Antxon Iturriza ESCRITOR

“Si Don Quijote hubiera sido alpinista, se le hubieran ocurrido escaladas impresionantes”

El 23 de febrero fue distinguido en Elda (Alicante) con el Nacional de Literatura Montañera en la Gala de las Artes, las Letras y los Deportes de Montaña

08.02.2020 | 22:49
Antxon Iturriza.

san sebastián - Cuando la montaña es un cuento reúne una veintena de relatos de un Antxon Iturriza con los que el escritor donostiarra ha conquistado el premio Nacional de Literatura Montañera.

Es la primera vez que escribe un libro de cuentos.

-Toda la vida he estado escribiendo sobre lo que había que escribir y tenía ganas de escribir sobre lo que me diera la gana. Siempre he escrito de lo que ha pasado, con la versión literaria que quieras, pero los datos son los datos y los hechos son los hechos. Cuando me metí en la historia del montañismo vasco, no me podía desviar ni un palmo.

Ahora ha echado la imaginación a volar.

-Escribo lo que se me ocurre y me apetece. A veces se te van ocurriendo cosas disparatadas. Es muy divertido. Puedes sacar a volar las alas y no te paran ni el tiempo ni las prisas. Es una gozada. Ha sido una experiencia interesante. No creo que haga un segundo libro pero seguiré publicando cuentos en (la revista) Errimaia. Para el número de junio publicaré otro cuento.

¿Escribir ficción es una vocación tardía?

-Escribo desde siempre pero a veces no te pones tú en los sitios sino en las circunstancias. Yo empecé a hacer información de montaña de manera casual. Había un relevo en la federación de montañismo y había un hueco en La Voz de España en 1976. Jesús Mari Alquézar quería que en ese relevo de directivas escribiera en La Voz de España. No tenía ni máquina de escribir. Llegó el nuevo presidente, Antxon Bandrés, a quien no conocía pero luego fue un gran amigo, y me propuso seguir escribiendo. Así empecé. Yo estaba más metido en la etnología. Pero empecé, luego se cerró La Voz y surgió Egin. Me ofrecieron escribir y, tras cerrar Egin, seguí en Gara. Pero tenía el compromiso con el presidente de la federación de escribir la historia del montañismo vasco. Empecé y se hizo una bola de nieve. Al final estuve diez años escribiendo la historia y se publicaron tres tomos. La tercera y, de momento, última fase es montar un museo del montañismo vasco.

¿Le cuesta más escribir un cuento que otro tipo de historias relacionadas con el montañismo?

-Escribir la historia del montañismo vasco fue muy duro. Primero había que investigar. Tirar de hemeroteca y archivos es durísimo. Es más fácil hacer una crónica semanal en un periódico, es más divertido. En Egin teníamos un cuadernillo de varias páginas pero cuando acababas el de una semana, ya estabas pensando en el de la semana siguiente. Era un agobio constante. Pero hacer una crónica de montaña en un periódico es más sugerente que hacer una de balonmano. El que hace la de balonmano, si no quiere repetirse mucho, no lo tiene fácil. La crónica de montaña de por sí ya es imaginativa. Un cuento es más ligero. Además, lo llevas por donde tú quieres. Yo los voy escribiendo por la calle. Se me ocurre una idea y construyo el edificio sobre la marcha.

No son habituales los cuentos sobre montaña.

-No hay muchos. Hay libros de ficción. La literatura de montaña es de testimonio. Hay gente súper buena que ha hecho experiencias cargadas de pasión, fuerza y vivencias extremas. Eso tiene una carga en sí mismo. No hay que inventar nada. La historia espeluznante y atractiva ya está hecha. Los grandes alpinistas han escrito sus propios relatos. La literatura de montaña está llena de testimonios personales. Si coges una biblioteca de montaña, la mayoría son de grandes personajes que han escrito sobre sus propias vivencias. El montañero suele ser leal con el texto. No hay que echarle mucha sal porque tienen tanta?

En uno de los cuentos relata cómo los alpinistas suben un ochomil ayudados por robots. ¿Lo llegaremos a ver sin que sea un cuento?

-Julio Verne también escribía de cosas muy imaginativas y muchas de ellas se cumplieron. Se puede llegar, aunque suene esperpéntico, a que la técnica nos guíe mucho más que ahora. Los GPS eran inimaginables hace 15 años y ahora todos vamos con uno, con infinidad de rutas metidas. El robot no te va a llevar de la mano, pero te dice gira a la derecha.

En el libro se atreve incluso con Don Quijote, Sancho Panza y el monte.

-Eso sí que fue un divertimento y, además, intentar hacerlo en un castellano antiguo, cervantino. El visionario más clásico siempre ha sido Don Quijote, pero sus fantasías no estaban muy lejos de lo que podría hacer un aventurero actual. Si Don Quijote hubiera sido alpinista, se le hubieran ocurrido escaladas impresionantes. Contrapongo las dos personalidades: la reflexiva y la de Don Quijote, fuera de la realidad. Al final lo que dice Don Quijote es que hay muchas aventuras que podemos todavía vivir pero no voy a ir por donde pasan los pastores y las vacas. Yo soy un caballero y voy a ir por donde no ha subido nadie. Y ese es el fundamento del alpinismo. Todos empezamos por los caminos más sencillos pero luego vamos a los más difíciles. Tiene ese punto de aventurero. Quiere conquistar el castillo, que es una metáfora de la cumbre, del objetivo. Escribiéndolo me lo pasé bien y releyendo El Quijote, también.

¿Ha leído otros libros de cuentos para escribir este?

-Me he basado más en las experiencias mías. Detrás de cada historia hay algo. Por ejemplo, en el cuento de Miriam García Pascual. Fue una persona que me llegó mucho aunque solo estuve una hora y media con ella en toda mi vida. Quedamos para hacer una entrevista pero no pudo venir. Yo tenía que entregar aquella página en blanco y eché mano de la imaginación. Me inventé la entrevista. La titulé Entrevista imaginaria con Miriam García. A ella le maravilló y me escribió una carta. Empezó una relación, un juego literario. Pasó lo que pasó (Miriam García murió en un accidente en el Meru Peak en 1990) y ahora tengo relación cercana con su madre, que tiene una sensibilidad que te desborda. Hace años su madre me dijo que Miriam siempre volvía a casa por Navidad y le traía un regalo. Le dije: Carmen: este año el regalo te lo hago yo. El regalo era un cuento, y así surgió el cuento Vendrás a casa por Navidad.

Los cuentos están acompañados de acuarelas de Jenny Egusquiza.

-Sí. Cuando vivía en Inglaterra Jenny era pintora de vajilla inglesa. Le propuse que leyera los cuentos y, si podía, hiciera las ilustraciones. Ha sido un complemento muy bonito al libro. Era mejor que poner fotos porque los dibujos son más sugerentes. Jenny es la viuda de Javi Egusquiza, Kartajanari, el hombre que más sabía sobre el Himalaya.

el libro

Título. Cuando la montaña es un cuento.

Autor. Antxon Iturriza.

Editorial. Sua Edizioak.

Acuarelas. Jenny Egusquiza.

Páginas. 132.