pamplona. Le ha traído a Pamplona el ciclo "Dadaísmo y arte conceptual". ¿Qué le evocan esos términos?
Los cambios que se han producido a partir de los años 50, y cómo el arte ya no está tan vinculado con la pintura o la escultura, sino que empieza a hibridarse con otros medios: teatro, música, danza, cine... empieza a perder su concepto de autonomía y su especificidad, y se establece un diálogo. El arte pasa de ser único a ser múltiple, ya no está únicamente hecho por artistas sino en colaboración con músicos, dramaturgos, coreógrafos... Es un arte sinestésico.
Eso ha cambiado la concepción del museo, bueno, hoy se habla más de centro de arte, un espacio donde dialogan diferentes disciplinas...
Exacto. Antes el museo era sólo para albergar cuadros en las paredes y esculturas sobre peanas o en vitrinas. Y gracias a las manifestaciones de arte múltiple, el museo se convierte en un laboratorio donde tienen lugar performances, acciones, donde se proyectan películas, donde hay instalaciones y videoinstalaciones... Se convierte en un laboratorio creativo. No es un mausoleo para almacenar y atesorar, sino una zona relacional donde los artistas entran en contacto directo con los públicos, y el público asume un rol más activo, no de mero contemplador.
¿Y estamos bien preparados para asumir ese papel de público activo?
No, aquí está el problema. El espectador medio no está lo suficientemente preparado para recibir esta nueva oferta de los museos. Y el arte contemporáneo es complejo, yo lo sé por mis alumnos de la universidad, a veces son estudiantes de la facultad de Historia del Arte que saben mucho de arte medieval, de renacimiento, de barroco, pero llegan al arte contemporáneo y no lo entienden, porque requiere un aprendizaje especial, unos códigos muy particulares que no son nada fáciles. Por eso no es extraño que mucha gente piense que el arte contemporáneo no es interesante, o que es directamente malo, o banal; porque no se entiende. Pero cuando das las pistas, las claves, el arte contemporáneo es mucho más gratificante que el arte clásico.
¿Quién debe enseñar esas nuevas pautas que requiere el arte actual?
Ya se encargan de hacerlo los museos, nos encargamos desde la universidad... Y en esta tarea deberíamos estar más unidos la universidad y los museos.
¿Debería ser también una función del crítico de arte?
Sí. Hoy día todo el mundo habla del papel protagonista del comisario de arte, más allá del papel del crítico. El crítico está un poco infravalorado en ese sentido. El comisario es el que organiza la exposición, pero alguien tendrá que explicarla y difundirla, y el crítico es la persona idónea para poner en contacto lo que cuenta el comisario con el público; tendría que asumir un papel más protagonista, tendría que haber más medios de comunicación que hablen de arte, más páginas, y eso parece que o por la crisis o por lo que sea, en vez de abrirse cada vez se va cerrando más.
La cultura siempre sale mal parada...
Sí, es donde más se recorta. Yo lo sé porque escribo para El Cultural de ABC sobre los museos y las salas de arte de Barcelona, y hace tres años venía publicando un promedio de una crítica por semana, tres o cuatro al mes; y desde hace dos años publico una al mes. En Barcelona sigue habiendo exposiciones, pero hay menos páginas para explicar el arte que está sucediendo allí, de manera que no puedo llegar a todo lo que pasa en la ciudad.
Ayer se inauguró Arco. ¿Qué opina de la feria?
Bueno, está cambiando con los tiempos, y los tiempos son tiempos de crisis. Antes era una cita comercial y cultural, e insisto en lo cultural. Hace cinco años, en Arco no se reunían únicamente coleccionistas e instituciones comprando obras, había también ciclos de conferencias, se debatía sobre arte, se invitaba a ponentes internacionales, y la gente iba allí para ver obras de arte y participar en los eventos culturales; para comprar también, algunos pero muy pocos. Hace tres años Arco cada vez apuesta más por lo comercial y deja de un lado lo cultural, quiere convertirse en una pura feria de arte.
No es el mejor sitio para ver arte.
Se ve mucho arte, pero se ve muy disperso. Pero bueno, una feria es una feria. Lo que pasa es que en España parece que todo lo importante en el mundo del arte ocurre en Arco, y tendría que haber otros lugares.
¿Cree que hemos perdido la capacidad de asombro?
No, todo lo contrario. Cuando se pierda la capacidad de asombro se perderá la capacidad de disfrutar el arte, y se trata de que disfrutemos a través del arte. Lo que pasa es que como el arte es hoy más complejo, la gente tiende a pensar que es inaccesible o que le resulta indiferente, porque no penetra en él, no puede, no tiene los medios para hacerlo. El arte clásico, incluso el arte de las vanguardias o de los años 50, entraba por la vista, causaba shock... Hoy día el arte primero entra por la teoría y luego por la vista, y quizá esto ha hecho que mucha gente piense que el arte ya no asombra, pero no es así.
En su libro "Arte e ideología en el País Vasco" abordó una época, la de 1940 a 1980, la de la posguerra, en la que el arte vasco tenía una idiosincrasia muy diferenciadora. ¿Hoy se puede hablar de arte vasco en ese sentido?
No. Entonces eran los años 60, un momento muy importante, con la Escuela Vasca y los grupos que se crearon en las 4 provincias: Gaur, Emen, Orain y Danok, éste en Navarra. Fue un momento de reafirmación de lo autóctono, de lo vernacular, de reivindicar esa especificidad de lo vasco, vinculada incluso con orígenes prehistóricos o cuestiones de etnia... Pero desde los 80, en los 90 y ya en la actualidad, el artista vasco se ha situado en un territorio global, y ha trabajado no tanto en lo vernacular y en las tradiciones sino más bien en buscar un equilibrio entre lo local y lo global. Antes el arte vasco estaba en relación con el madrileño, con el español, y hoy día podríamos hablar de artistas vascos que reivindican su localidad, pero dentro de un contexto internacional.
También ha escrito varias veces sobre Oteiza, ¿qué destacaría de él?
Siempre me llevé muy bien con Oteiza, le tenía muchísimo respeto. He hecho distintas ponencias en congresos internacionales sobre él, y fue un artista que lo que aportó está realmente a la altura de las mejores aportaciones internacionales. Y si hubiera sido americano sería internacionalmente reconocido. Se adelantó a una época, y por los diferentes problemas políticos o artísticos en el País Vasco, no ha tenido la proyección que su arte merece. Ahora es cuando se van acotando las enormes parcelas en las que trabajó Oteiza, que dejó hasta cierto punto un proyecto inacabado, y ahora su Fundación Museo, las becas, las publicaciones, los congresos, etc, están acotando este legado enorme. Porque Oteiza era mucho más que un escultor, podría haber sido arquitecto, cineasta, urbanista, pedagogo...