BBk Live | Primera jornada

Liam Gallagher, estrella del rock’n’roll

El excantante de oasis concentró a más de 38.000 fans en el primer día del festival a la espera de thom yorke, triunfaron vetusta morla, n. frahm y sleafords mods

09.02.2020 | 19:33
Liam Gallagher fue la gran estrella en el primer día del BBK Live.Foto: Borja Guerrero

El excantante de oasis concentró a más de 38.000 fans en el primer día del festival

bilbao - Liam Gallagher, tan chulesco como siempre, se paseó por el escenario de Kobetamendi y cantó anoche como una auténtica estrella del rock'n'roll en la primera jornada del XIV Bilbao BBK Live. Hizo explotar el festival, y a más de 38.000 seguidores, con su rock ruidoso y melódico, de referencias clásicas, y especialmente con el saqueo de su antiguo grupo, Oasis, con éxitos como Rock'n'Roll star y Wonderwall. Al cierre de esta edición se esperaba con ansia a Thom Yorke para culminar una velada en la que se lucieron Vetusta Morla y el músico electrónico Nils Frahm.

La sombra de Oasis es muy alargada. Y bien lo sabe Liam Gallagher, su egocéntrico cantante, que no puede (ni quiere) desprenderse de su legado una larga década después de su separación. Así, entre un presente plausible y un pasado heroico, se presentó el mancuniano anoche en su segunda visita a Kobetamendi tras debutar en el festival al frente de su grupo de entonces, Beady Eye.

En 2011 actuó con luz solar, no así anoche, ya elevado a cabeza de cartel, en la escaleta de las estrellas. Especialmente los guiris (cada vez más) recibieron el instrumental Fuckin' in the bushes con un rugido tras un guiño futbolero a la Premier de su City. "Diversión, vida, juventud, maravilloso", incluye el tema en su final. ¿Qué mejor definición para un festival y un concierto de rock? Sí, de rock. Y por si había algún despistado, el lema 'Rock'n'roll', en letras negras sobre un fondo blanco, presidía el centro del escenario y aclaraba cualquier posible duda.

Con el grupo cogiendo sus instrumentos Liam se presentó, arrogante, con una parka multicolor y, como siempre, con sus manos a la espalda, inició la misa eléctrica con el enjambre de decibelios del mítico Rock'n'roll star de Oasis. Más chulo que un ocho entonó aquello de "esta noche soy una estrella del rock... no hay salida fácil". Bien lo sabe él, incluso fuera del escenario. La tonada histórica la encadenó con Morning glory, citando a The Beatles y la psicodelia en otro tema de los inicios de su antigua banda.

Anoche, lo de Liam fue lo de siempre: innovación cero y referencias muy evidentes, de Lennon a The Who, pasando por los Stones y T. Rex, aunque... ¿quién puede resistirse cuando más de la mitad de su concierto rescata algunos de los mejores pasajes de Oasis? Él también reivindica, orgulloso, su presente, como evidenció después con el muro de sonido de Wall of glass, con maracas, armónica y coros gospel, uno de los mejores temas de su único disco en solitario, que encadenó con las guitarras glam y el buen estribillo de Greedy soul y con la acústica For what it's worth, su Don't look back in anger particular, en la que se mostró justo de voz.

Tiró de actualidad como si se sintiera culpable antes de rescatar Columbia y Roll with it, trofeos de Oasis que sonaron sin alardes (exceptuando sus magníficos visuales) a cargo de un quinteto cumplidor con dos guitarras. Y Liam quiso reivindicar no solo su presente, sino también su futuro. En la caja de la batería se podría leer el título de su próximo disco, Why me? Why not?, que se editará el 20 de septiembre, y el vocalista adelantó su primer single, el fogoso y pesado Shockwave, reconocido por el público.

A la hora de cerrar esta edición, los fans (una fusión informe, satisfecha y sudorosa formada por dos generaciones, cuando menos) esperaba otro estreno, el de la glam The river, y un acelerón final sobre seguro con éxitos de Oasis como Cigarettes & alcohol y Wonderwall.

pop y electrónica Antes de Liam, el baño de multitudes fue para Vetusta Morla, el grupo indie del último lustro en la escena estatal. A pesar de contar con unas letras que huyen de lo banal, los madrileños volvieron a salirse en Kobetamendi desde el inicial Deséame suerte, con sus sonidos plácidos. Antes de que sonara la rítmica Palmeras en la Mancha se vio que no la necesitarían (suerte, me refiero).

En su coreado y entregado repaso a su trayectoria hubo momentos cumbre como Copenhague, donde la gente "se dejó llevar" y cantó tanto como Pucho, y espacio para un repertorio que alternó la urgencia rítmica (con más guitarras y bases electrónicas que nunca) de Valiente, El hombre del saco, ya con el jolgorio convertido en mayúsculo, y de Mapas (con su vocalista, Pucho, entre el público), con momentos para el disfrute tranquilo con Consejo de sabios y Maldita dulzura.

electrónica y punk Justo después de los madrileños nos tuvimos que repartir entre los escenarios Bestean y el Gora!, ya que, a las 22.00 horas, coincidían dos de las propuestas más atractivas de la velada: el alemán Nils Frahm y el dúo británico Sleafords Mods. Nos quedamos a medias en ambos casos pero sí comprobamos que la electrónica ambiental, evocadora y de tintes plásticos del músico alemán resiste en directo aunque no sea la mejor propuesta para el horario y el emplazamiento festivalero elegidos.

Frahm, con boina y rodeado de cachivaches (piano, sintetizadores, cajas de ritmos...), ofreció un arranque de concierto con Moogs que nos recordaron a Brian Eno, entre la electrónica actual, la música clásica y el ambient, con largas piezas instrumentales, teclados que emulaban a bajos percutivos, pianos desnudos y un repertorio que osciló entre el clasicismo de My friend the forest al amago bailable de Sunson.

Por su parte, el dúo Sleafords Mods reventó su escenario. Se lo comió. Llegamos bien empezado su bolo pero observamos el impacto que provoca bajo el escenario la fiereza física del dúo. Jason Williamson, un tipo en las antípodas del estatus de estrella de Liam Gallagher y alineado claramente con la clase trabajadora de su país, se tragó el micrófono gritando y rapeando mensajes contra el poder, a quien culpa del fracaso, el alcoholismo y la desigualdad existente entre la juventud británica.

Y lo hizo, en dardos como B.H.S., Jolly fucker y Tied up in nottz, apoyado en las programaciones de Andrew Fean. Entre el hip hop y el after-punk, y con una entrega militante y sincera. Y si hablamos de sinceridad, ahí estuvo, a media tarde, otro artista confesional: John Grant. El exlíder de The Czars, que exorciza su angustia en sus letras, dividió su concierto entre su presente, un pop claramente electrónico en temas como Tempest, con su lírico y emocionante pasado acústico, el de gemas como Queen of Denmark o GMG.