Música

Sonora inauguración

10.02.2020 | 01:59

Semana de Música Antigua de Estella

Fecha: 1 de septiembre de 2019. Lugar: Iglesia de San Miguel. Intérprete: Antonio Baciero, piano. Programa: obras de Cabanilles, Muneta, Böhm, Buxtehude, Sweelinck, Reincken, J.S. Bach, y C.Fh.E. Bach. Público: media entrada (gratis). Fecha: 1 de septiembre de 2019. Lugar: Iglesia de Santa Clara. Intérpretes: Raquel Andueza y La Galanía. Pablo Prieto, violín. Manuel Vilas, arpa. J. F. Baena, tiorba. Programa: Obras de Monteverdi, Cavalli, Anglesi y anónimos del XVII. Público: lleno (12 euros, 6 carné joven). Semana Música Antigua de Estella.

la cincuentenaria Semana de Música Antigua de Estella ha tenido una sonora inauguración, y no solo por el bandeo de las campanas de la ciudad, sino también, y sobre todo, porque ha querido la organización comenzar con dos conciertos a modo de recopilación de lo que han sido estos cincuenta años; a saber: los inicios, encarnados en Antonio Baciero, testigo formidable de aquellos años de gestación del movimiento musical -y cultural, en general-, en torno a don F. Remacha, H. Anglés, A. Sagaseta, J. Mª. Llorens, Paco Berruete, los medievalistas, la gloriosa Institución Príncipe de Viana -entonces pionera en España-, etc; y las consecuencias y descubrimientos musicales, con todo el movimiento historicista de la interpretación incluida, encarnados en Raquel Andueza, hoy referente del estilo de esta música, y a la que hemos visto subir de espectadora, a los mejores escenarios de los festivales europeos. Una vez más hay que recordar la extraordinaria visión de futuro de Remacha; el autobús gratuito desde la sede del conservatorio, -(algo innovador, entonces, para la difusión)- el incluir a la música en los estudios y conferencias medievales? Y, también, debemos recordar a todos los que la han ido mejorando con detalles como los cojines de los penitenciales bancos de San Miguel, la compra de un estupendo clavecín, o la movilidad de las sedes, que, en Estella, y alrededores, siempre depara lugares hermosos.

El concierto de Antonio Baciero fue, un recorrido, con piano, por la investigación y descubrimiento de compositores desconocidos. El octogenario Baciero está en una forma extraordinaria. Sencillamente nos deslumbró con la Sonata y Fuga en Re de Sebastián de Albero, una cumbre sonora de empaque bachiano, que eleva al oyente a ese estado de plenitud, que se deriva de la apabullante interpretación, tanto por virtuosismo como por resultado anímico. Por señalar otro momento cumbre -por el descubrimiento que supone-, la Sonata en Do Mayor de Julián Prieto sonó mozartiana, especialmente placentera en su andante, y suelta y luminosa en el rondó. Y, también, por seguir con sorpresas desconocidas, la Mazurca de Guelbenzu nos trasporta al mundo chopiniano, desde aquella convulsa España del XIX. Para terminar, Baciero interpreta la Sonatina de Remacha: una preciosa destilación de temas arcaizantes, que toman vida propia en atmósferas etéreas, y, a la vez, en sólidas sonoridades. De propina repitió la fuga: grandiosa.

De Raquel Andueza hay que volver a decir que nadie frasea, conecta con el público, interpreta -en el más alto sentido de la palabra- como ella la música de ese período prebarroco que, efectivamente, tiene preciosas canciones, pero que todavía no ofrecen el impacto de las vocalizaciones y agilidades de las grandes arias de bravura barrocas. Andueza convoca tan lisa y llanamente, tan cordialmente la emoción del espectador que, con su clara dicción, su fluidez y su discreta teatralidad, llegan los contenidos de los textos hasta el alma del oyente. A mi juicio, Raquel, comienza con una voz un punto velada, -o algo distinta- pero enseguida nos metemos en su sonoridad, y lo que nos interesa es, ya, la narración -totalmente amatoria, o desamatoria- del concierto. Comparte escenario con un grupo extraordinario que la mima en cuestión de volumen y acompañamiento: la tiorba marca el ritmo, los tempi, la pulsación de todos; el arpa incide, amplifica y adorna lo planteado por la tiorba; la percusión, redonda y prudente siempre, profundiza en el ritmo; y el violín, con incursiones, a solo, magistrales, aporta la extraordinaria brillantez que traerá el barroco. Dos propinas y calurosos aplausos.