Se abrochó el serial taurino sanferminero, la Feria del Toro y las Fiestas de San Fermín. Se hizo con la tradicional miurada, que estuvo justa de trapío y que no posibilitó, más por casta que otra cosa, las puestas en escena de la terna de valientes toreros.

No obstante, y eso es tan reseñable como que quizá nunca se haya conseguido en esta plaza y en ninguna otra, que el venezolano Jesús Enrique Colombo acabara triunfando por tercera vez consecutiva en este coso antes toros de la legendaria ganadería sevillana. 

Tres corridas de Miura (2023, 2024 y 2025), sumando un total de siete orejas, dos en esta ocasión, una de cada toro de su lote, Jabato y Luminario. El primero aún se dejó algo; el segundo, fue muy deslucido y Colombo, compadreado con el los aficionados de la solanera, como en los dos años anteriores, se inventó una épica, algo lejos de una épica real, pero con una entrega y facilidad pasmosa, llenando toda la escena. Sus argumentos fueron variados; en especial el dominio absoluto del manejo del acero en la suerte suprema, que no es moco de pavo, ni mucho menos. Tres años, tres corridas de Miura, seis miura, seis estocadas en lo alto y siete trofeos. Un cañón Colombo con la tizona, que es lo más importante y lo que más se aprecia en todas partes. Muy buenas facultades físicas que se vieron con claridad, superando en hasta cuatro tercios de banderillas a Manuel Escribano. Actitud, seguridad en sí mismo y conocedor, a pesar de su juventud y como nadie, la idiosincrasia de la parroquia pamplonesa.

Ante su primero, Jabato, un toro degollado de papada, altón, largo, poco enmorrillado, como habitúa el tipo de Zaharique, supo medio acoplarse porque el toro lo permitió. Medios muletazos y salidas airosas. La estocada cayó algo desprendida, pero con rápida letalidad. Desde ese momento se supo, por experiencia y recursos del torero venezolano, que la puerta grande la tenía mucho más que medio abierta. Así fue. Sin error en las apuestas. Un triple fijo en la quiniela. Así fue, aunque el toro que cerraba todo, Luminario, no aportó nada de colaboración para que el torero montara un bien controlado espectáculo. No importó, porque volvió a mostrar su admirable capacidad de conectar, indisimuladamente, con los tendidos de sol. Boina verde Pamplona arrojada del tendido, garapullos alegres y, entre otros muchos recursos, molinetes encadenados de rodillas. Ninguna posibilidad, más por la falta de recorrido del toro, de cuajar una tanda en condiciones. La apuesta tenía la garantía de la efectividad con la espada del torero. Así, fue, al hilo de las tablas del tendido 7, dejó una estocada en lo alto de la que salió rodado Luminario. Castaño se justificó, pero el faltó capacidad.

LOS TOROS

Miura. Seis toros sólo correctos de presentación tras algún baile de corrales en el Gas. En tipo, sin exageraciones, cumplidores, aunque sin excesivo brillo en el primer tercio y sosos. Sin buen recorrido en la muleta. El mejor fue el tercero, y el peor, el segundo, primero del lote de Castaño. El sexto tampoco colaboró, pero Colombo se inventó cara a la solanera una faena.

LOS TOREROS

Manuel Escribano. (De lila o Chenel y oro). En el segundo, saludos con ovación tras aviso. Y en el cuarto, saludos con ovación tras aviso.  

Damián Castaño. (De blanco y plata). Debutaba en Pamplona. En el segundo, saludos con ovación. Y en el cuarto, saludos con ovación.  

Colombo. (De tabaco y oro). En el tercero, oreja. En el sexto, oreja y fuerte petición de la segunda. 

LAS GRADAS

Presidencia. Muy correcta, desatendiendo la petición de la segunda oreja del sexto toro, a cargo de Marina Curiel García, asesorada por Ángel Erro Irigoyen (artístico) y Pedro Oteiza Orradre (veterinario). Se agradece el que con su rigor no se convierta la Monumental de Pamplona en una plaza de talanqueras

Ambiente. Lleno técnico, con muy pocas entradas sobrantes en taquilla. Tarde calurosa. Buen ambiente y despedida de las Peñas en el ruedo como preludio del Pobre de Mí que abrocha la Feria del Toro y las Fiestas de San Fermín.