Música

Comunión perfecta

10.02.2020 | 03:37

Todavía nos resonaban en los oídos las últimas notas del Flamenco On Fire y del Pim Pam Ville cuando dio comienzo otro festival, en este caso dedicado a la música negra. El Beltza Weekend de este año comenzó en la Media Luna con la actuación de Las Kasettes. Durante todo el fin de semana se celebrarán diversos actos por toda la ciudad, tales como presentaciones de libros, fiestas con pinchadiscos, coloquios, proyecciones de películas y, sobre todo, conciertos. El grueso de las actuaciones en directo tuvo lugar en Zentral las noches del viernes y sábado, aunque también hubo otra en el Caballo Blanco el sábado al mediodía. Pero no adelantemos acontecimientos, que en estas líneas vamos a hablar de la noche del viernes.

Había doble cartel, con Aretha Soul Divas and The Silverblacks y Roy Ellis. Comenzó el tributo a la reina del soul con exquisita puntualidad (lo que hizo que los más rezagados tuvieran que escuchar el arranque del show haciendo cola para entrar en la sala). La banda estaba formada por guitarra, bajo, batería, teclados, dos metales y cuatro cantantes femeninas que se iban turnando la voz principal de los temas (interpretaba una canción cada una mientras las otras tres hacían coros). Dijeron que iban a intentar hacer las canciones que todos conocíamos, los viejos éxitos de Aretha, y así fue desde el inicio con cortes como Respect, Chain of fools, trufada de metales y con el público cada vez más suelto, o Rocksteady, más grasienta y bluesera. No podía faltar Natural woman, que sonó más lenta, más soul, casi espiritual. Llegando al final, un medley escorado hacia el funk, con las cuatro vocalistas cantando juntas en el centro del escenario. El final con Save me resultó absolutamente incendiario, con la banda tocando a bloque y muy acelerada, las cuatro cantantes bailando y el público totalmente entregado. Les pidieron más y respondieron con otro himno, I say a little prayer, antes de la última y definitiva bomba final, Think.

El ambiente estaba de lo más caldeado para recibir a Roy Ellis, que llegaba con los Mighty Megatons. Tras una introducción de cuatro canciones a cargo de la banda, la leyenda jamaicana hizo su aparición perfectamente maqueada (traje púrpura, sombrero, chaleco, corbata y botas a juego). En contraste con su atuendo, mucho público lucía estética skin, y es que este artista, que comenzó cantando gospel cuando era niño es el mismo que firmó Skinhead Moon Stomp en 1969, cuando todavía militaba en Symarip, toda una referencia dentro de esta escena. Y en esa fecha comenzó un recorrido musical en el que este gurú guió a la sala por medio siglo de reggae, ska y northern soul. Entre las viejas e inexcusables, Must catch a train o Stay with him. Entre las más recientes, Skinhead dem a come o Come on and dance with me, con Roy cantando desde las primeras filas. Al final, fue el público el que subió al escenario sellando una comunión perfecta entre artista y seguidores.