de la victoria en una jornada de ciclismo épico, hemos podido ver que los favoritos no han querido jugársela. El suelo estaba muy peligroso con la lluvia. Era día de reservarse. No he entendido el empeño de Ciccone. Sí por el tema del orgullo, de no querer perder la maglia rosa. Pero no tenía ningún sentido seguir tirando cuando ya no tenía sentido. Hay que saber cuándo hay que reservar fuerzas, que nunca sobran. Elulálio es ahora el líder y probablemente pueda hacer entre los diez mejores porque ha acumulado mucho tiempo.

El autor es director del Grupo Eulen-Amenabar